Biografía del noble Profeta Muhammad (Salallahu alehi wa salam)
Por: Safi-ur-Rahman Al-Mubarakfuri
El corazón de todo
musulmán se encuentra lleno de amor por el Profeta Muhammad
.
Él fue enviado por Allâh
para educar a la humanidad y por ello que es que los musulmanes siguen sus
enseñanzas en todos los asuntos de sus vidas. El amor por el Profeta Muhammad
es
una prueba para nuestra fe, dice Allâh
en el Corán:
(Di: Si amáis a Allâh, seguidme que Allâh os amará y perdonará vuestras faltas.) (3:31)
Es decir que amar al
Profeta
es
parte integrante de la fe en Allâh,
así como un Hadiz nos enuncia:
“Ninguno de vosotros ha de completar su fe, hasta que yo sea más amado para él que su padre, su hijo y el resto de la humanidad”.
En las primeras
etapas del Islam, numerosos libros fueron escritos describiendo la vida del
Profeta Muhammad
.
El mismo Corán enuncia que su persona es un ejemplo digno de seguirse:
(Tienes un carácter magnánimo.) (68:4)
Alguien preguntó a su esposa ‘Aishah acerca de su carácter, y ella respondió: “¿Acaso no lees el Corán? Su caracter en sí es la explicación del Corán”.
Es decir que todas
las enseñanzas del Corán fueron implementadas por el Profeta Muhammad
en
su vida cotidiana. En otras palabras, es el ejemplo viviente de cómo poner en
práctica las enseñanzas divinas que comprende el libro de Allâh.
Historiadores y
sabios del Hadiz han investigado su vida desde toda faceta, desde su nacimiento
hasta el día de su muerte. Cada evento, cada simple situación de su vida fue
registrada y estudiada. Sin embargo ninguno de estos historiadores reclamó haber
registrado todas las circunstancias y eventos relacionados a su vida. Escribir
sobre la vida de nuestro amado Profeta
es
una costumbre que la nación islámica jamás abandonará.
Sin dudas, este
libro, "El Néctar Sellado", es una investigación de gran valor que nos describe
sublimes momentos de la vida del último profeta
en
ser enviado a la humanidad. Este libro, escrito por el sabio Safi-ur-Rahmân
Al-Mubârakfûri, quien hiciera sus estudios en la Universidad Salafiah de Banaras,
India.
En el año 1976, se
organizó la Primera Conferencia Mundial sobre la Biografía del Profeta
,
en Pakistán. La Liga islámica Mundial anunció un concurso de obras biográficas
sobre la vida del Profeta, anunciándose un premio de 40.000 dólares para el
ganador. Compitieron 171 manuscritos enviados de todas partes del mundo. 84
manuscritos estaban en idioma árabe, 64 en Urdu, 21 en inglés, uno en Francés y
uno en Hausa.
El jurado compuesto por numerosos sabios en diferentes especialidades, emitió su dictamen: "El Néctar Sellado" obtenía el primer premio, por varias razones, entre ellas la utilización de narraciones auténticas exclusivamente fue la más relevante.
El libro fue publicado por Dasussalam en árabe, inglés, francés y ahora en español, esperando que su contenido sea de beneficio para la humanidad.
Agradecemos a todos los miembros de Darussalam que trabajaron arduamente para la presentación de este libro.
Abdul Malik Mujahid
Director general de Darussalam Publications
Safi-ur-Rahmân , Abu Hishâm, Al-Mubarakpuri, nació en el año 1942 en la localidad de Husainabad, en una provincia al norte de la India.
Estudió el Corán desde su mas tierna infancia de manos de su abuelo y su tío, siendo aceptado en el Instituto (Madrasa) Arabia Dar ut Talim, iniciando sus estudios islámicos en idioma árabe y persa.
En Junio de 1954 fue aceptado en el Instituto Dar ihia al Ulum para acrecentar sus conocimientos en la literatura árabe. Dos años más tarde, ingresó al instituto Faid Aam para realizar estudios superiores.
En el año 1959 recibió su primer título en ciencias islámicas, el Mauluvi, y mas tarde en 1960 recibiría el nombre de ‘Alim (sabio).
Luego de completar sus estudios, inició su enseñanza en el año 1963 en el instituto Faid Aam, luego en febrero de 1966 fue transferido al instituto Dar Al Hadiz. En el año 1969, fue nombrado director del instituto Faidul Ulum. Tras cuatro años, fue solicitado desde su escuela natal, Dar-ut-Ta’lim para que la dirija, donde tras dos años fue invitado a enseñar en la Universidad Salafiah de Banaras.
En el año 1988 fue inaugurado un instituto de estudios sobre la vida del Profeta r en la ciudad de Medina, Arabia Saudí. Fue seleccionado para realizar diversas tareas en dicho instituto, donde trabaja hasta el día de hoy.
Escribió numerosos libros desde su temprana vida académica, en idiomas árabe y Urdu. En el año 1980 fue nombrado director de la revista “Muhaddiz” hasta el año 1988 en que se adhirió al staff del instituto que hemos mencionado anteriormente.
Ubicación geográfica y naturaleza de las Tribus Árabes
Más allá de toda duda, la biografía del Profeta
Muhammad
representa una personificación del sublime Mensaje Divino que él
comunicó a la humanidad para librarla del pantano oscuro del politeísmo hacia la
luz del monoteísmo. Una imagen, auténtica y comprensiva, de este Mensaje es
factible a través del estudio cuidadoso y del análisis profundo de su biografía.
Inicialmente introduciremos un capítulo sobre la naturaleza y el desarrollo de
las tribus árabes anteriores al Islam así como el ambiente y el contexto que
envuelve la misión del Profeta
.
La ubicación geográfica de los árabes
Lingüísticamente, la palabra "árabe" significa tierra desértica y árida sin agua ni vegetación. Desde los albores de la historia, este término se ha usado para la Península arábiga y sus personas.
La Península arábiga se encuentra delimitada al oeste por el Mar Rojo y la península del Sinaí, al este por el Golfo arábigo ( El Golfo Pérsico), al sur por el Mar árabe que es una extensión del Océano Índico y al norte por Siria e Irak. La superficie que ocupa esta área se estima entre un millón y un millón trescientas mil millas cuadradas.
Gracias a su posición geográfica, la península ha mantenido siempre un sitial de gran importancia. Su zona media es mayoritariamente desértica y arenosa por lo que resultó inaccesible a extranjeros e invasores, y ha permitido a sus habitantes completa libertad e independencia a través de los tiempos, a pesar de la presencia de dos grandes imperios como vecinos.
Sus fronteras, en contraposición, fueron el centro del viejo mundo y sirvieron de eslabón para la vinculación terrestre y marítima de la mayoría de las naciones del momento. Gracias a esta posición estratégica la Península arábiga supo ser un centro de intercambio comercial, artístico, religioso y cultural.
Las Tribus árabes
Los árabes han sido divididos, según el linaje, en tres categorías:
1. Árabes extintos: Son los pueblos árabes más antiguos, cuya historia es poco conocida, quienes pertenecían a ‘Ad, Zamûd, Tasam, Yadîs, Imlâq, y otros.
2. Árabes puros: descendientes de Ya'rub ibn Iashÿub ibn Qahtân. Conocidos también como árabes de Qahtân.[1][1]
3.
Árabes arabizados: descendientes del Profeta Ismael
.
También fueron llamados árabes de ‘Adnân.
Los árabes puros, pertenecientes a la tribu de Qahtân, eran oriundos del Yemen y conformaban numerosas tribus, dos de las cuales eran sumamente conocidas:
La primera era Himîar, cuyos antepasados eran Zaid Al-Yamhûr, Quda‘a y Sakâsik.
La segunda era Kahlân, cuyos más famosos antepasados eran Hamdân, Anmâr, Tai, Mudhhiÿ, Kinda, Lajm, Yudhâm, Azd, Aus, Jazraÿ y los descendientes de Yafna [reyes de la antigua Siria].
Las tribus de Kahlân emigraron del Yemen para habitar en distintas partes de la península arábiga antes de la gran inundación.
Hicieron esto debido al fracaso del comercio bajo la influencia y dominio romano de las rutas mercantes marítimas y terrestres causados por la ocupación romana de Egipto y Siria.
Como es natural, la rivalidad entre Kahlân y Himîar determinó el éxodo de los primeros y la permanencia de los segundos en Yemen.
Las tribus emigrantes de Kahlân pueden ser divididas en cuatro grupos:
1. Al-Azd: bajo el liderazgo de ‘Imrân bin ‘Amr Muzaîqibâ’ recorrieron y exploraron el Yemen y finalmente se dirigieron rumbo al norte y al este. Los detalles de su éxodo pueden resumirse de la siguiente manera:
Za‘labah bin ‘Amr dejó su tribu Al-Azd en el Hiÿâz y se asentó entre Za‘labiah y Dhi Qar. Cuando consiguió cierto poder se dirigió a Medina, lugar en el cual se estableció. A su descendencia pertenecen las tribus de Aus y Jazraÿ.
Hâriza bin ‘Amr, conocido como Juza‘a deambuló con su tribu por el Hiÿâz hasta llegar a Marr Az-Zahrân. Posteriormente conquistaron el recinto sagrado (Al Haram) y se establecieron en La Meca después de haber echado a la tribu de Yurhum.
‘Imrân bin ‘Amr y su familia se dirigieron a Omán, donde establecieron la tribu de Azd, cuyos descendientes habitaron Tihâmah y fueron conocidos como Azd de Shanu’ah.
Yafnah bin ‘Amr y su familia se dirigieron a Siria donde se asentaron e iniciaron el reino Ghassanida, llamado así en honor a una fuente de agua, en el Hiÿâz, donde se detuvieron durante su travesía a Siria
2. Lajm y Yudhâm: De quienes proviene Nasr bin Rabi’a, fundador de la dinastía de los Manâdhirah, reyes de Hîrah.
3. Banu Tai: Quienes también emigraron rumbo al norte para asentarse en las montañas llamadas Aÿa y Salma, que fueron luego nombradas como montañas de Tai.
4. Kindah: Habitaron Bahrein pero fueron expulsados a Hadramaut. Como tampoco allí consiguieron poder, al igual que en Bahrein, se establecieron en Naÿd. En donde tuvieron un importante gobierno aunque breve, ya que la tribu se dispersó.
Otra tribu de Himîar, conocida como Quda‘ah, también abandonó el Yemen y habitó el desierto de Samauah, en las fronteras iraquíes.
Los árabes arabizados se remontan en su genealogía, a su gran abuelo Ibrâhîm
(Abraham)
,
de un pueblo llamado “Ur” cerca de Kufa (Caldea), en la ribera occidental del
Éufrates, en Irak. Las excavaciones arqueológicas brindaron importantes detalles
de la ciudad, de la familia de Ibrâhîm, de las religiones predominantes y de la
vida social.
Es sabido que Ibrâhîm
abandonó
Ur por Harân y después marchó hacia Palestina donde estableció la sede
de su Mensaje, y la recorrió en su totalidad durante su misión. Cuando viajó a
Egipto, el Faraón intentó dañar a su esposa Sara, pero Allâh
la
rescató y el perverso plan del Faraón se volvió contra él. De esta manera
comprendió que ella tenía una fuerte vinculación con Allâh
,
y en reconocimiento a este don, el Faraón le entregó a su hija Hâÿar
[2][2]
para que este al servicio de Sara. Sin embargo, Sara liberó a Hâÿar y la casó
con Ibrâhîm
.[[3][3]]
Ibrâhîm
retornó
a Palestina, donde Hâÿar dio a luz a Ismael
.
Sara sintió tantos celos de Hâÿar, que solicitó a Ibrâhîm
que
enviara a Hâÿar con su bebé a un valle sin vegetación, sobre una pequeña colina
del Hiÿâz cerca de donde hoy se encuentra la Casa Sagrada (La Ka'bah).
Ibrâhîm
eligió
para ambos un lugar bajo un árbol altísimo sobre el pozo de Zamzam,
cerca del lado superior de la actual posición de la Mezquita de Makkah
(La Meca), donde no habitaba gente ni se divisaba agua. Luego regresó a
Palestina dejando una bolsa de cuero con dátiles y una vasija con agua para su
esposa y su bebé. No pasó mucho tiempo hasta que se agotaron las provisiones, y
gracias a la merced de Allâh
el
agua brotó para sustentarlos por algún tiempo. La historia completa de la fuente
de Zamzam es bien conocida para todos.
[4][4]
La tribu yemenita de Yurhum pasó por el lugar y se asentó en La Meca con el
permiso de Hâÿar, después de haber vivido en los valles que rodean la La Meca.
Se menciona en Sahih Al Bujâri que ésta tribu llegó
a La Meca antes de que Ismael
fuese
un hombre joven.[5][5]
Ibrâhîm
solía
visitar La Meca desde aquel entonces para ver a su esposa y a su hijo. La
cantidad de veces que realizó estos viajes es aún desconocida, pero fuentes
históricas confiables mencionan que estas fueron cuatro.
Allâh
confirmó
en el noble Corán que Él hizo ver a Ibrâhîm
,
en un sueño, que sacrificaba a su hijo Ismael
:
(Y cuando ambos lo habían aceptado con sumisión, lo tumbó boca abajo. Le gritamos: Ibrâhîm. Ya has confirmado la visión que tuviste. Realmente así es como recompensamos a los bienhechores. Esta es de verdad la prueba evidente. Y lo rescatamos poniendo en su lugar una magnífica ofrenda (un cordero)) [37:103-107]
Se menciona en el Génesis que Ismael
nació
13 años antes que su hermano Isaac (Ishâq)
.
La secuencia en la historia del sacrificio de Ismael
muestra
que el suceso tuvo lugar antes del nacimiento de Isaac
,
y que la promesa de Allâh
de
darle otro hijo a Ibrâhîm
[Isaacu]
fue posterior a esta historia.[6][6]
Esta narración menciona al menos un viaje antes de que Ismael
alcanzara
la pubertad. Al Bujâri
[7][7],
registró, de boca de Ibn ‘Abbâs, la mención de otros tres viajes; un resumen de
ellos es el siguiente:
Cuando Ismael
alcanzó
la juventud aprendió el idioma árabe de la tribu de Yurhum, que lo acogió entre
sus miembros y le concedieron en matrimonio una mujer de su tribu. Al tiempo
murió su madre. Deseando ver nuevamente a su hijo y esposa, Ibrâhîm
se
dirigió a La Meca, llegando luego del casamiento de Ismael
,
pero no lo encontró en casa. Preguntó a la esposa de Ismael
por
su marido y cómo era su situación. Ella se quejó de la pobreza, entonces él le
pidió que dijera a Ismael
que
cambiara el umbral de su puerta. Ismael
comprendió
el mensaje de su padre y se divorció de su esposa. Luego se casó con otra mujer
de la tribu. Las narraciones cuentan que se casó con la hija de Mudâd
ibn 'Amr, jefe de la tribu de Yurhum.
Una vez más, Ibrâhîm
fue
a visitar a su hijo
y,
nuevamente, no lo encontró en su casa. Le preguntó a su nueva esposa lo mismo
que a la anterior, pero ella respondió agradeciendo y alabando a Allâh
por
su situación. Ibrâhîm
le
solicitó que dijera a Ismael
que
mantuviera el umbral de su puerta (o sea, que la mantenga como esposa) y
regresó a Palestina.
La tercera vez que Ibrâhîm
llegó
a La Meca encontró a Ismael
afilando
una flecha bajo un árbol altísimo cerca de Zamzam. El
encuentro después de un prolongado período de separación, fue muy enternecedor
entre un padre afectuoso y un hijo obediente y virtuoso. Esta vez, padre e hijo
construyeron la Ka'bah y levantaron sus pilares; luego Ibrâhîm
,
obedeciendo las ordenes de Allâh
,
llamó a la gente para que peregrinen a ella.
Por la gracia de Allâh
Ismael
tuvo
doce hijos junto a su esposa, cuyos nombres fueron Nâbet, Qidar, Edbael,
Mebsham, Mishma’, Duma, Misha, Hudud, Iatma, Iatûr,
Nafis y Qidman, quienes formaron doce tribus que habitaron La Meca y
comerciaban entre Yemen, Siria y Egipto. Más tarde, estas tribus se expandieron
dentro y fuera de la península. Se ha perdido el rastro de estas tribus a
excepción de Nâbet y Qidar.
Los Nabateos (hijos de Nâbet) establecieron una floreciente civilización al norte del Hiÿâz. Implementaron un poderoso gobierno que se expandió y dominó a todas las tribus vecinas, e hicieron de Petra su capital. Nadie se atrevía a desafiar su autoridad hasta que los romanos llegaron y acabaron con su reino. Un grupo de investigadores llegó a la conclusión de que los reyes gassanidas, junto con los de Aus y Jazraÿ no pertenecían a los árabes de Qahtân sino que eran descendientes de Nâbet el hijo de Ismael. Al Bujâri concuerda con esta opinión, mientras que Al Hâfidh Ibn Haÿar opinaba que Qahtân era descendiente de Nâbet.[8][8]
Los descendientes de Qidar, el segundo hijo de Ismael, vivieron mucho tiempo en
La Meca incrementando su número, de ellos se destacan Adnân y su hijo Ma’ad, del
cual los árabes adnanitas remontan su ascendencia. Adnán es el vigésimo primer
abuelo de la cadena de antecesores del Profeta
.
Se decía que en toda ocasión que el Profeta Muhammad
,
hacía referencia a su linaje, siempre lo hacía deteniéndose en Adnán, diciendo:
“Los genealogistas mienten”, y no iba más allá de éste
[9][9].
Un grupo de eruditos, sin embargo, ha creído en la posibilidad de que podría
remontarse más allá de Adnán, sin tomar al mencionado Hadiz como
auténtico. Declarando que había exactamente cuarenta ascendientes entre Adnán e
Ibrâhîm
.
[10][10]
Nizâr, el único hijo de Ma’ad, tuvo cuatro hijos que originaron cuatro grandes tribus; Iâd, Anmâr, Rabi’ah y Mudar. Estas dos últimas subdivididas en varias tribus. Rabi’ah antecedió a Asad, Anazah, Abdul Qais, y dos hijos de Ua’il (Bakr y Taglíb), Hanîfah y muchos otros.
Las tribus de Mudar se ramificaron en dos grandes grupos: Qais 'Ailan bin Mudar y los clanes de Elías ibn Mudar. De Qais 'Ailan fueron los Banu Salîm, Banu Hauâzin y Banu Gatafán, que, a su vez, su descendencia fue 'Abs, Dhubián, Ashÿa' y Gâní bin A’sur. De Elías ibn Mudar descendían Tamîm ibn Murra, Hudhail ibn Mudrika, Banu Asad ibn Juzaimah y los clanes de Kinânah ibn Juzaimah, del cual desciende Quraish, a través de Fahr ibn Malik ibn An-Nadr ibn Kinânah.
Quraish se ramificó en varias tribus, las más famosas fueron Yumah, Sahm, 'Adi Majzûm, Taim, Zahra y las tribus de Qusai ibn Kilâb formadas por Abduddar ibn Qusai, Asad ibn Abdul'uzza ibn Qusai y Abdmanâf ibn Qusai.
Había cuatro divisiones de la tribu de ‘Abdmanâf: ‘Abdu Shams, Naufal, Muttalib
y Hâshim. Sin embargo Allâh
eligió de la familia de Hâshim al Profeta Muhammad
ibn
'Abdullah ibn Abdulmuttalib ibn Hâshim.
El Profeta Muhammad
dijo:
“Allâh eligió a Ismael de entre los hijos de Ibrâhîm; a Kinânah de entre los hijos de Ismael; a Quraish de entre los hijos de Kinânah; a Hâshim de entre los hijos de Quraish y me eligió de entre los hijos de Hâshim.” [11][11]
'Abbâs ibn ‘Abdulmuttalib mencionó que el Mensajero de Allâh
dijo:
“Allâh creó a la humanidad y me hizo el mejor de ella. Eligió las tribus y me escogió de entre las mejores de ellas. Eligió familias para que pertenezca a la mejor de ellas. Soy la mejor persona perteneciente a la mejor familia.” [12][12]
Habiendo incrementado su número, los hijos de Adnán se expandieron por varias regiones de Arabia en busca de lugares fértiles y con presencia de agua.
La tribu de ‘Abdul Qais, junto con algunas tribus de Bakr bin Uail y Tamîm, emigraron a Bahrein donde se asentaron.
Los Banu Hanîfa bin Sa’b bin Ali ibn Bakr se establecieron en Hiÿr, la capital de Iamâmah. Todas las tribus de Bakr bin Uail vivieron en una región que abarcaba Iamâmah, Bahrein, Saif Kâdhimah, las orillas del mar, las fronteras externas de Irak, Ablah y Hait.
Muchas de las tribus de Taglib vivieron en el área del Éufrates mientras que otras permanecieron con Bakr.
Banu Tamîm vivió en el desierto de Basra.
Banu Salîm vivió en las inmediaciones de Medina en un área que se extendía desde Uadi al-Qura hasta Jaibar en dirección de las montañas orientales hasta Harra.
Zaqîf habitó en Tâif y Hauâzin, al este de La Meca cerca de Autás en el camino que va de La Meca a Basra
Banu Asad vivió al este de Taimá y al oeste de Kufa, mientras que la familia de Tai vivió entre Banu Asad y Taimá. Se hallaban a cinco días de a pie del camino de Kufa.
Dhubián habitó un área comprendida entre Taimá y Haurán.
Algunas tribus de Kinâna vivieron en Tihâmah, mientras que las tribus de Quraish habitaron en La Meca y sus suburbios. Los Quraishíes permanecieron desunidos hasta que Qusai bin Kilâb logró establecer entre ellos una unión que los honró y les dio un sitial de excelencia. [13][13]
Gobiernos y Autoridades entre los Árabes
Cuando hablamos de los árabes anteriores al Islam, vemos la necesidad de dar un panorama general de la historia de sus autoridades, gobiernos, sectarismos y de la religión predominante que tenían, de manera que pueda facilitar la comprensión de las circunstancias que rodeaban el momento en que el Islam tuvo su aparición.
Cuando surgió la luz del Islam, los gobernantes de Arabia eran de dos tipos: los coronados reyes, que de hecho no eran del todo independientes; y los líderes de las tribus y clanes, quienes gozaban de la misma autoridad y privilegios que los reyes, pero eran más independientes, aunque algunos mostraban cierta clase de sometimiento a los reyes. Los reyes eran del Yemen y Siria, la dinastía de Gassán y los monarcas de Hirah. Los demás gobernantes de Arabia no eran reyes.
Gobierno en el Yemen
En el Yemen la gente de Sheba (Saba) era una de las más antiguas naciones de los árabes puros. Ya hemos hecho mención de ellos, cuya existencia se remonta a veinticinco siglos AC según las excavaciones realizadas en Ur. Su civilización fue floreciente y su dominio se expandió durante el siglo XI a.C.
Es posible dividir sus etapas de acuerdo a la siguiente estimación:
1. Hasta el año 650 a.C., sus reyes fueron llamados ‘Makrib Sheba’. Su capital era ‘Saruah’, también conocida como ‘Jrîba’, cuyas ruinas se encuentran a cincuenta kilómetros del lado noroeste de Ma’rib y a 142 kilómetros al este de San‘a. Durante ésta etapa, iniciaron la construcción del dique de Ma’rib’ que tuvo gran importancia en la historia de Yemen. Se dice que Sheba tenía tanto poder que tenía colonias dentro y fuera de Arabia.
2. Del 650 a.C. hasta el 115 a.C : Durante éste período fueron conocidos con el nombre de Sheba. Cambiaron el nombre de “Makrib” por la de ‘reyes de Sheba’. Hicieron de Ma’rib su capital en vez de Saruah. Las ruinas de Ma’rib se ubican a una distancia de 192 kilómetros al este de San'a. [14][1]
3. Del año 115 a.C hasta el 300 d.C : Durante éste lapso, la nación fue conocida como Himiaria, la tribu de Himiar conquistó el reino de Sheba e hicieron de Rîdán su capital en vez de Ma’rib. Más tarde, Rîdán fue llamada “Zifar”. Sus ruinas aún permanecen en la montaña Mudauuar, cerca de la ciudad de “Iarîm”. Durante éste período comenzaron a decaer. Su comercio disminuyó enormemente; primero a causa del dominio de los Nabateos al norte del Hiÿâz; segundo, por la superioridad de los romanos en las rutas del comercio naval después de haber conquistado Egipto, Siria y el norte del Hiÿâz; y tercero como resultado de conflictos entre sus tribus. Gracias a estos tres factores, las familias de Qahtán se separaron y se dispersaron.
4. Del 300 d.C., hasta el advenimiento del Islam en Yemen: Durante este período, la nación fue conocida como Himiarîah II, presenciando el incremento de desórdenes y tumultos seguidos de guerras civiles que padecieron los yemenitas, y los expuso a ser controlados por extranjeros y en consecuencia a perder su independencia. Durante éste período los romanos conquistaron 'Adn y ayudaron a los abisinios (etíopes) a ocupar el Yemen por primera vez en el 340 d. C., aprovechando los constantes conflictos entre las tribus de Hamdán y Himiar. La dominación abisinia del Yemen duró hasta el 378 d. C., cuando los yemenitas recuperaron su independencia. Después, debido al resquebrajamiento del dique de Ma´rib (450 o 451 d.C.), sobrevino la "Gran Inundación" incidente que se menciona en el Noble Corán. Este fue un gran acontecimiento que causó la caída total de la civilización yemenita causando la dispersión de la población que vivió allí.
En el 523, Dhu Nauás, un líder judío, emprendió una gran campaña contra los cristianos de Naÿrán para forzarlos a convertirse al Judaísmo. Al rehusarse, estos fueron arrojados con vida en una gran fosa con fuego. El Corán narra este suceso:
(¡Por las constelaciones! ¡Por el día prometido! ¡Por un testigo y un atestiguado! ¡Que mueran los dueños del foso! El fuego bien alimentado. Cuando ellos estaban a su alrededor sentados, y eran testigos de lo que hacían con los creyentes. Sólo se vengaron de ellos porque creían en Allâh, el Poderoso, el Digno de Alabanza. Aquel a quien pertenece el dominio de los cielos y la tierra. Allâh es testigo de todas las cosas. Los que atormentaron a los creyentes y las creyentes, y no se hayan arrepentido tendrán el castigo del Infierno ardiente.) (85:4-10)
Esto produjo gran ira entre los cristianos, especialmente entre los emperadores romanos, que no solamente incitaron a los abisinios (etíopes) contra los árabes sino que también reunieron una gran flota, compuesta de 70,000 guerreros, que ayudó al ejército abisinio a conquistar por segunda vez al Yemen en el 525 d.C., bajo el liderazgo de Eriat, a quien se le garantizó gobernar el Yemen, autoridad que mantuvo hasta que fue asesinado por un líder de su ejército, Abrahah. Abrahah, después de reconciliarse con el rey de Abisinia, gobernó el Yemen y más tarde envió a sus soldados para demoler la Ka'bah (precedidos por un gran elefante de combate), por esta razón, él y su ejército fueron conocidos como “los hombres del Elefante”.
En el año 575 d.C después del incidente del "Elefante", la gente del Yemen bajo el liderazgo de Ma’dikarib bin Saif Dhu Iazin Al Himîari, con el apoyo persa, se rebeló contra los abisinios (etíopes), recuperando la independencia y designando a Ma´dikarib como su rey. Sin embargo, Ma’dikarib fue asesinado por un sirviente abisinio (etíope) suyo. La familia de Dhu Iazin fue así privada de la monarquía para siempre. Kisra (Cosroes), el rey persa, designó un gobernante persa sobre San’a y así fue como el Yemen pasó a ser una colonia persa. Los gobernantes persas mantuvieron el dominio del Yemen hasta Badhán, el último de ellos, que abrazó el Islam en 638 dC finalizando el dominio persa sobre el Yemen. [15][2]
Gobiernos en Hirah
Desde que Ciro el Grande (557-529 a.C) unificó a los persas, estos gobernaron Irak y sus alrededores. Nadie pudo socavar su autoridad hasta que Alejandro el Grande derrotó a su rey, Darío I, y así sometió a los persas en el 326 AC. Las tierras persas fueron desde entonces divididas y gobernadas por reyes conocidos como "Los reyezuelos", un período que duró hasta el 230 dC Mientras tanto, los árabes de Qahtân ocuparon algunos territorios iraquíes; seguidos de los adnanitas que compartieron algunas comarcas Mesopotámicas.
Los persas, bajo el liderazgo de Ardashîr, quien estableció el estado sasanida en el 226 dC recuperaron suficiente unidad y poder para dominar a los árabes que vivían en las regiones cercanas a su reino, forzando a la tribu de Quda‘ah a retirarse hasta Siria, dejando al pueblo de Hirah y Ambâr bajo el dominio persa.
Durante la época de Ardashir, Yudhaimah Al-Uaddâh ejerció su mandato en Hirah y en el resto de la zona desértica del Irak incluidas Rabi’a y Mudar en Mesopotamia. Ardashir había considerado que era imposible para él reinar directamente sobre los árabes y evitar que ataquen sus fronteras, a no ser que designara como rey a uno de ellos que tenga el poder y el apoyo de su tribu. También los utilizó contra los reyes bizantinos que constantemente lo acosaban. Al mismo tiempo, los árabes de Irak podían enfrentarse a los árabes de Siria que apoyaban a los reyes Bizantinos. Sin embargo, creyó conveniente mantener un batallón persa bajo las órdenes del rey de Hirah para ser usado contra aquellos árabes que pudieran sublevarse contra él.
Después de la muerte de Yudhaimah y durante la época del Kisra Sabûr bin Ardashir, ‘Amr bin ‘Adi bin Nasr Al-Lajmi fue gobernador de Hîrah y Anbâr ( 268-288 d. C.) Los reyes de Lajm gobernaron Hîrah hasta que los persas coronaron a Qabâdh bin Fairûz, en cuyo reinado aparece alguien llamado Mazdak (Mazda), quien degeneró la vida social. Qabâdh y muchos de sus súbditos abrazaron la religión de Mazdak (el mazdeísmo) e inclusive convocaron al rey de Hîrah para que la siga, Al-Mundhir bin Ma’ As-Sama’(512-554 C.E.) Cuando este último por orgullo y amor propio rehusó a su llamado, Qabâdh lo destituyó y en su lugar designó a Hâriz bin ‘Amr bin Haÿar Al-Kindi, quien sí aceptó la doctrina de Mazdak.
Tan pronto como Kisra Anu Shairuán sucedió a Qabâdh, debido al odio que le tenía a la filosofía de Mazdak, asesinó a Mazdak y a varios de sus seguidores, restituyó en el trono de Hîrah a Mundhir y dio órdenes de arrestar a Hâriz, el cual buscó refugio en la tribu de Al-Kalb, con la que pasó el resto de sus días.
Los hijos de Al-Mundhir bin Ma’ As-Sama’ mantuvieron su reinado por mucho tiempo
hasta que An-Nu‘mán bin Al-Mundhir, tomó posesión. Por una calumnia propagada
por Zaid bin ‘Adi Al-‘Abbadi, el Rey se enfureció con An-Nu‘mán y lo citó
en su palacio. An-Nu‘mán fue en secreto a Hani bin Mas'ûd, jefe de la tribu de
Shaibán, dejando su familia y fortuna bajo la protección de éste, para
entonces así presentarse ante el Rey, quien inmediatamente lo encerró en
prisión, en donde murió. Kisra, entonces colocó a Eiás bin Qubaisa At-Ta’i
como rey de Hîrah. A Eiás se le ordenó decir a Hani ibn Mas'ûd que
entregara el cargo que ocupaba en el lugar de An-Nu‘mán al rey Kisra. Ni bien
recibió el rey persa la noticia de la negativa por parte del jefe árabe, declaró
la guerra a la tribu de Shaibán y movilizó sus tropas y guerreros bajo
el mando del rey Eiás a un lugar llamado Di Qar, donde tuvo lugar una feroz
batalla en la que los persas fueron derrotados por los árabes por primera vez en
la historia
[16][1].
Se registra que estos hechos ocurrieron poco después del nacimiento del Profeta
Muhammad
,
ocho meses después de que Eiás bin Qubaisah’s tomara posesión de Hîrah.
Después de Eiás, un gobernante persa fue designado para Hîrah gobernando
diecisiete años, del 614-631d.C., luego la autoridad regresó a la familia de
Lajm cuando Al-Mundhir Al-Ma‘ru se hizo cargo. Dicho reinado duró escasos ocho
meses, cuando Jâlid bin Al-Ualid cayó sobre ellos con el ejército musulmán.
[17][2]
[18][1]
Esto fue reportado en una narración atribuida al Profeta
en
Musnad Jalifah bin Haiat pág. 24, e Ibn Sa‘d 7/77.
Gobiernos en Siria
Durante el proceso de emigraciones tribales, algunas tribus de Quda‘ah
llegaron a la frontera de Siria donde se asentaron. Estas tribus pertenecían a
la familia de Sulaih bin Haluán, siendo su descendencia los hijos
de Daÿ‘am bin Sulaih conocidos como Ad-Daÿâ‘imah. Las tribus de Quda‘ah
eran utilizadas por los bizantinos para defender las fronteras bizantinas contra
los beduinos asaltantes y los persas. Fue puesto a cargo un rey, que devolvió la
autoridad tras el lapso de dos años. Uno de sus más famosos reyes fue Ziâd
bin Al-Habûlah. Gozaron de autonomía por un lapso bastante considerable que duró
desde los comienzos del primer siglo hasta aproximadamente el segundo siglo dC .
Su autoridad, sin embargo, llegó a su fin con una derrota infligida por los
gassanitas, quienes asumieron la autoridad sobre los árabes de Siria y tuvieron
sus cuarteles en Dumat Al-Yandal. La autoridad de los gassanitas duró hasta la
batalla de Iarmûk en el año 13 dH. Su último rey fue Yabalah bin Al-Aiham, quien
abrazó el Islam durante el califato del Emir de los Creyentes ‘Umar bin Al-Jattâb
.
Gobiernos en el Hiÿâz
Ismael
administró La Meca al igual que custodió la Ka'bah a lo largo de su
vida. Cuando murió tenía 137 años
[19][1]
y dos de sus hijos, Nâbet y Qidar, lo sucedieron. Posteriormente, su
abuelo materno, Mudad bin ‘Amr Al-Yurhumi asumió la autoridad para así
transferir el control de La Meca a la tribu de Yurhum. Los hijos de Ismael
tuvieron muy poco poder a pesar de su sagrado status, ya que fue su padre quien
edificó La Ka'bah .
[20][2]
Pasó el tiempo sin que la situación de los hijos de Ismael cambie, hasta que el gobierno de Yurhum declinó poco antes de la invasión de Nabucodonosor. El rol político de los 'Adnâníes había empezado a ganar terreno en La Meca, esto pudo ser claramente manifestado durante la primera invasión de Nabucodonosor a los árabes en ‘Dhati ‘Irq’. En esa batalla, el líder de los árabes no era de Yurhum sino de los adnaníes.[21][3]
En la segunda invasión de Nabucodonosor en el 587 AC los 'Adnâníes se retiraron al Yemen, mientras que el Profeta israelí Iarmiá (Jeremías) huyó a Siria desde Harrán con Ma’ad, pero, cuando la presión de Nabucodonosor disminuyó, Ma’ad regresó a La Meca para no encontrar a nadie de la tribu de Yurhum excepto a Yursham bin Yalhamah, cuya hija, Mu’anah, fue concedida a Ma’ad como esposa, concibiendo un hijo que llamaron Nizâr.[22][4]
Por causa de las difíciles condiciones de vida y carencias en La Meca, la tribu de Yurhum comenzó a tratar miserablemente a los visitantes de la Ka'bah y arrebatarles sus bienes [23][5], lo cual provocó resentimiento y odio de los 'Adnâníes (hijos de Bakr bin ‘Abd Manâf bin Kinânah), quienes con el apoyo de la tribu de Juza‘a, invadieron a Yurhum y la expulsaron de La Meca, dejando como gobernador a Quda‘ah a mediados del segundo siglo dC.
Al abandonar La Meca, Yurhum tapó el pozo de Zamzam, nivelaron el suelo y enterraron muchas cosas en él. ‘Amr bin Al-Hâriz bin Mudâd Al-Yurhumi [24][6], según narró Ibn Ishâq, enterró dos venados de oro de la Ka'bah , junto con la piedra negra en el pozo de Zamzam, después de cerrarlo, escapó al Yemen [25][7]
Se estima que hubo veinte siglos entre Ismael
y
el nacimiento de Cristo (S), esto significa que Yurhum permaneció en la La Meca
veintiún siglos, gobernándola aproximadamente veinte siglos.
Con la derrota de Yurhum, la tribu de Juza‘ah monopolizó la autoridad de La Meca. Las tribus de Mudar, sin embargo, gozaron de tres privilegios:
El Primero: Dirigir a los peregrinos de 'Arafat hasta Muzdalifah y durante los ritos en Mina del Día del Sacrificio. Esto bajo la autoridad de la familia de Al-Gauz bin Murra descendientes de Elías ibn Mudar, quienes fueron llamados ‘Sufah’. Este privilegio significaba que a los peregrinos no se les permitía arrojar piedras a Al‘Aqabah (uno de los ritos del peregrinaje a La Meca) hasta que uno de los hombres ‘Sufah’ lo hiciera. Cuando terminaban de apedrear y deseaban marcharse del valle de Mina, los hombres de ‘Sufah’ permanecían en ambos lados de Al‘Aqabah y nadie podía pasar esa posición hasta que los hombres de ‘Sufah’ pasaban y despejaban el camino para los peregrinos. Cuando Sufah pereció, la familia de Sa’d ibn Zaid Manat de la tribu de Tamîm heredó esa responsabilidad.
El Segundo: La Ifâdah (retirarse de Mina para ir a Muzdalifah) en la mañana del sacrificio, y esto era responsabilidad de la familia de 'Aduân.
El Tercero: Prorrogar los meses sagrados, y esto era responsabilidad de la familia de Tamîm ibn 'Adi de Bani Kinânah. [26][8]
El dominio de Juza‘ah en La Meca duró 300 años[27][9], durante los cuales, los 'Adnâníes se diseminaron por todo Naÿd y los límites de Bahrein e Irak, mientras que pequeñas tribus de Quraish permanecieron en las inmediaciones de La Meca; éstas eran Halul, Sarim y varias familias de Kinânah. No gozaron de privilegios en La Meca o en la Casa Sagrada hasta que apareció Qusai bin Kilâb [28][10], cuyo padre se dice que murió cuando éste era un bebé, y cuya madre se casó más tarde con Rabi’ah ibn Harâm, perteneciente a la tribu de Bani 'Udhrah. Rabi’a trasladó a su esposa y a su bebé a su tierra natal, en la frontera con Siria. Cuando Qusai se hizo joven, volvió a La Meca, que por aquel entonces estaba gobernada por Hulail ibn Habsha de Juza‘ah, quien entregó a su hija Hobba, como esposa, a Qusai. Después de la muerte de Hulail, estalló una guerra entre Juza‘ah y Quraish, haciéndose cargo Qusai de la La Meca y la Casa Sagrada.[29][11]
Hay tres versiones respecto al motivo de esta guerra
La Primera: Habiendo notado la creciente expansión de su descendencia, el aumento de sus bienes y de su respetabilidad después de la muerte de Hulail, Qusai se encontró a sí mismo más merecedor de asumir la responsabilidad de gobernar La Meca y custodiar la Casa Sagrada que las tribus de Juza‘ah y Bani Bakr. También fue partidario de que los Quraishíes, los descendientes de Ismael, fueran los jefes. Por lo tanto consultó a algunos hombres Quraishíes y de Kinânah expresándoles su deseo de expulsar a Juza‘ah y Bani Bakr de la La Meca y estos lo apoyaron en su decisión.[30][1]
La Segunda: Juza‘ah alegó que Hulail encomendó a Qusai el mantener la custodia de Al-Ka'bah y la autoridad en la La Meca después de su muerte.[31][2]
La Tercera: Hulail le adjudicó el derecho de servir la Ka´bah a su hija Hobba y nombró a Abu Gubshán Al-Juza‘i para que fuese el representante de ella. Cuando murió Hulail, Qusai compró éste derecho con una odre de vino, lo cual disgustó a los hombres de Juza‘ah y éstos trataron de sacarle a Qusai la custodia de la Casa Sagrada. Sin embargo, Qusai con la ayuda de Quraish y Kinânah, lograron recuperarla e inclusive expulsar completamente a Juza‘ah de La Meca.[32][3]
Cualquiera que haya sido la verdadera razón, todo el asunto terminó en la privación de los Sufah de sus privilegios, antes mencionados; la expulsión de Juza‘ah y Bakr de La Meca y la transferencia del gobierno de La Meca y de la custodia del Sagrado Santuario a Qusai, después de feroces combates entre Qusai y Juza‘ah. Luego llegó la reconciliación y la mediación de Ia‘mur bin 'Auf, de la tribu de Bakr, cuyo veredicto legitimó la autoridad de Qusai sobre La Meca y la custodia de la Casa Sagrada, no haciéndolos responsables de las muertes de los Juza‘ah, ni de indemnizar las muertes de los Juza‘ah y Banu Bakr [33][4]. Qusai comenzó a gobernar La Meca y la Casa Sagrada en el 440 dC [34][5] Esto le permitió a él, y posteriormente a Quraish, poseer el absoluto control de La Meca y la incuestionable custodia de la Casa Sagrada.
Qusai trajo a sus parientes a La Meca para habitarla, permitiendo a Quraish vivir en algunos lugares. An-Nus’a, las familias de Safuán, 'Adwán y Murrah ibn 'Auf, preservaron los mismos derechos que solían gozar antes de su llegada.[35][6]
Una acertada medida emprendida por Qusai fue establecer la Casa de An-Naduah (la casa de la asamblea) al lado norte de la Ka´bah, sirviendo como lugar de reunión de Quraish. Esto benefició mucho a los Quraishíes porque permitió unificar opiniones entre ellos y solucionar cordialmente sus problemas.[36][7]
Qusai gozó de los siguientes privilegios de liderazgo y honor:
1. Presidir las reuniones de An-Naduah donde se consultaban y trataban los asuntos importantes y se constituían los contratos matrimoniales.
2. El estandarte de guerra, no podía haber declaración de guerra sin su aprobación, o la aprobación de uno de sus hijos.
3. El liderazgo de las caravanas, era el jefe de todas las caravanas. Ninguna podía partir de La Meca para comerciar u otro motivo a menos que sea con su consentimiento o el de alguno de sus hijos.
4. El custodio de la Ka'bahh, era el único que abría su puerta, y era el responsable del servicio y protección de la misma.
5. Proveer de agua a los peregrinos: llenaban vasijas endulzadas con dátiles o pasas de uvas para que los peregrinos que visitaban La Meca puedan beber.
6. Alimentación de los peregrinos: ello significaba cocinar para los peregrinos que no podían hacerlo por sí mismos. Qusai impuso a los Quraishíes un impuesto anual sobre la tierra, que se pagaba en la temporada de Peregrinación para solventar los gastos de la comida.[37][8]
Es notorio señalar que Qusai escogió a su hijo ‘Abd Manâf, legándole el honor y el prestigio de presidir la Casa de Naduah, a pesar de no ser su hijo mayor (‘Abd Ad-Dar era el mayor); confiándole también la responsabilidad del estandarte, de ser el guardián de la Ka´bah, y de proveer de agua y alimentos a los peregrinos. Debido a que las acciones de Qusai eran consideradas incuestionables y sus órdenes inviolables, su muerte no dio lugar a conflictos entre sus hijos, pero más tarde sí lo hizo entre sus nietos. En cuanto murió ‘Abd Manâf, sus hijos comenzaron a tener disputas con sus primos (los hijos de‘Abd Ad-Dar), que provocaron discrepancias y luchas en toda la tribu de Quraish. A causa de un tratado de paz, mediante el cual los cargos fueron reasignados, conservaron los hijos de ‘Abd Manâf el alimentar y abastecer de agua a los peregrinos; mientras que la Casa de Naduah, el estandarte y la custodia de la Ka´bah quedaron en manos de los hijos de‘Abd Ad-Dar. Los hijos de ‘Abd Manâf, sin embargo, desecharon sus cargos, dejándole la responsabilidad de proveer comida y agua sólo a Hâshim bin ‘Abd Manâf, que después de su muerte, recayó sobre su hermano Al-Muttalib bin ‘Abd Manâf y luego por ‘Abd Al-Muttalib bin Hâshim, abuelo del Profeta r, cuyos hijos asumieron esta posición hasta el surgimiento del Islam, durante el cual ‘Abbâs bin ‘Abdul-Muttalib estuvo a cargo.[38][9]
Muchos puestos fueron distribuidos entre la gente de Quraish estableciendo los pilares de un pequeño estado cuyas reparticiones y comisiones gubernamentales eran parecidos a los de hoy en día. A continuación se enumeran dichos cargos:
1. Sortear la suerte ante los ídolos (buscando la guía de los mismos) fue designado a los Bani Yumah.
2. Registrar las ofrendas y sacrificios, resoluciones en las disputas y asuntos relevantes quedaron en manos de los Bani Sahm.
3. Los Bani Asad eran responsables de las consultas.
4. La organización del pago de las indemnizaciones por muertes y multas las realizaban los Bani Taim.
5. El portar el estandarte, lo hacían los Bani Umâiah.
6. El cuerpo militar, la infantería y la caballería eran responsabilidades de los Bani Majzûm.
7. Los Bani Adi tenían como función diplomática las relaciones exteriores.[39][10]
Anteriormente mencionamos la emigración de las tribus de Qahtán y Adnán, y la división de Arabia entre estas dos tribus. Aquellas tribus que se asentaron cerca de Hîrah se subordinaron al rey árabe de Hirah, mientras que aquellas que se establecieron en el desierto de Siria estaban bajo el dominio de los gassaníes, donde cierta clase de dependencia era más bien una formalidad que algo real. Sin embargo, aquellos que moraban en el inhóspito desierto gozaban de una total autonomía.
De hecho estas tribus tenían autoridades elegidas por ellos mismos, que eran una especie de semi-gobierno basado en la solidaridad tribal y el interés común en la defensa de la tierra y la propiedad.
Los jefes de las tribus gozaban de similares privilegios dictatoriales a los de los reyes, lo que les concedía completa obediencia y sometimiento, tanto en la paz como en la guerra. La rivalidad entre primos por gobernar, sin embargo, los condujo a excederse en agasajar a sus huéspedes; con conmovedora generosidad, sabiduría y caballerosidad, con el sólo propósito de destacarse sobre sus rivales, ganar fama entre la gente, especialmente entre los poetas, quienes eran los voceros oficiales de aquel tiempo.
Los jefes de tribu y terratenientes tenían derechos especiales sobre los botines de guerra, siendo estos una cuarta parte de los mismos, sea este de su elección, o encontrado a su regreso o inclusive el remanente indivisible.
La situación Política
Las tres regiones árabes adyacentes a otras culturas (Siria, Irak y Yemen) sufrieron gran debilitamiento y deterioro. La sociedad estaba dividida en amos o esclavos, gobernantes o subordinados. Los amos, especialmente los extranjeros, tenían derecho a toda clase de ventajas; los esclavos no tenían sino responsabilidades sobre sus hombros. En otras palabras, el gobierno déspota trajo abusos en detrimento de los subordinados, como también trajo la ignorancia, la opresión, la iniquidad, la injusticia y privaciones, convirtiéndolos en gente inmersa en la oscuridad e ignorancia. La tierra fértil que prodigaba sus frutos a los reyes y hombres de poder les proveía una vida extravagante y vanidosa llena de placeres y comodidades, caprichos y deseos, tiranía y agresión. Las tribus que vivían en las proximidades de dichas regiones deambulaban entre Siria e Irak, en tanto que las que vivían dentro de Arabia eran desunidas y afectadas por los conflictos tribales, y las disputas raciales y religiosas.
Los árabes no tenían un líder que los uniese y los haga luchar por su independencia y derecho a la autodeterminación.
Los gobernantes del Hiÿâz, sin embargo, eran muy estimados y
respetados por los árabes, y eran considerados como autoridades y sirvientes
del centro religioso. El gobierno en el Hiÿâz, de hecho, era una
mezcla de supremacía formal y secular como de liderazgo religioso. Gobernaron
entre los árabes en nombre del liderazgo religioso y siempre monopolizaron la
custodia del Sagrado Santuario y sus alrededores. Protegían los intereses de los
visitantes de la Ka'bahh y eran los encargados de poner en práctica las
enseñanzas de Ibrâhîm
.
Incluso, tenían reparticiones y comisiones similares a los parlamentos actuales.
Sin embargo, eran muy débiles para cargar tan pesado compromiso, como se
evidenció durante la invasión de los abisinios (etíopes).
La mayoría de los árabes había respondido al llamado de Ismael
y profesado la religión de su padre Ibrâhîm
.
Habían adorado a Allâh
,
reconociendo Su unicidad y siguieron Su religión por mucho tiempo hasta que
olvidaron parte de ella. Sin embargo, aún mantenían los fundamentos de la
creencia tales como el monoteísmo al igual que otros aspectos de la religión de
Ibrâhîm
.
Esto continuó hasta que uno de los jefes de Juza‘ah, llamado 'Amer bin
Luhai, quien tenía fama por su piedad, generosidad, reverencia y esmero en la
religión, gozando de un incondicional amor y obediencia por parte de su tribu,
regresaba de Siria donde encontró gente adorando ídolos, un fenómeno que aprobó
y creyó que era correcto debido a que Siria era el lugar de Mensajeros y
Escrituras sagradas. entonces, trajo consigo un ídolo (Hubal), el cual colocó en
medio de la Ka'bahh e invitó a la gente para adorarlo. Esto fue
suficiente para que el paganismo se propague por toda la La Meca y de allí hasta
el Hiÿâz. Una gran cantidad de ídolos con diferentes nombres,
fueron introducidos posteriormente en el área.
[40][1]
Un ídolo llamado ‘Manat’, por ejemplo, era adorado en un lugar conocido como
Al-Mushallal, cerca de Qudaid, en el Mar Rojo. Otro, ‘Al-Lat’ en Tâif,
un tercero, ‘Al-'Uzza’ en el valle de Najlah, y así sucesivamente. El
politeísmo predominó y la cantidad de ídolos se incrementó en todas las regiones
del Hiÿâz. Inclusive se menciona que ‘Amr bin Luhai, con la ayuda
de un genio (ÿinn) que le acompañaba le informó que los ídolos del pueblo
de Noé Uadd, Suua', Iagûz, Ia’ûq y Naser- estaban enterrados en Yeddah,
los cuales desenterró y trasladó a Tihâmah. En la temporada de la Peregrinación,
los ídolos fueron distribuidos entre las tribus para regresarlos a sus hogares.[41][2]
Cada tribu y hogar poseía su ídolo propio, y la Casa Sagrada se pobló de ellos.
Cuando el Profeta
conquistó La Meca, 360 ídolos se encontraban ubicados alrededor de la Ka´bah.
Pero fueron entonces destruidos, removidos o quemados.[42][3]
Los ritos y las ceremonias para adorar dichos ídolos habían sido inventados por
‘Amer bin Luhai y se consideraron innovaciones buenas en vez de desviaciones de
la religión de Ibrâhîm
.
Algunas de las características predominantes del culto a los ídolos fueron:
1. Devoción personal a los ídolos, buscando refugio en ellos, jurando por sus
nombres, suplicando su ayuda en las dificultades, rogándoles por el cumplimiento
de sus deseos, creyendo que podían interceder ante Allâh
para
la realización de los deseos de la gente.
2. Peregrinar a los templos de los ídolos y circunvalarlos, humillándose e incluso prosternándose ante éstos.
3. Buscar el favor de los ídolos a través de distintas clases de sacrificios en
sus nombres. Estos sacrificios son mencionados por Allâh
cuando
dice:
(…y la del que haya sido sacrificado sobre An-nusub (altares de piedra).) (5:3)
Dice Allâh
también:
(No comáis de aquello sobre lo que no hayáis mencionado el nombre de Allâh.) (6:121).
4. La consagración de ciertas porciones de comida, bebida, ganado, y cosechas a
los ídolos. Sorprendentemente, también lo hacían para Allâh
,
aunque siempre encontraban motivos para ofrecer la parte de Allâh
a
los ídolos, pero nunca a la inversa.
A ello se refiere el Corán:
(Reservan para Allâh, aunque Él lo ha creado, una parte de la cosecha y de los animales de rebaños. Y dicen según su pretensión: ‘esto es para Allâh y esto es para nuestros asociados (los ídolos)’. Pero lo que es para quienes ellos asocian no llega a Allâh y lo que es para Allâh llega a quienes ellos asocian ¡Qué mal es lo que juzgan!) (6:136)
5. Buscar favores en los ídolos por medio de tributos como consagrar sus cosechas y ganados. De lo cual dice el Corán:
(Y dicen según sus pretensiones: ‘Este ganado y esta cosecha están vedados y no comerán de ellas excepto quien permitamos y hay bestias prohibidas para la carga y hay otros animales de rebaño sobre los que no mencionan el nombre de Allâh. Siendo una invención contra Él) (6:138)
6. Destinar ciertos animales a los ídolos (como Bahirah, Saiba, Uasilah y Hami), lo que significaba prescindir de dichos animales útiles para el trabajo con el fin de complacer a los falsos dioses. Bahîrah, como reportó el reconocido historiador, Ibn Ishâq, era la hija de Saibah, una camella que parió 10 camellas consecutivamente, pero ningún macho. Se le dio libertad, y era prohibido para todos hacerle bromas, imponerle carga, cortar su pelo, u ordeñarla (bebían de su leche solo los huéspedes); y esto era igual para todas las hembras de su descendencia nombrándolas Bahîrah no sin antes haberles cortado sus orejas. Uasilah era una oveja hembra que tuvo 10 ovejas hembras sucesivas en cinco períodos de preñado. Cualquier nuevo nacimiento de ésta Uasila, eran asignadas solamente para los hombres. El Hâmi era un camello semental que reproducía 10 hembras sucesivamente, y era igualmente sagrado.
Mencionando esto, el Corán dice:
(Allâh no ha dispuesto ninguna Bahîra ni Saiba ni Uasila ni Hâmi. Sin embargo los incrédulos inventan mentiras sobre Allâh. La mayoría no razona.) (5:103).
También dice Allâh
:
(Y dicen: ‘lo que hay en el vientre de estos animales está reservado a nuestros varones pero vedado a nuestras esposas y solo si nace muerto les estará permitido compartirlo.) (6:139)
Sa‘îd bin Al-Musaîib declaró que estas clases de ganado eran dedicadas para sus falsos ídolos. [43][4]
Está auténticamente confirmado que dichas supersticiones fueron inventadas por 'Amer bin Luhai.[44][5]
Los árabes ofrecían todo esto a sus ídolos, creyendo que estos los acercarían
más a Allâh
,
e intercederían ante Él
.
Al respecto dice el Corán:
(Sólo los adoramos para que nos den más proximidad a Allâh ) (39:3)
Dice también:
(Y adoran en vez de Allâh lo que no les daña ni beneficia, y dicen: Estos son nuestros intercesores ante Allâh.) (10:18)
Otra de las tradiciones que tenían los árabes era arrojar al Azlâm que consistía de flechas sin plumas que eran de tres tipos: una marcada con “SÍ”, otra con “NO” y la tercera sin marca alguna. Arrojaban las flechas para decidir en casos muy serios como un viaje o un matrimonio. Si salía la flecha del “SÍ”, concretaban el asunto, si era “NO”, demorarían el asunto hasta el próximo año. También se arrojaban las flechas para las cuestiones del agua, indemnizaciones por muertes; o inscribían marcas como “De Usted”, “No es para Usted”, o “Conjunto”. Cuando existía duda del vínculo tribal, se remitían al ídolo Hubal, con cien camellos de regalo para el clarividente de las flechas. Solamente las flechas decidían a cual pertenecería. Si las flechas mostraban “De Usted”, entonces significaba que el niño pertenecía a la tribu; si mostraba “De otros”, se le consideraba un aliado, pero si aparecía “Asociado”, la persona retendría su posición pero sin linaje o contrato de alianza. [45][6]
Esto era similar a los juegos de azar porque solían dividir la carne de los camellos que sacrificaban acorde a su tradición.
Más aún, solían tener una gran convicción en las predicciones de los videntes, adivinos y astrólogos. Un vidente solía comerciar con sus predicciones sobre el futuro y se proclamaba conocedor de secretos, y decía tener genios subordinados que le informaban. Los adivinos aseguraban poder descubrir lo desconocido por medio de grandes poderes, mientras que otros se adjudicaban dicho conocimiento por medio de procesos inductivos causa-efecto que los conducía a encontrar mercancías robadas, escondites de ladrones, animales extraviados, y demás. El astrólogo pertenecía a una tercera categoría que solía observar las estrellas calculando sus movimientos y órbitas con lo cual pronosticaría el futuro. [46][7]
Tener convicción en lo que predecían los astrólogos significaba creer en las estrellas, entonces parte de la creencia en la astrología era tener fe en las posiciones de ciertas estrellas. Dirían: "Ha llovido gracias a la posición de tal estrella". [47][8]
La creencia en las predicciones del futuro era común entre los árabes. Algunos días, meses y animales eran considerados de mal agüero. También creían que el alma de una persona asesinada volaba en una tierra desolada y que no descansaría hasta que se la vengue. Predominaban las supersticiones. Si un animal o pájaro cuando se le soltaba giraba hacia la derecha ante un asunto que iban a emprender era considerado como un buen agüero, de lo contrario se tornaban pesimistas y se abstenían de concretar dicho asunto. [48][9]
La gente de la época preislámica, aunque creía en las supersticiones, todavía
mantenía algunas de las enseñanzas de la tradición de Ibrâhîm
tales
como la devoción por la Ka'bahh, circunvalarla, realizar la
Peregrinación, permanecer en 'Arafah y ofrecer sacrificios, todo esto era
realizado a pesar de algunas innovaciones que adulteraban su carácter sagrado.
Los Quraishíes eran los descendientes de Ibrâhîm
,
los custodios de la Ka'bahh , los habitantes de La Meca, ningún árabe
además de ellos tenía su mismo rango y categoría, ni sus mismos derechos; por
estas razones se conocían como "Al-Hums" y se abstenían de ir a
Arafah con la multitud, durante el peregrinaje anual. En vez de eso, paraban
momentáneamente en Muzdalifah. Por esa razón se reveló el siguiente
versículo:
(Salid al llano por donde lo hacen todos.) (2:199) [49][10]
Otra herejía profundamente establecida en su tradición social era que no beberían yogurt ni cocinarían grasas ni entrarían a una carpa hecha con piel de camello ni buscarían sombra sino en una casa con ladrillos de adobe durante el estado de Ihrâm, el estado sagrado del peregrino. También, debido a una mala interpretación, privaban a los peregrinos que no eran de La Meca el acceso a la comida que traían cuando querían hacer la Peregrinación o la Peregrinación menor. [50][11]
Ordenaban a los peregrinos que no eran de La Meca circunvalar la Ka'bahh
con túnicas de "Al-Hums" unicamente, y si no las conseguían, los
hombres tenían que realizarla desnudos y las mujeres con unos cuantos harapos
para ocultar sus entrepiernas. Allâh
dice
al respecto:
(¡Hijos de Adán! ¡Poneos vuestros mejores y más puros vestidos en cada lugar de oración (y para circunvalar la Ka´bah)!) (7:31)
Si los hombres y las mujeres eran lo bastante nobles para circunvalar la Ka´bah con sus vestimentas, tenían que despojarse de ellas luego de circunvalarla. [51][12]
Cuando los habitantes de La Meca se encontraban en estado de consagración para la Peregrinación, no ingresaban a sus hogares por las puertas de entrada sino que lo hacían por agujeros que realizaban en la pared trasera de la casa. Solían considerarlos como actos de piedad y de temor a Dios. Esta práctica fue prohibida por el Corán:
(La piedad no consiste en que entréis a vuestras casas por detrás, sino que la piedad consiste en que temáis a Allâh. Entonces, entrad en vuestros hogares por la puerta y temed a Allâh! Para que podáis tener éxito.) (2:189)
Así era la vida religiosa en Arabia: politeísmo, idolatría y superstición.
El Judaísmo, el Cristianismo, los magos (zoroastrianos) y el Sabeísmo, sin embargo, encontraban libertad y tolerancia en Arabia.
La emigración de los judíos de Palestina a Arabia tuvo dos etapas: primero, como resultado de la presión a la cual fueron expuestos; la destrucción de sus templos y como consecuencia de la esclavitud y expulsión hacia Babilonia, a manos del rey Nabucodonosor. En el año 587 AC, algunos judíos abandonaron Palestina para establecerse en el norte del Hiÿâz. La segunda etapa comenzó con la ocupación romana de Palestina bajo el general romano Tito, en el 70 dC Como resultado de esto hubo una gran ola emigratoria por parte de los judíos al Hiÿâz, Iazrib, Jaibar y Taima. Aquí, hicieron proselitismo con diversas tribus, construyeron fuertes y castillos, y habitaron en villas. El Judaísmo jugó un rol importante en la vida política preislámica. Cuando el Islam apareció en aquellos lugares, ya existían famosas tribus judías: Jaibar, Al-Mustaliq, An-Nadhír, Quraidha y Qainuqa'.
El Judaísmo ingresó en el Yemen con una persona llamada As'ad Abu Karb. Había ido a pelear a Iazrib, donde abrazó el Judaísmo, regresando junto con dos rabinos de Banu Quraidha para adoctrinar a la gente del Yemen en ésta nueva religión. El Judaísmo encontró suelo fértil para propagarse y ganar adeptos. Después de la muerte de As'ad, su hijo Yusuf Du Nauas tomó el poder, atacó a la comunidad cristiana en Naÿrân y les ordenó adoptar el Judaísmo. Cuando rechazaron hacerlo, ordenó que los arrojaran a todos indiscriminadamente a una fosa para incinerarlos. Estimaciones dicen que entre 20 y 40 mil [52][13] cristianos fueron asesinados en esa masacre. Esto ocurrió en octubre del año 523d.C. [53][14] El Corán relata parte de esta historia en el Sûrah Al-Buruÿ lo cual hemos mencionado anteriormente.
El Cristianismo hizo su primera aparición en Arabia con la entrada de los
abisinios (etíopes) y el colonialismo romano en la región. La presencia abisinia
comenzó en el 340 d.C. y terminó en el 378 d.C.[54][15]
Con ella el Cristianismo ingresó en el Yemen. Aproximadamente en esa época un
misionero cristiano de nombre Fimión, famoso por su conducta ascética y hechos
milagrosos, se había infiltrado en Naÿrân. Desde ahí divulgó el Cristianismo, y
por causa de su virtud, honestidad y verdadera devoción, pudo persuadirlos a
abrazar el Cristianismo.[55][16]
Las fuerzas abisinias penetraron nuevamente en el Yemen en el año 525 d.C. en
represalia a las atrocidades de Du Nauas, y comenzaron a propagar su fe.
Llegaron incluso a construir una iglesia que llamaron la "Ka´bah Yemenita",
con el propósito de atraer el flujo de las caravanas árabes hacia el Yemen, por
lo cual se esforzaron en demoler la Casa Sagrada de La Meca. Pero Allâh
el
Poderoso, hizo descender sobre ellos su castigo dejándolos como ejemplo para la
humanidad.
Las principales tribus que abrazaron el Cristianismo fueron las de Gassân, Taglib, Tai y algunos reyes himiaritas así como algunas tribus colindantes al imperio romano.
Los magos (zoroastrianos) también tuvieron popularidad entre los árabes que vivían en las inmediaciones de Persia, Irak, Bahrein, Al-Ahsá y algunas áreas costeras del Golfo Arábigo. Se dice que algunos yemenitas pudieron haber profesado la religión de los magos durante la ocupación persa.
En cuanto al Sabeísmo, las excavaciones en Irak demuestran que había sido popular entre los caldeos, los sirios y yemenitas. Sin embargo; con el advenimiento del Judaísmo y el Cristianismo, el Sabeísmo comenzó a declinar a favor de las nuevas religiones, aunque retuvo algunos adeptos que se mezclaron con los magos o se adhirieron a estos en Irak y el Golfo Arábigo.[56][17]
La Situación Religiosa
Esta era la vida religiosa de los árabes antes del surgimiento del Islam. El
papel que jugaron las religiones predominantes fue secundario, de hecho ninguna
de ellas permaneció después del surgimiento del Islam. Los politeístas, que
falsificaron la doctrina de Ibrâhîm
,
se mantuvieron inmersos en la ignorancia y el paganismo, desarrollando creencias
supersticiosas que dejaron un serio impacto en la vida religiosa y
socio-política de toda Arabia.
El Judaísmo se volvió detestablemente hipócrita con respecto a la autoridad. Los rabinos pasaron a ser señores excluyendo al verdadero Señor. Estuvieron involucrados en prácticas dictatoriales sometiendo a la gente y llamando a sus subordinados a rendir cuentas por la más mínima palabra o manifestación de ideología propia. Su único objetivo era la acumulación de riquezas y poder, aun corriendo el riesgo de perder su religión, o de volverse ateos o incrédulos.
El Cristianismo de igual modo abrió sus puertas al politeísmo, y halló mucha dificultad en mantener la esencia celestial de su mensaje. Como práctica religiosa, desarrolló una peculiar mezcla de legislación humana con divina. Sin embargo, no tuvo éxito entre los árabes que lo profesaban, simplemente porque era ajeno a su modo de vida y no tenía la menor relación con su vida práctica.
Los adeptos a otras religiones eran en general politeístas con respecto a sus dogmas, costumbres, y tradiciones.
Características de la sociedad árabe preislámica
Después de la investigación que hicimos de la vida religiosa y política en Arabia creemos apropiado hacer un resumen de los aspectos sociales, económicos y éticos que prevalecían en la región.
La vida social de los árabes
La sociedad árabe presentaba diferentes y heterogéneos grupos sociales. El status de la mujer entre la nobleza registró un avanzado nivel de estima. La mujer gozaba de una considerable libertad, y sus decisiones a menudo eran cumplidas. Era tan apreciada que fácilmente se derramaba sangre defendiendo su honor. De hecho ella era el motivo de disputas o reconciliaciones pacíficas. A pesar de estos privilegios, el sistema familiar en Arabia era totalmente patriarcal. El contrato matrimonial recaía completamente en las manos del representante legal de la mujer y la palabra de éste con respecto a su status marital nunca podía ser cuestionada.
Existía también otro estrato social donde la prostitución y la indecencia
prevalecían. Al Bujâri registró que ‘Aisha
mencionó cuatro clases de relaciones conyugales en la Arabia preislámica:
La primera similar a los matrimonios de hoy en día en el cual un hombre concede
a su hija en matrimonio después del ofrecimiento y estipulada la dote. La
segunda clase, era cuando el esposo enviaba a su esposa, luego del período
menstrual, para que cohabite con otro hombre para que quedara embarazada. Una
vez que diera a luz, su marido si lo deseaba mantendría relaciones sexuales con
ella nuevamente. La tercera clase era cuando un grupo de menos de diez hombres
mantenía relaciones sexuales con una mujer. Luego si daba a luz, ella llamaba a
todos ellos y debían acudir a su convocatoria. Cuando lo hacían ella les decía:
“Sabéis lo que habéis hecho. He tenido un hijo y es tuyo” (señalando a uno de
ellos). El hombre que era señalado debía aceptar. La cuarta clase de relación
sexual consistía en que muchos hombres tuviesen relaciones sexuales con una
prostituta. No se negaba a nadie. Esa clase de mujer colocaba un distintivo en
su puerta para invitar a cualquiera. Si la prostituta quedaba embarazada y daba
a luz, juntaba a los hombres con los que había mantenido relaciones sexuales y
un vidente determinaba al padre del niño. El padre elegido debería asumir su
paternidad. Cuando el Profeta
estableció el Islam en Arabia todas estas maneras de mantener relaciones
sexuales fueron prohibidas excepto la actual, el matrimonio islámico.
[57][1]
Las mujeres siempre acompañaban a sus maridos en las guerras. Los vencedores podrían mantener relaciones con su mujer, pero la desgracia siempre pesaría sobre las criaturas así concebidas.
Los árabes preislámicos no tenían una cantidad fija de esposas. Podían casarse con dos hermanas al mismo tiempo, o aún con las esposas de sus padres si éstas eran divorciadas o enviudaban.
El Corán claramente denunció estas prácticas en las siguientes palabras:
(Y no os caséis con aquellas mujeres con las que vuestros padres hayan estado casados, con la excepción de lo que ya este hecho. Ciertamente es algo indecente y detestable y un mal camino. Se os prohíben vuestras madres, hijas, hermanas, tías paternas, tías maternas, las hijas de vuestro hermano, las hijas de vuestra hermana, vuestras madres de leche que os amamantaron, vuestras hermanas de leche, las madres de vuestras esposas y las hijastras que estén bajo vuestra protección, que sean hijas de mujeres que hayáis tenido y con las que hayáis cohabitado excepto si son de mujeres que habéis tenido y no habéis cohabitado entonces no hay inconveniente. Ciertamente Allâh es Perdonador y Compasivo.)
El divorcio se encontraba en manos del marido.
La obscenidad del adulterio prevaleció en casi todas las clases sociales, a
excepción de unos pocos hombres y mujeres cuya dignidad los mantuvo al margen de
dicho comportamiento. Las mujeres libres estaban en mejores condiciones que las
esclavas, las cuales sufrían la peor parte. Parecía que la mayoría de los árabes
preislámicos no sentían vergüenza de realizar obscenidades. Narró Abu Daûd: “Un
hombre se levantó frente al Profeta Muhammad
y dijo: “¡Oh Profeta de Allâh!
Ese niño es mi hijo. Tuve relaciones sexuales con su madre en el período
preislámico”. El Profeta
pronunció
éstas palabras: “Nada de reclamos en el Islam por los asuntos de la época de la
ignorancia. El hijo debe adjudicarse al lecho donde nació; y la lapidación es
para el adúltero”.
[58][2]
Respecto a las relaciones de los árabes preislámicos con sus hijos, encontramos que la vida en Arabia era paradójica y presentaba un panorama oscuro de contrastes. Mientras que algunos árabes tenían gran afecto y cariño a sus hijos, otros sepultaban a sus hijas vivas por el miedo a la pobreza y la vergüenza que padecían al tenerlas.
El Corán claramente denunció esta práctica de la siguiente manera:
(No matéis a vuestros hijos por temor a la pobreza, nosotros los proveemos) [6:151]
(Y cuando la noticia del nacimiento de una niña les llegaba, sus rostros se volvían oscuros y se llenaban de pena) [16:58-59]
(Y no matéis a vuestros hijos por temor a la pobreza, nosotros los proveemos a ellos y a vosotros) [17:31]
(Y cuando la niña enterrada viva sea preguntada) [81:8]
No puede considerarse, según lo expuesto, que el infanticidio era únicamente por la preferencia a tener hijos varones para combatir contra los enemigos.
Otro aspecto de la vida de los árabes que merece ser mencionado es el profundo sentimiento de pertenencia a un clan o familia. La familia o tal vez el orgullo de pertenencia a una tribu era una de las pasiones más fuertes que sentía el árabe. La doctrina de unidad de los vínculos sanguíneos era la principal razón que tenían los árabes para mantenerse unidos dentro de la vida social que se formaba y sustentaba por el orgullo tribal. El indiscutible lema era: “Apoya a tu hermano aunque fuese un opresor o un oprimido” tomando la frase literalmente; luego el Islam hizo una enmienda a esto explicando que ayudar a un hermano opresor significa impedirle que siga con esa postura.
El deseo del liderazgo y las rivalidades a menudo terminaban en guerras violentas entre tribus a pesar de ser descendientes de un mismo ancestro. Al respecto son notables ejemplos, los sangrientos conflictos entre Aus y Jazraÿ, ‘Abs y Dhubiân, Bakr y Taglib.
Las relaciones entre las tribus eran frágiles y débiles debido a las continuas guerras. La profunda devoción a las supersticiones religiosas y algunas costumbres, sin embargo, solían reducir el impulso por la sed de venganza. En otras ocasiones, existían motivos para aliarse, apoyarse y tenerse lealtad recíproca que traían consigo un espíritu de conformidad única, eliminando posibles disputas. Una honorable costumbre de suspender las hostilidades durante los meses sagrados (Muharram, Rayab, Dhul-Qa‘dah, y Dhul-Hiÿÿa) era favorable y proveía la oportunidad para ganarse la vida y coexistir en paz.
En resumen, la situación social en la Arabia preislámica se desarrollaba dentro de la oscuridad y la ignorancia, en un enredo de supersticiones que paralizaba sus mentes y los llevaba a tener una vida similar a la de las bestias. La mujer era un bien negociable y se consideraba un objeto. Las relaciones entre las tribus eran frágiles. La codicia por las riquezas y las guerras entre tribus eran los principales objetivos que regían las políticas de conducción de los jefes tribales.
[59][1] Sahih Al Bujâri número 5127, Sunan Abu Daûd - el Libro del casamiento, capítulo referido a las clases de matrimonio de la época de la ignorancia.
La Situación Económica
La situación económica iba a la par del ámbito social. El modo de vida árabe lo demuestra claramente. El comercio fue el medio más común de alcanzar las necesidades básicas para la subsistencia. Los viajes mercantiles no se llevaban a cabo sino en las rutas seguras para las caravanas con paz entre las tribus, dos necesidades ausentes excepto en los meses sagrados cuando los árabes sostenían sus reuniones en las ferias de ‘Ukaz, Dhil-Majaz, Miÿannah y otras.
Arabia era la región más alejada de la industria. La industria del tejido y la costura eran provistas por la gente del Yemen, Hîrah y las fronteras sirias. En el interior de la región existía cierta clase de agricultura y ganadería. Casi todas las mujeres árabes trabajaban en el arte de hilar, pero incluso ésta actividad se veía interrumpida por las constantes guerras. En general, la pobreza, el hambre y la escasez de vestimenta era lo que prevalecía y caracterizaba a la economía de Arabia.
La ética
No podemos negar que los árabes preislámicos tenían muchos males. Siendo estos males y vicios rechazados por la razón, pero ello jamás podría haber ocultado la sorprendente existencia de virtudes loables, de las cuales mencionaremos las siguientes:
1. La Hospitalidad: Solían competir entre sí por la hospitalidad, enorgulleciéndose de ella. Numerosas poesías estuvieron dedicadas a elogiar el buen trato o a denunciar el maltrato al huésped. Un hombre podía visitar a otro que sufría mucho frío y hambre, el dueño de casa a pesar de que no tenía bienes excepto una camella de la cual la vida del resto de su familia dependía, la sacrificaría para agasajar a su huésped. No vacilaban en pagar grandes indemnizaciones o en afrontar otras penurias con tal de frenar el derramamiento de sangre, lo cual era motivo de admiración y elogio.
Entre sus principales rasgos estaba elogiar el consumo del vino, no por jactarse del mismo sino por ser un medio para demostrar hospitalidad. Por estas razones la uva para el vino era llamada "Karm", la misma palabra que se usa para describir la hospitalidad.
Cuando miramos las colecciones de poemas de la época preislámica encontramos numerosos capítulos de elogios, orgullo y vanidad.
El juego de azar era otra práctica asociada a la generosidad, debido a que las ganancias se destinaban a la caridad. Incluso el Noble Corán no le resta importancia al beneficio derivado del vino y del juego, pero también dice:
(Pero el daño que causan es mayor que su beneficio) [2:219]
2. Respetar el convenio. Para el árabe, hacer una promesa significaba estar en deuda. Nunca repararía en la muerte de sus hijos o en la destrucción de su casa por sostener la inalterable tradición de cumplir con un convenio. La literatura de este período es rica en historias que demuestran esta virtud.
3. Sentido del honor y el repudio a la injusticia: Este atributo se consideraba principalmente como gran exceso de coraje y autoestima. El árabe siempre estuvo dispuesto a censurar la menor insinuación de humillación y flojedad. Nunca dejaría de sacrificarse por mantener su sentimiento de honor.
4. Firme determinación y voluntad. El árabe nunca desistió de conducirse por el camino que llevaba a mantener su orgullo y honor, aún a costa de su vida.
5. Paciencia, Perseverancia y bondad. El árabe admiraba estas características, no obstante, debido a la vida que llevaban con mucho ímpetu y coraje se consideraban con poca necesidad de demostrar estas cualidades.
6. Una simple y sencilla vida nómada, Alejados de las apariencias de la engañosa vida de la ciudad mantenían una naturaleza propia de honestidad, alejados del engaño y la traición.
Dicha ética invalorable acompañada con la favorable posición geográfica de Arabia, fueron los factores que estuvieron presentes en la elección de los árabes para cargar con la responsabilidad de transmitir el Mensaje del Islam, y conducir a la humanidad en un nuevo curso de vida.
Lo más apreciado dentro de esta ética, después de cumplir los convenios, fue sin duda su gran sentido de autoestima y una fuerte determinación, dos cualidades humanas indispensables para combatir el mal y eliminar la corrupción moral, por un lado, y establecer una sociedad justa por el otro.
[60][2] Abu Daûd - Capítulo El niño pertenece al dueño de la cama donde nació.
Con respecto al linaje de Muhammad
, hay tres partes: La primera, cuya veracidad es respaldada por los biógrafos y
estudiosos de la genealogía, la cual dice que la ascendencia de Muhammad
se
remonta a 'Adnân. La segunda, con muchos desacuerdos, se remonta más allá de
'Adnân hasta Ibrâhîm
.
La tercera, con muchos componentes incorrectos se remite más allá de Ibrâhîm
hasta
alcanzar a Adam
.
Algunos de estos conceptos han sido comentados anteriormente, pero aquí mencionaremos en detalle estas tres partes de su linaje.
El primero:
Muhammad
Ibn ‘Abdullah Ibn ‘Abdul-Muttalib (llamado Shaibah) Ibn Hâshim,
(llamado ‘Amr) Ibn ‘Abd Manâf (llamado Al-Mugîrah) Ibn Qusai (llamado
Zaid) Ibn Kilâb Ibn Murrah Ibn Ka‘b Ibn Lua’i Ibn Gâlib Ibn Fihr (llamado
Quraish y su tribu fue llamada así después de él) Ibn Malik Ibn An-Nadr
(llamado Qais) Ibn Kinânah Ibn Juzaimah Ibn Mudrikah (llamado ‘Amir) Ibn
Elias Ibn Mudar Ibn Nizâr Ibn Ma‘ad Ibn 'Adnân
[61][1]
La segunda:
'Adnân Ibn Add Ibn Humaisi‘ Ibn Salâmân Ibn 'Aus Ibn Buz Ibn
Qamual Ibn Ubai Ibn ‘Auuâm Ibn Nâshid Ibn Haza Ibn Bildâs Ibn
Iadlâf Ibn Tabij Ibn Yahim Ibn Nahish Ibn Mâji Ibn 'Aid
Ibn ‘Abqar Ibn ‘Ubaid Ibn Ad-Da‘a Ibn Hamdân Ibn Sanbir Ibn Iazrabi Ibn
Iahzin Ibn Ialhan Ibn Ar‘awi Ibn Aid Ibn Deshân Ibn 'Aisar
Ibn Afnâd Ibn Aihâm Ibn Muqsar Ibn Nâhiz Ibn Zârih
Ibn Sami Ibn Mazzi Ibn ‘Awdah Ibn ‘Arâm Ibn Qaidâr Ibn Isma’il
hijo de Ibrâhîm
.
[62][2]
La tercera:
Ibrâhîm
Ibn
Târih (Azar) Ibn Nâhûr Ibn Sârû‘(o Sarug) Ibn Ra‘u Ibn
Falij Ibn 'Abir Ibn Shâlij Ibn Arfajshad Ibn Sâm (Sem, padre de
los semitas) Ibn Nûh
(Noé)
Ibn Lamik Ibn Mutuashlaj Ibn Ajnûj -se menciona que era el Profeta
Idrís
-
Ibn Yarid Ibn Mahla’il Ibn Qainan Ibn Anushah Ibn Shiz (Seth) Ibn
Adam
(Adán).[63][3]
[64][1] Ibn Hishâm, 1/1-2, y Târij At-Tabari 2/239-271.
La familia del Profeta
![]()
La familia del Profeta Muhammad
es
llamada la familia Hâshimita por su abuelo Hâshim Ibn ‘Abd Manâf.
Permítanme hablar un poco de Hâshim y sus descendientes.
1. Hâshim: Como mencionamos anteriormente, era el único responsable de suministrar agua y comida a los peregrinos. Ese había sido su cargo cuando los hijos de ‘Abd Manâf y los de ‘Abd Ad-Dar se comprometieron a dividir las obligaciones entre ellos. Hâshim era rico y honesto. Era el primero en ofrecer a los peregrinos pan y sopa. Su primer nombre fue ‘Amr pero fue llamado Hâshim por desmenuzar pan entre los peregrinos. También fue el primer hombre que inició los viajes de invierno y verano de Quraish. Se ha narrado que fue a Siria como comerciante. Cuando retornó fue a Medina donde se casó con Salma (hija de ‘Amr perteneciente a Bani ‘Adi Ibn An-Nayyâr). Permaneció un tiempo junto a ella en Medina y luego viajó nuevamente a Siria mientras ella se encontraba embarazada. Murió en Gaza, Palestina, en el año 497 dC posteriormente, su esposa dio a luz a ‘Abdul-Muttalib y lo llamó Shaibah, por la blancura de su cabello [65][1], y lo crió en la casa de su padre en Medina. Ninguno de sus familiares de La Meca supo de su nacimiento. Hâshim tuvo 4 hijos: Asad, Abu Saifi, Nadlah y ‘Abdul-Muttalib; y cinco hijas: Ash-Shifa, Jâlidah, Da‘ifah, Ruqaiah y Ÿannah.[66][2]
2. ‘Abdul-Muttalib: Recientemente hemos visto que tras la muerte de Hâshim, el suministro de agua y comida pasó a ser responsabilidad de su hermano Al-Muttalib Ibn ‘Abd Manâf. Cuando ‘Abdul-Muttalib llegó a la niñez, su tío Al-Muttalib supo de él y fue a Medina para buscarlo. Cuando lo vio, las lágrimas brotaron de sus ojos; lo abrazó y montó en su camello. Sin embargo, el chico, se abstuvo de ir con él a La Meca, hasta que obtuviera el permiso de su madre. Al-Muttalib le pidió a ella que dejara que el niño fuera con él a La Meca, pero ella rehusó. Se las arregló para convencerla diciendo: “Tu hijo irá a La Meca para restablecer la autoridad de su padre y para vivir en las cercanías de la Casa Sagrada”. En La Meca, la gente se sorprendió al ver a 'Abdul-Muttalib, y llegaron a pensar que era el esclavo de Al-Muttalib, pero éste anunció: “Él es mi sobrino, el hijo de mi hermano Hâshim”. El chico fue criado en la casa de Al-Muttalib, pero después de la muerte de Al-Muttalib en Bardman, Yemen, ‘Abdul-Muttalib asumió sus funciones y mantuvo el prestigio de su gente sobrepasando a sus abuelos con su honorable comportamiento, ganándose así un profundo amor y una gran estima.[67][3]
Cuando Al-Muttalib murió, Naufal usurpó las ocupaciones de ‘Abdul-Muttalib; entonces ‘Abdul-Muttalib pidió ayuda a los Quraishíes pero se abstuvieron de brindar asistencia a cualquiera de ellos. Debido a esto escribió a sus tíos de Bani An-Naÿÿâr (los hermanos de su madre) para que vinieran a socorrerlo. Su tío Abu Sa‘d Ibn ‘Adi (hermano de su madre) marchó hacia la La Meca liderando un grupo de ochenta jinetes, acampando en Abtah en La Meca. ‘Abdul-Muttalib los recibió y los invitó a su casa pero Abu Sa‘d dijo: “No antes de que me encuentre con Naufal”. Cuando encontró a Naufal sentado junto a unos ancianos de Quraish en la sombra de Al-Ka'bahh , Abu Sa‘d desenfundó su espada y sentenció: “Juro por Allâh que si no le devuelves a mi sobrino lo que le sacaste te mataré con esta espada”. Naufal fue forzado a abandonar lo que usurpó y los notables de Quraish fueron testigos de sus palabras. Luego Abu Sa‘d fue a la casa de ‘Abdul-Muttalib donde se quedó tres noches, hizo la ‘Umrah y retornó a Medina. Más tarde, Naufal se alió a Bani ‘Abd Shams Ibn ‘Abd Manâf contra Bani Hâshim. Cuando la tribu de Juza‘ah vio a Bani An-Naÿÿâr asistiendo a ‘Abdul-Muttalib dijeron: “Es nuestro hijo como lo es de ustedes. Tenemos más motivos para ayudarlo que ustedes”. La madre de ‘Abd Manâf era uno de ellos. Fueron a la casa de An-Nadua y se aliaron con Bani Hâshim en contra de Bani ‘Abd Shams y Naufal. Fue una alianza que más tarde constituyó el principal motivo para la conquista de La Meca [68][4]. ‘Abdul-Muttalib presenció dos importantes acontecimientos en su vida, la excavación del pozo de Zamzam y la invasión del Elefante.[69][5]
‘Abdul-Muttalib recibió una orden en sueños que consistía en cavar el pozo de Zamzam en un lugar en particular. Así lo hizo y encontró los tesoros que los hombres de Ÿurhum habían enterrado cuando fueron forzados a dejar La Meca. Halló las espadas, armaduras y los dos venados de oro. La puerta de la Ka´bah fue sellada con las espadas de oro y los dos venados luego de que la tradición de proveer agua de Zamzam a los peregrinos fuera establecida.
Cuando del pozo de Zamzam comenzó a emanar agua, Quraish
exigió participar del hecho, pero Abdul-Muttalib rechazó sus demandas,
basándose en que Allâh
le había designado para tan noble tarea. Para hallar una solución a la disputa,
acordaron consultar a un adivino de Bani Sa’d. Cuando fueron a su encuentro, Allâh
les
mostró Sus designios que confirmaban la preeminencia de ‘Abdul-Muttalib
concerniente al sagrado pozo. Sólo así hicieron que ‘Abdul-Muttalib
hiciera la solemne promesa de sacrificar a uno de sus hijos adultos a la
Ka´bah si llegaba a tener diez hijos.
El segundo suceso fue cuando Abrahah As-Sabâh Al-Habashi, virrey de Abisinia (Etiopía) en el Yemen viendo que los árabes realizaban la Peregrinación a la Ka'bahh construyó una gigantesca iglesia en San‘a para que los peregrinos árabes dejen de concurrir a La Meca y asistan a su iglesia. Un hombre de la tribu de Kinânah entendió su motivo, y entró a la iglesia de noche para tirar excremento en una de sus paredes. Cuando Abrahah se enteró del hecho se enfureció y lideró un gran ejército compuesto por sesenta mil guerreros con el fin de demoler la Ka'bahh. En su ejército había entre nueve y trece elefantes, y eligió el elefante más grande para él mismo. Marchó hasta que llegó a un lugar llamado Al-Magmas. Ahí movilizó sus tropas y preparó los elefantes, estando todos listos para entrar en La Meca. Cuando alcanzó el valle de Muhassar entre Muzdalifah y Mina el elefante se arrodilló y se negó a continuar. Cuando era dirigido hacia el norte, sur o este lo hacía apresuradamente pero cuando lo conducían en dirección a la Al-Ka'bahh rumbo al oeste se arrodillaba.
Entonces, Allâh
envió
pájaros sobre ellos que arrojaban piedras de arcilla cocida. Estas aves eran muy
parecidas a las golondrinas y los gorriones, cada una llevaba tres piedras; una
en su pico y las otras dos una en cada pata. Las piedras que golpearon a los
hombres de Abraha cortaban sus miembros y los aniquilaban. Un gran número de los
soldados de Abraha murió de ésta forma y otros tantos huyeron muriendo luego.
Abraha sufrió una infección en la punta de sus dedos, los cuales le fueron
amputados. Al llegar a San‘a, estaba en un estado deplorable y más tarde
murió.
Los Quraishíes para salvar sus vidas huyeron a lo alto de montes y montañas. Cuando el enemigo se dispersó volvieron a casa sanos y salvos.[70][6]
El incidente del Elefante tuvo lugar en el mes de Muharram, cincuenta o
cincuenta y cinco días antes del nacimiento del Profeta Muhammad
,
correspondiente a finales de febrero o principios de marzo del 571 dC Fue un
regalo de Allâh
para
Su Profeta
y
su familia. Es considerado como un augurio divino, anunciador de la luz que
vendría y del advenimiento del Profeta
y
su familia. En contraste a esto, Jerusalén había sufrido atrocidades bajo el
yugo de los enemigos de Allâh,
ya que fuera invadida por Nabucodonosor en el 587 AC y por los romanos en el 70
dC La Ka´bah, por la merced divina, nunca cayó bajo el control de los
cristianos (los musulmanes de aquel entonces), aunque se encontraba poblada de
politeístas.
Las noticias sobre la invasión del Elefante alcanzaron los rincones más
distantes del mundo. Abisinia (Etiopía) mantuvo fuertes lazos con los romanos,
mientras que los persas, estuvieron atentos a cualquier cambio estratégico que
se vislumbrara en el horizonte socio-político, y rápidamente ocuparon el Yemen.
Incidentalmente, los imperios romano y persa permanecieron integrando el
poderoso mundo civilizado de aquella época. El incidente del Elefante cautivó la
atención del mundo sobre lo sacro de la Casa de Allâh,
y mostró que ésta había sido escogida por Allâh
para
su consagración. Por lo que si alguien de su gente clamara la Profecía sería
coherente con el incidente del elefante.
‘Abdul-Muttalib tuvo diez hijos, Al-Hâriz, Az-Zubair, Abu Tâlib, ‘Abdullah, Hamzah, Abu Lahab, Al-Gidaq, Maqwam, Safar y Al-‘Abbâs. Algunos dicen que tuvo once hijos, agregando a Qâsim. Aún otros dicen que tuvo trece hijos, agregando los nombres de ‘Abdul-Ka'bahh y Haÿla. Se dice que ‘Abdul-Ka'bahh es Maqwam y que Haÿla es Al-Gidaq, y que no tuvo un hijo llamado Qâsim. Tuvo también seis hijas, llamadas: Umm Al-Hakim también llamada Al-Baidha’, Barrah, ‘Atikah, Safiîah, Arûa y Umaimah.[71][7]
3. ‘Abdullah: Era el padre del Profeta Muhammad
.
Su madre fue Fátima, hija de ‘Amr Ibn ‘A’idh Ibn ‘Imran Ibn Majzûm Ibn
Iaqdhah Ibn Murrah. ‘Abdullah era el más inteligente de los hijos de
‘Abdul-Muttalib y el más querido y amado por su padre. Fue el hijo
designado por las flechas para ser sacrificado en la Ka'bahh. Cuando
‘Abdul-Muttalib tuvo diez hijos y estos alcanzaron la madurez, les
divulgó su secreta promesa y silenciosamente obedecieron. Sus nombres fueron
escritos en las flechas y éstas fueron arrojadas ante su más querido ídolo,
Hubal. Las flechas fueron tiradas al azar y la que llevaba el nombre de
‘Abdullah mostró que debía ser sacrificado. ‘Abdul-Muttalib tomó su hijo
hacia la Ka'bahh con un cuchillo para sacrificarlo. Sin embargo, los
Quraishíes, sus tíos de la tribu de Majzûm y su hijo Abu Tâlib,
trataron de persuadirlo para que no lo haga. Tomó en cuenta sus consejos, donde
le sugerían que debía consultar a una adivina para que decida el asunto. Esta
ordenó que las flechas sean arrojadas nuevamente pero incluyendo diez camellos y
‘Abdullah. Dijo también que cada vez que salga el nombre de ‘Abdullah se debían
agregar diez camellos más. La operación se realizó hasta llegar a los cien
camellos. En este momento salió en la flecha los camellos y fueron sacrificados
en lugar de su hijo. Los camellos sacrificados fueron puestos a disposición de
quien quiera comer de ellos.
Este incidente produjo un cambio en la suma de indemnizaciones por muertes en
Arabia. Hasta ese momento eran diez los camellos ofrecidos, pero a partir de
este suceso se incrementó el número a cien camellos. El Islam más tarde
aprobaría este número. Se reportó que el Profeta
dijo:
“Soy el descendiente de los dos que iban a ser sacrificados” haciendo referencia
a Ismael
y a su padre ‘Abdullah.[72][8]
‘Abdul-Muttalib eligió a Aminah, hija de Uahab Ibn ‘Abd Manâf Ibn Zahrah
Ibn Kilâb, como esposa para su hijo ‘Abdullah. También ella, a la luz de su
linaje, se ubicaba con eminencia en cuanto a nobleza y decencia. Su padre era el
jefe de Bani Zahrah los cuales poseían gran honorabilidad. Se casaron en
La Meca, y más tarde ‘Abdullah fue enviado por su padre a comprar dátiles a
Medina donde murió. En otra versión se narra que ‘Abdullah fue a Siria a
comerciar y de regreso murió en Medina. Fue enterrado en la casa de An-Nâbigah
Al- Ÿa‘di. Tenía 25 años cuando falleció. La mayoría de los historiadores
relatan que murió dos meses antes de que naciera su hijo Muhammad
.
Otros aseguran que murió dos meses después del nacimiento del Profeta
[73][9]
Cuando Aminah se enteró de la muerte de su marido, efectuó en su memoria la más
tierna y conmovedora lamentación
[74][10]
‘Abdullah dejó pocos bienes– cinco camellos, unas pocas cabras, y una sirvienta,
llamada Barakah – Umm Aiman – quien más tarde amamantó al Profeta
.[75][11]
[76][1] Ibn Hishâm 1/137, 157, tanto como Ar-Rawdh Al-Anf.[77][2] Ibn Hishâm, 1/107.
EL NACIMIENTO DE MUHAMMAD
CUARENTA AÑOS ANTES DE LA PROFECIA
Nacimiento:
Muhammad
, el líder de los Profetas, nació en el sector de Bani Hâshim en La Meca,
un lunes por la mañana, el día nueve de Rabi’ Al-Auual, el mismo año que tuvo
lugar el incidente del Elefante, un veinte o veintidós de abril del 571 d. C.,
de acuerdo al sabio Muhammad Sulaimân Al-Mansourpuri y al astrónomo Mahmûd
Pasha.[78][1]
Reportó Ibn Sa‘d que la madre de Muhammad dijo: "Cuando nació hubo una luz que salió de mí y alumbró los palacios de Siria". Ahmad y Ad-Dârimi reportaron algo similar.[79][2]
Fue reportado que hechos significantes acompañaron su nacimiento: catorce balcones del palacio de Kisra se derrumbaron, el fuego sagrado de los Magos zoroastrianos se apagó, y algunas iglesias del lago de Sawa se hundieron y colapsaron. Esto fue registrado por At-Tabari, Al-Baihaqi y otros pero ninguna de las cadenas de narradores está confirmada.[80][3]
Su madre mandó inmediatamente a informarle a su abuelo ‘Abdul-Muttalib
tan alegre suceso. Felizmente se acercó a ella, lo tomó y lo llevó a la
Ka'bahh, donde alabó y agradeció a Allâh
.[81][4]
‘Abdul-Muttalib lo llamó Muhammad un nombre que no era común entre
los árabes de esa época. Le realizó la circuncisión en su séptimo día como era
costumbre entre los árabes.
[82][5]
La primera mujer que lo amamantó luego de su madre fue Zuaîbah, la concubina de Abu-Lahab, junto con su hijo, Masrûh. Ella había amamantado a Hamzah Ibn ‘Abdul-Muttalib y posteriormente amamantó a Abu Salamah Ibn ‘Abdul-Asad Al-Majzûmi.[83][6]
Infancia:
La costumbre común de los árabes que vivían en ciudades era enviar a sus hijos con niñeras beduinas con el propósito de que crecieran libres y saludables en el desierto, para poder también robustecerse y aprender el lenguaje puro de los beduinos y adquirir sus modales, que eran reconocidos por la honradez y la carencia de numerosos vicios que normalmente se desarrollan en sociedades sedentarias.
El Profeta
fue
confiado más tarde a Halîmah bint Abi Dhuaib perteneciente a Bani Sa‘d
Ibn Bakr. Su esposo fue Al-Hâriz Ibn ‘Abdul ‘Uzza llamado Abu Kabshah,
de la misma tribu.
Muhammad
tuvo muchos hermanos y hermanas de leche, ‘Abdullah Ibn Al-Hâriz, Anisah
bint Al-Hâriz, Hudhafah o Yudhamah bint
Al-Hâriz (conocida como Ash-Shaima’),
Abu Sufián Ibn Al-Hâriz Ibn ‘Abdul-Muttalib, el primo del
Profeta
.
Hamzah Ibn ‘Abdul-Muttalib, el tío (paterno) del Profeta
,
fue amamantado por las mismas dos nodrizas, Zuaibah y As-Sa‘diah, que
amamantaron al Profeta
.[84][1]
La tradición nos relata como Halîma y su familia fueron favorecidos de
varias maneras mientras Muhammad
vivió
bajo su cuidado. Ibn Ishâq registró que Halîma narró que ella
junto a su esposo y un niño aun lactante partieron de su pueblo en compañía de
algunas mujeres de su clan en busca de niños a quienes amamantar. Ella dijo:
“Fue un año de hambruna y sequía y no teníamos nada para comer. Monté una burra
marrón. Poseíamos también con nosotros una camella vieja. Juro por Allâh
que no podíamos siquiera obtener una gota de leche. No pudimos conciliar el
sueño durante la noche porque el niño lloraba de hambre. No había suficiente
leche en mi pecho y la camella no tenía nada para alimentarlo. Solíamos suplicar
constantemente para que llueva y se aliviaran nuestras penas. Fuimos a La Meca
buscando niños para amamantar. Ni una sola mujer de las nuestras aceptó al
Mensajero de Allâh
para
amamantarlo, cuando se enteraban que era huérfano. Habíamos fijado nuestros ojos
en la recompensa que obtendríamos del padre del niño ¡Un huérfano! ¿Para qué
estaban su abuelo y su madre? Así que en principio lo rechazamos. Cada mujer de
mi clan consiguió a alguien para amamantar y cuando estuvimos a punto de partir,
le dije a mi esposo: “Por Allâh,
no quiero regresar con las otras mujeres sin ningún bebé para amamantar. Debería
ir a buscar a ese huérfano y llevarlo”. Me contestó: “No hay daño en hacerlo y
tal vez Allâh
nos bendiga con él.’ Así que fui y me lo llevé porque no había otra alternativa
para mí que esa. Cuando lo cargué en mis brazos y regresé a mi lugar lo coloqué
en mi pecho y para mi gran sorpresa, estos se encontraban llenos. Bebió hasta
satisfacerse, y también lo hizo su hermano de leche y luego ambos se durmieron
aunque mi bebé no pudo dormir la noche anterior. Mi esposo fue hacia la camella
para ordeñarla, y para su asombro, la encontró llena de leche. Ordeñó y bebimos
hasta saciarnos, y gozamos de un buen sueño durante la noche. A la mañana
siguiente, mi marido dijo: “Por Allâh,
Halima, debes entender que has traído un niño bendecido”. Respondí: “Por
la gracia de Allâh,
espero que así sea”.
La tradición nos menciona que Halima y su familia tivieron una vida
agraciada mientras el Profeta
permaneció
con ellos, rodeados de un aura de buena fortuna. La mula en que los llevaba a La
Meca casi se desplomaba; pero recuperó fuerzas para el asombro de los
acompañantes de Halima. Luego cuando llegaron a los campamentos en
territorio del clan Sa’d, encontraron todo a su favor. En la tierra árida
crecieron pasturas y el ganado volvía satisfecho y lleno de leche. Muhammad
estuvo
con Halima dos años hasta que fue destetado. Halima nos cuenta así
este episodio:
“Entonces lo llevamos con su madre insistiéndole para que le permita quedarse
con nosotros y así beneficiarnos de la buena ventura y las bendiciones que nos
traía. Insistimos en nuestro pedido aludiendo que nuestra ansiedad era que el
niño no se contagie de alguna peste en La Meca. Al fin se nos concedió nuestro
deseo y el Profeta
permaneció
con nosotros hasta que lo devolvimos”.[85][2]
El Profeta
permaneció
con ellos hasta los cuatro o cinco años de edad.[86][3]
Encontramos en Sahih Muslim el relato de Anas: que
el Ángel Gabriel
descendió y abrió su pecho para sacar su corazón. Entonces extrajo un coágulo
negro de éste y dijo: “Ésta era la parte de Shaitân en ti”. Luego
lo lavó con agua de Zamzam en un recipiente de oro. Después
devolvió el corazón a su sitio. Los niños y compañeros de juego fueron corriendo
hacia su madre, o sea, su nodriza, y dijeron: “¡Muhammad ha sido
asesinado!” Todos se dirigieron a él y lo hallaron en buen estado excepto que su
rostro estaba pálido. Dijo Anas: “He visto las cicatrices que quedaron en su
pecho”.[87][4]
Retornando a su amada madre
Después de éste suceso, Halîma se preocupó por el niño y lo devolvió a su madre con quien permaneció hasta los seis años de edad.[88][1]
Respetando la memoria de su esposo, Aminah decidió visitar su tumba en Iazrib (Medina). Recorrió una distancia de 500 kilómetros acompañada de su hijo huérfano (de padre), su esclava Umm Aiman y su suegro ‘Abdul-Muttalib. Permanecieron allí un mes y luego regresaron a La Meca. En el camino de retorno, le sobrevino una grave enfermedad, de la cual murió entre La Meca y Medina.[89][2]
[90][1]Talqih Fuhum Ahl-al-Azar, pág. 7; Ibn Hishâm, 1/168.
Viviendo con su compasivo abuelo
‘Abdul-Muttalib llevó al niño a La Meca. Le tenía un gran afecto, dado
que con la reciente desgracia (la muerte de su madre), aumentaban sus penas.
‘Abdul-Muttalib era más cariñoso con su nieto que con sus propios hijos.
Ibn Hishâm reportó: “Una estera fue colocada bajo la sombra de la
Ka´bah para ‘Abdul-Muttalib. Sus hijos solían sentarse alrededor de
ella por respeto a su padre, pero Muhammad
solía
sentarse sobre ella. Si sus tíos lo veían hacer eso, lo retiraban, sin embargo,
si ‘Abdul-Muttalib estaba presente, les decía: “Dejad a mi nieto. Juro
por Allâh
que éste niño tendrá una posición destacada”. Solía sentar al niño sobre su
estera, palmear su espalda y siempre se complacía de sus acciones.
[91][1]
Cuando Muhammad
contaba
con ocho años, dos meses y diez días de edad, murió su abuelo ‘Abdul-Muttalib
en La Meca y pasó al cuidado de su tío Abu Tâlib, hermano de su padre.
Abu Tâlib cuidó de su sobrino, dejándolo junto a sus hijos y dándole preferencia sobre ellos. Trató siempre al niño con mucho respeto y gran estima.
Abu Tâlib permaneció cuarenta años cuidando, protegiendo y asistiendo a
su sobrino tanto como le fuera posible. Sus relaciones con los demás fueron
determinadas según el trato que estos mostraban al Profeta
.
Ibn 'Asâkir reportó, que Yalhamah Ibn ‘Arfutah dijo: “Llegué a La Meca en un año de sequía; así que Quraish dijo: “¡Abu Tâlib! El valle se ha vuelto árido y los niños están hambrientos, supliquemos para que llueva”. Abu Tâlib se dirigió a la Ka´bah con un jovencito que era tan hermoso como el Sol, acompañándolo una nube oscura sobre su cabeza. Abu Tâlib y el chico se colocaron junto a la pared de la Ka´bah y suplicaron para que llueva. Inmediatamente, nubes de distintas direcciones se juntaron, y comenzó a llover torrencialmente desbordando los manantiales y rebrotando las plantas en las villas y los campos”. [92][2]
El monje llamado Bahira
Cuando el Mensajero de Allâh
tenía 12 años, dos meses y diez días,
[93][1]
viajó con su tío Abu Tâlib a Siria con fines comerciales. Cuando llegaron
a Busra (que era una parte de Siria, en las proximidades de Hurân bajo
dominio romano) había un monje conocido como Bahira (dicen que su
nombre era Jorge). Cuando llegaron, salió a su encuentro, y aunque no los había
visto antes, inmediatamente reconoció al Profeta
y dijo mientras tomaba su mano: “Este es el más sobresaliente de los humanos.
Allâh
lo enviará con un Mensaje que será misericordia para toda la humanidad”. Abu
Tâlib le preguntó: “¿Cómo sabes eso?”. Le respondió: “Cuando aparecieron en
la dirección de ‘Aqabah, todas las piedras y árboles se prosternaron, cosa que
nunca hacen excepto ante un Profeta
.
Puedo reconocerlo por el sello de la Profecía que se encuentra debajo de su
hombro, como una manzana. Estos signos los encontramos en nuestros libros”.
Finalmente le pidió a Abu Tâlib que lo envíe de regreso a la La Meca y no
lo lleve a Siria por temor a los romanos y los judíos. Abu Tâlib tomó en
cuenta sus palabras y lo mandó de regreso a La Meca con algunos de sus
sirvientes.[94][2]
[95][1]Esto fue dicho por Ibn Al-Yauzí en Talqih Fuhum Ahl-al-Azar, pág. 7.
Las guerras profanas
A los veinte años de edad el Profeta e fue testigo de las llamadas guerras profanas, que eran causa de aflicciones y numerosas muertes durante largos años, entre Quraish y Banu Kinânah y Qais ‘Ailân por el otro lado. Fueron llamadas de esa manera porque lo sagrado fue quebrantado, incluido los meses sagrados. Harb Ibn Umaiah, por su eminente posición y honorable origen, solía ser el líder de Quraish y de sus aliados. En una de esas batallas, el Profeta e ayudó a sus tíos. Su tarea se limitaba a recoger las flechas del enemigo en cuanto caían, y alcanzarlas a sus tíos.[96][1]
La Confederación Al-Fudûl:
Cuando finalizaron estas guerras durante el sagrado mes de Dhul Qa‘dah, y la paz
fue restablecida, la gente sintió la necesidad de formar una confederación en La
Meca para suprimir la violencia y la injusticia, y reintegrar los derechos de
los débiles y destituidos. Representantes de Banu Hâshim, Banu Al-Muttalib,
Asad Ibn ‘Abd Al-‘Uzza, Zahrah Ibn Kilâb y Taim Ibn Murrah fueron
convocados para reunirse en la casa de un honorable anciano llamado ‘Abdullah
Ibn Ÿada‘ân At-Taimí para dedicarse a tan noble tarea. El Mensajero de Allâh
al poco tiempo de ser honrado con la Profecía, al haber presenciado dicho
acontecimiento comentó: “Estuve presente en la confederación que se realizó en
la casa de ‘Abdullah Ibn Ÿada‘ân. Me ha sido mucho más grato que (obtener) una
manada de ganado. Aún ahora en el período islámico yo respondería positivamente
a tal encuentro si fuera invitado”.[97][1]
De hecho, el espíritu noble y postulados de esa confederación era muy contrarios a el actuar de las tribus árabes de la época de la ignorancia, el cual era motivado casi siempre por la ascendencia sanguínea y no así por algún tipo de código de ética. La historia que condujo a su realización cuenta que un hombre del clan Zubaid llegó como comerciante a La Meca, donde vendió algunas mercaderías a Al-‘As Ibn Uail As-Sahmí, y éste último evadió el pago de los bienes. El vendedor solicitó la ayuda de algunos de sus aliados de los clanes Quraishíes, pero estos no prestaron el más mínimo interés en sus reclamos. Entonces, se paró en la cima de una colina y en voz alta recitó versos denunciando la injusticia sufrida. Az-Zubair Ibn ‘Abdul-Muttalib se interesó en el asunto, y en consecuencia, los representantes antes mencionados de dicha confederación acordaron en el encuentro forzar a Al-‘As Ibn Ua’il a pagar la deuda contraída con Zubaid. [98][2]
Los trabajos de Muhammad
![]()
Muhammad
,
no tuvo un trabajo específico
en su juventud pero se ha reportado que trabajó como pastor para Bani Sa‘d[99][1]
y en La Meca como asalariado.[100][2]
A la edad de 25 años, viajó a Siria como comerciante en representación de
Jadîÿa. Ibn Ishâq registró que Jadîÿa, hija de Juailid, era una mujer de
negocios muy honorable y muy rica. Solía emplear gente para que realice sus
negocios dándole un porcentaje de las ganancias conseguidas. Los Quraishíes
eran comerciantes, y cuando Jadîÿa fue informada sobre Muhammad
,
la veracidad de su palabra, su gran honestidad y sus excelentes modales, lo
mandó llamar. Le ofreció dinero para ir a Siria y hacer negocios en su nombre, y
le daría un porcentaje más alto que a los demás. También enviaría a su
sirviente, Maisarah, con él. Él aceptó y fue
con el sirviente a comerciar a Siria.[101][3]
Cuando retornó a la La Meca, Jadîÿa notó más ganancias y bendiciones de lo que
estaba acostumbrada a ver. Su sirviente le comentó sobre los buenos modales,
honestidad, seriedad, sinceridad y rectitud de Muhammad
.
Numerosos notables habían solicitado su mano en matrimonio pero Jadîÿa siempre
rechazaba los ofrecimientos. Así fue que esta vez ella confesó su deseo de
casarse a su amiga Nafîsah, hija de Muniah, quien inmediatamente fue a informar
a Muhammad
.
Él aceptó y pidió a sus tíos para que hablasen con los tíos de Jadîÿa y
arreglaran la boda. El matrimonio fue presenciado por Bani Hâshim y los
lideres de Mudar. La dote constó de veinte camellos. Ella tenía cuarenta
años y era considerada la mejor mujer en linaje, riqueza y sabiduría. Fue la
primera esposa del Mensajero de Allâh
,
quien no volvió a casarse sino hasta después de su muerte.
Con la excepción de Ibrâhîm, Jadîÿa fue la madre de los hijos del Profeta
:
Al-Qâsim, Zainab, Ruqaiah, Umm Kulzûm, Fátima y ‘Abdullah también
llamado Taib y Tâhir. Todos sus hijos varones murieron en la niñez
y todas sus hijas excepto Fátima murieron durante la vida del Mensajero
.
Fátima murió seis meses después de su deceso. Todas sus hijas se
islamizaron, y emigraron a Medina.
[102][1]
Reconstruyendo la Ka´bah y el asunto del arbitraje
Cuando el Mensajero de Allâh
tenía treinta y cinco años, los Quraishíes reconstruyeron la Ka'bahh
. Lo hicieron porque era un edificio bajo de piedras blancas no mayor a
nueve brazos de longitud, desde los días de Ismael
.
Se encontraba ya sin techo, cosa que facilitaba a los ladrones robar los tesoros
que dentro se guardaban. También se encontraba expuesta a los factores
climáticos –por su antigüedad– se encontraban debilitadas y deterioradas sus
paredes. Cinco años antes de la Profecía, hubo una gran inundación que arrasó
con La Meca y casi destruye la Ka´bah. Los Quraishíes se vieron en
la necesidad de reconstruirla para salvaguardar su santidad y posición. Los
jefes de Quraish decidieron usar solamente dinero ganado lícitamente para
su reconstrucción, por eso todo dinero derivado de la prostitución, la usura e
injusticias fue desechado. Al principio, estaban muy temerosos de derribar sus
paredes, pero Al-Ualîd Ibn Al-Mugîrah Al-Majzûmi empezó con la tarea.
Viendo que ningún castigo les acaecía, los demás también participaron en la
demolición de sus paredes hasta llegar a las bases puestas por Ibrâhîm
.
Cuando empezaron a levantar las paredes para reconstruirla dividieron el trabajo
con las demás tribus. Cada tribu era responsable de reconstruir una parte de
ella. Las tribus juntaron las piedras y comenzaron la tarea. El hombre encargado
de colocar las piedras fue un albañil bizantino llamado Baqum. Se trabajó en
armonía hasta el momento de colocar la piedra negra en su debido lugar. Por esta
razón empezaron las discusiones entre los jefes, durando éstas cinco días, cada
uno adjudicándose el honor de ubicarla en su lugar correspondiente. Estuvieron a
punto de sacar sus puñales y el derramamiento de sangre parecía inminente.
Afortunadamente el más anciano de los jefes, Abu Umaiah Ibn Mugîrah Al-Majzûmi,
efectuó una propuesta que todos aceptaron. Dijo: “Permitan al primero que
ingrese al Santuario que sea quien decida este asunto.” Y fue el deseo de Allâh
que Su Mensajero
sea
el primero en ingresar.
Al verle, todos los que se encontraban presentes, exclamaron al unísono: “ ¡Al-Amin
(el confiable) ha venido. Nos complace aceptar su decisión!”. Al ser informado
sobre las diferencias existentes solicitó una manta y la extendió, colocando
sobre ella la piedra negra. Luego convocó a los representantes de los diferentes
clanes para que juntos levanten la manta. Al alcanzar el lugar apropiado Muhammad
se
encargó de colocar la piedra con sus propias manos. De esta forma sencilla fue
resuelto el delicado y tenso problema gracias a la sabiduría del Profeta
.
A Quraish se le agotó el dinero lícito, entonces eliminaron un área de seis brazos de longitud del lado norte de Al-Ka'bah llamado Al-Hiÿr o Al-Hatîm. Elevaron su puerta más allá del nivel del piso para permitir entrar solamente a los que ellos deseaban. Cuando la estructura alcanzó los quince brazos de altura edificaron un techo que descansaba sobre seis columnas.
Cuando finalizaron la reconstrucción de la Ka'bah , asumió la forma cúbica de quince metros de altura. El lado donde estaba la piedra negra y su opuesto medían cada uno diez metros de longitud. La piedra negra estaba a 1.50m del nivel del piso. Los otros dos lados eran de doce metros cada uno. La puerta estaba a dos metros del nivel del suelo. Una estructura de aproximadamente 0.25 m. de altura por 0.30 m., de ancho, rodeaba Al-Ka'bahh. Se le denominó Ash-Shadheruân, originalmente parte integral del Sagrado Santuario, pero que Quraish excluyó. [103][1]
Un resumen de la vida de Muhammad
antes de su misión profética
El Profeta Muhammad
fue,
desde su juventud, una combinación de los mejores atributos sociales. Era un
hombre ejemplar, de pensamiento profundo y carente de faltas. Fue favorecido con
inteligencia, originalidad y la elección de los medios correctos para conseguir
sus legítimos objetivos. Sus largos silencios lo ayudaron en su hábito de
meditar y en su profunda investigación de la verdad. Su mente despierta y su
carácter puro fueron instrumentos fundamentales para asimilar y comprender las
formas de vida individual y comunitaria de la gente. Se alejó de las
supersticiones pero asumió un rol activo participando en los eventos de su
sociedad. Se mantuvo alejado del consumo de embriagantes, de alimentarse de
aquello sacrificado en nombre de los ídolos, o de participar en ceremonias
paganas. Consideraba a los ídolos aberrantes y aborrecibles. No toleraba que se
jure por Al-Lat y Al-‘Uzza.[104][1]
La providencia de Allâh
,
sin duda, lo apartó de todo hecho reprobable y depravado. Aún cuando trató de
obedecer sus instintos para disfrutar algunos placeres de la vida o seguir
alguna tradición irrespetuosa, intervino la protección de Allâh
para
protegerlo. Ibn Al-Azîr registró que Muhammad
dijo:
“Nunca consideré hacer lo que hacen los paganos excepto en dos ocasiones. En
ambos momentos intervino Allâh
para
apartarme de ello y nunca lo volví a intentar. Una vez le dije a mis compañeros
pastores que se encarguen de mi rebaño mientras nos encontrábamos en la parte
alta de La Meca. Quise bajar para entretenerme como lo hacían los jóvenes. Me
dirigí a la primera casa de La Meca donde escuché música. Entré y pregunté de
qué se trataba, y me respondieron que festejaban un casamiento. Me senté a
escuchar pero rápidamente caí en un sueño profundo. Más tarde me despertaron los
rayos del sol. Luego regresé donde estaban mis compañeros pastores y les conté
lo que me había sucedido. Jamás intenté hacerlo nuevamente.”[105][2]
Al Bujâri registró que Yâbir Ibn ‘Abdullah dijo: “Mientras la gente reconstruía
la Ka'bahh , el Profeta
Muhammad
fue
con ‘Abbâs para acarrear algunas piedras. ‘Abbâs le dijo: ‘Coloca tu izâr
(faldilla que se viste bajo la túnica) alrededor de tu cuello para protegerla de
las piedras. El Profeta
(en
cuanto lo hizo) cayó al suelo y sus ojos se tornaron hacia el cielo. Después,
despertó y exclamó: ‘¡mi izâr... mi izâr!’. Y vistió
nuevamente su izâr”.
[106][3]
Otra versión cuenta: “Su aura (vergüenzas) jamás volvió a ser vista desde
entonces.”
[107][4]
El Profeta
se
distinguía por su modestia, comportamiento virtuoso, y sus excelentes modales.
Era un hombre ideal y poseía un irreprochable carácter. Era el más colaborador
para con sus compañeros, el más honesto al hablar, y el de temperamento más
apacible. Era el más gentil, pudoroso, hospitalario, y siempre impresionaba a la
gente por su aspecto que inspiraba respeto. Era el más confiable y el mejor
cumplidor de los convenios. Sus conciudadanos por unanimidad acordaron llamarlo
Al-‘Amîn (el confiable). La madre de los Creyentes, Jadîÿa, le dijo:
“Mantienes unidos los lazos y vínculos de parentesco, ayudas a los pobres y
necesitados, eres hospitalario con tus huéspedes y asistes al oprimido”.
[108][5]
El período de La Meca
La vida del Mensajero de Allâh
se
dividió en dos etapas después de que Allâh
lo
honrara con la profecía y el Mensaje.
El período de La Meca o mecano: Aproximadamente trece años.
El período de Medina o medinés: Aproximadamente diez años.
Cada período tiene sus características propias, que expondremos en una breve investigación sobre las etapas correspondientes a la invitación al Mensaje (da’wa) que tuvieron ambos períodos.
El período de La Meca se puede dividir en tres etapas:
Prédica secreta, que duró tres años.
Prédica pública y abierta, a la gente de La Meca, empezando en el cuarto año de la Profecía hasta el décimo año del periodo mecano.
Prédica fuera de La Meca, desde el final del décimo
año de su estadía en La Meca hasta su emigración a Medina
.
El período de Medina será comentado más adelante.
Bajo la sombra del Mensaje y la Profecía
Cuando el Profeta Muhammad
tenía cuarenta años aproximadamente, pasaba largas horas en reclusión meditando
sobre los aspectos del universo que lo rodeaban. Esta actitud de meditación
contribuyó a diferenciarlo del resto de la población de La Meca. Solía
abastecerse de Sauîq (avena) y agua para luego dirigirse a las colinas y
barrancos de las vecindades de La Meca. Su favorita para frecuentar, era una
cueva llamada Hirá, en la montaña An-Nur. Quedaba a dos millas de
La Meca, siendo una cueva pequeña de cuatro brazos de longitud por casi dos de
ancho. Siempre que iba a ese lugar alimentaba a algún pobre que se le acercaba.
La mayoría del tiempo lo dedicaba a la devoción, y especialmente en el mes de
Ramadán, a la adoración, y a la meditación en la sabiduría que regía al universo
que lo rodeaba. Su corazón se encontraba dolido a causa de la decadencia moral y
la idolatría que era practicada por su gente; se sentía desamparado por no
encontrar una solución definitiva, algún medio que le sirva para seguir, y
corregir las enfermas costumbres que lo rodeaban. Este estado de soledad
acompañado de un estado de contemplación debe comprenderse desde una perspectiva
Divina. Era esta una etapa preliminar al período de gran responsabilidad que
próximamente debería sobrellevar.
La reclusión y el desapego por las impurezas de la vida fueron dos requisitos
indispensables para poder enfrentar lo que Allâh
le
tenía reservado. Una forma de prepararlo para asumir tan importante compromiso,
para cambiar la faz de la tierra y alterar para siempre el curso de la historia.
Fue un período rico en privacidad que duró tres años hasta el comienzo de su
misión, guiándolo hacia una nueva era de indisoluble contacto con lo oculto que
Allâh
permitiría que presencie.[109][1]
Gabriel
desciende con la revelación
Cuando tenía cuarenta años, momento cumbre de la vida, y según se dice la edad
en la cual los Profetas son ordenados difundir el mensaje, signos de su Profecía
comenzaron a manifestarse y brillar en los horizontes de su vida; entre esas
señales estaba que las piedras en la ciudad de La Meca lo saludaban con el
Salam; también todo lo que veia en su sueño se hacia realidad y tan claro
como el día. Esto duro seis meses. El período de la Profecía fue de 23 años; y
este período de seis meses llenos de visiones verídicas constituye una parte
integral de la cuarentaba parte de la Profecía. En Ramadán, en su tercer año de
reclusión, en la cueva de Hirá, la voluntad de Allâh
hizo que honrara a Muhammad
con
la Profecía, y la luz de la Revelación se derramó sobre él
con
algunas aleyas del Noble Corán.
En cuanto a la fecha exacta, cuidadosas investigaciones que tienen en cuenta
evidencias circunstanciales y relevantes nos permiten remontarnos al lunes 21 de
la noche de Ramadán correspondiente al 10 de agosto del año 610 d.c. cuando el
Profeta Muhammad
tenía exactamente 40 años lunares, 6 meses y
12 días equivalentes a 39 años, 3 meses y 22 días del calendario
Gregoriano.[110][1]
‘‘Aishah, la veraz, narró el siguiente significativo suceso, que llevaría luz divina para disipar la oscuridad producida por la incredulidad y la ignorancia, infundiendo a la vida a un nuevo curso y brindando la más seria enmienda a las líneas de la historia de la humanidad:
“La primera manifestación de la Revelación al Mensajero de Allâh
fue
la visión verídica en sueños, que notablemente se volvían realidad en todas las
ocasiones. Luego comenzó a amar la soledad y solía recluirse en la cueva de Hirá
por un determinado número de noches para dedicarse a la devoción antes de volver
con su familia y buscar nuevamente provisiones para el mismo propósito. Hasta
que inesperadamente le llegó la verdad cuando estaba en la cueva. Llegó el ángel
y le dijo: "¡Lee!" Respondió: "No sé leer". Contó el Profeta
:
"Entonces me tomó y abrazó fuertemente, luego me soltó y repitió la orden:
"¡Lee!". Le dije: "No sé leer", entonces me tomó nuevamente y por segunda vez me
abrazó fuertemente y luego me soltó dejándome exhausto y me dijo: "¡Lee!". Y
contesté: "¡No sé leer!", y así fue que me abrazó fuertemente por tercera vez y
luego, al soltarme, dijo:
(Lee en el Nombre de tu Señor, que ha creado (todo lo que existe), ha creado al hombre de un coágulo. Lee. Y tu Señor es el más Generoso.) [96:1-3]
Luego el Profeta
repitió
estas aleyas. Temblaba de miedo. Entonces regresó con Jadîÿa y le dijo:
"Cúbreme... cúbreme". Ella lo cubrió hasta que se tranquilizó. Al comentarle lo
que le había sucedido en la cueva, Jadîÿa lo consoló diciendo: "Allâh
nunca te humillaría. Mantienes los lazos familiares; cargas con las dificultades
de los débiles; asistes al pobre y al necesitado, agasajas a tus huéspedes, y te
esfuerzas por solucionar los problemas que afligen a la gente".
Partieron entonces a ver un primo de Jadîÿa llamado Uaraqah Ibn Naufal, quien
había abrazado el Cristianismo en el período pagano, y solía transcribir el Torá
en hebreo y había puesto por escrito varias partes del Evangelio en hebreo. Era
un sabio anciano ciego. Jadîÿa le dijo: “¡Primo mío! Escucha a tu sobrino”
Uaraqa le preguntó: “¡Sobrino mío! ¿Qué fue lo que viste?” el Mensajero de Allâh
le
contó cuanto le había pasado. Uaraqah dijo: “Ese es el Namûs (el ángel
que desciende con la revelación divina) que Allâh
envió anteriormente a Moisés
.
Desearía ser joven y vivir para estar en el momento que tu pueblo te expulse.”
Muhammad
le
preguntó: “¿Acaso ellos me expulsarán?” Uaraqah respondió afirmativamente y le
dijo: “Todo aquel que trajo algo similar a lo tuyo fue tratado con hostilidad y
si yo alcanzo a estar vivo ese día te brindare todo mi apoyo” A los pocos días
Uaraqah murió y la Revelación se interrumpió.
[111][2]
[112][1]
Los historiadores difieren acerca del mes en que Allâh lo honró con la Profecía,
y el mes en el cual descendió la Revelación. Un gran número afirma que fue en el
mes de Rabi‘ Al-Auual. Otro grupo asegura que fue en Ramadán. Algunos dicen que
fue en Raÿab (Ver Mujtasar Sirat-ur-Rasul por el Shaij
‘Abdullah An-Naÿdi pág. 50) preferimos el segundo punto de vista, que fue
durante Ramadán, debido a que Allah
dice
en su libro:
(El
mes de Ramadán en el cual fue revelado el Corán…)
[2:185] Y también
(Ciertamente
lo revelamos en la noche del Qadar.)”
[97:1] Y es bien sabido que la noche del Qadar es durante el mes de Ramadán, y
este es el significado de las palabras
(Lo
hemos revelado en una noche bendita)
[44:3] además su reclusión en Hirá fue durante Ramadán, y Gabriel
descendía durante ese mes como es bien sabido. Los sabios también tienen
diferentes opiniones sobre el día en que comenzó la Revelación. Algunos dicen
que fue el séptimo otros el día 17 y otros el 18 (Ver Mujtasar
Sirat-ur-Rasul por Shaij ‘Abdullah An-Naÿdi pág. 75 y Rahmat-ul-lil
‘alamin 1/49). Al-Judari afirmó que fue el día 17 (Muhadarât
Târij Al-Umam Al-Islamiah 1/69) pero nosotros consideramos que fue el día 21
porque la mayoría de los sabios de la Sirah (Biografía del
Profeta de Allah
)
concuerdan que el Profeta
fue
elegido un lunes, como lo respaldan los sabios del Hadiz basados en la
narración de Abu Qatada, donde el Mensajero de Allah
fue
preguntado acerca de ayunar los lunes y respondió: “Nací un lunes y un lunes
comenzó la Revelación.” En otra narración: “Ese es el día en que nací y en el
que fui elegido como Profeta” o “comenzó la Revelación.” (Sahih
Muslim 1/368, Ahmad 5/297, 299, Al-Baihaqi 4/286, 300, Al-Hakim
2/602). Durante ese año en Ramadán, el Lunes ocurrió el 7, 14, 21, y el 28.
Autenticas y verídicas narraciones prueban de que la noche del Qadar transcurrió
en una noche impar durante las últimas diez noches de Ramadán. Entonces cuando
nos referimos a las palabras de Allâh
(Ciertamente
lo revelamos en la noche del Qadar.)
[97:1] y a la narración de Abu Qatadah que dice que el Profeta
fue
elegido un lunes y consideramos los cálculos de los días que coincidieron Lunes
durante Ramadán de ese año, concluimos que fue elegido un Lunes de la noche 21
de Ramadán. Y Allah sabe más.
Ibn Sa‘d reportó de Ibn ‘Abbâs
que la Revelación tuvo una pausa de unos pocos días.[113][1]
Después de cuidadosos estudios, esto parece ser lo más probable. Decir que duró
tres o dos años y medio, como es popular; no es lo correcto, pero acá no nos
detendremos en mayores detalles.
En ese entonces el Profeta
se encontraba sumido en una especie de depresión acompañada de asombro y
perplejidad. En el "capítulo de los Sueños", Al Bujâri registró que la
inspiración divina se suspendió por un tiempo y el Profeta
entristeció,
y en reiteradas ocasiones sentía el impulso de arrojarse desde lo alto de una
elevada montaña, y cada vez que llegaba a la cima, aparecía Gabriel
y le decía: "¡Oh Muhammad! Ciertamente eres el Mensajero de Allâh",
entonces se tranquilizaba su corazón y retornaba a su casa.
[114][2]
Una vez más, Gabriel descendió con la Revelación de Allâh![]()
Dijo Ibn Haÿar: "La pausa de la Revelación de unos pocos días fue para
aliviar al Mensajero de Allâh
del
miedo que experimentó y para que anhelará recibir la Revelación." Cuando las
sombras de la perplejidad se desvanecieron, las banderas de la verdad se
enaltecieron, el Mensajero de Allâh
supo
con seguridad que había sido designado Mensajero del más Grandioso Señor. Su
espera y anhelo por la llegada de la Revelación constituyó una buena razón para
su firmeza y autodominio en el arribo de la inspiración de Allâh
,
Al Bujâri registró de Yâbir Ibn ‘Abdullah
que había oído decir al Mensajero de Allâh
acerca
de la pausa:
"Mientras estaba caminando, escuché una voz desde el cielo. Miré hacia arriba y
era el mismo ángel que me había visitado en la cueva de Hirá. Estaba
sentado entre la Tierra y el cielo. Me asusté y me arrodillé. Fui para mi casa y
dije (a mi esposa): "Envuélveme.....envuélveme..." entonces Allâh
reveló
las aleyas:
(¡Oh tu que te envuelves! ¡Levántate y advierte! ¡Y a tu Señor engrandece! ¡Y purifica tu vestimenta! ¡Y aléjate de los ídolos!) [74:1-5]
Luego de esto la Revelación se hizo más frecuente y regular.[115][1]
También se ha citado: "Permanecí en Hirá un mes. Cuando mi estadía terminó descendí para escuchar un llamado en el interior del valle".
Esto significa que descendió de la montaña luego de completar el mes de Ramadán, por lo que deducimos que la pausa de la revelación fue de diez días, porque no había transcurrido otro Ramadán desde la primera Revelación.
El Mensaje comenzó con estas aleyas, que traían dos categorías de claras y explícitas responsabilidades:
Comunicar y Advertir:
estas fueron las primeras obligaciones como dijo Allâh
:
(Levántate y advierte!)
Es decir; que debía advertir a la gente del castigo de Allâh
si
no abandonaban su injusticia, desviación y adoración de ídolos.
Aferrarse a lo que Allâh
le
ordenaba:
este era el otro deber:
(¡Y a tu Señor engrandece!)
Es decir, adorarlo sólo a Él
.
(¡Y purifica tu vestimenta!)
El objetivo aparente es que purifique sus vestimentas y su cuerpo, ya que aquel
que se presenta ante Allâh
para
alabar Su grandeza no lo hace con vestimentas sucias. También indica la
purificación de la impureza que significa asociar algo o alguien con Allâh
.
(¡Y aléjate de los ídolos!)
Es decir alejarse de lo que causa la ira de Allâh
,
y esforzarse por obedecerlo y evitar los actos de desobediencia.
(Y no des algo para recibir más.)
Es decir, no te comportes bien con la gente solo para ser recompensado por ellos o para obtener algún beneficio en esta vida.
El siguiente versículo indica la persecución que espera a aquellos que invitan
al monoteísmo, advirtiendo del castigo que espera a los idólatras. Dijo
:
(Y se paciente y perseverante por la causa de tu Señor.)
Esta Sûrah confía al Profeta
esta difícil orden, privándolo del descanso, para que se esfuerce y persevere
ante las dificultades:
(¡Oh tu que te envuelves! Levántate y advierte.)
Algunos detalles sobre las distintas formas de la Revelación
Antes de abordar los detalles del período de divulgación del Mensaje y la Profecía, nos gustaría referirnos a las distintas formas que se manifestó la Revelación dado que constituyó la principal fuente del Mensaje y el tema central de la prédica. Ibn Al-Qaîim menciona las distintas etapas y formas de la Revelación:
La primera:
el período de las visiones verídicas mientras dormía. Este es el punto inicial
de la Revelación al Mensajero de Allâh
.
La segunda:
lo que el ángel sin ser visto infundía en la mente y el corazón del Profeta
.
El Mensajero de Allâh
dijo:
"El Espíritu noble me reveló: ningún ser perecerá hasta que agote su sustento,
así que temed a Allâh
y
pedidle con humildad. Nunca os impacientéis al borde de desobedecer a Allâh
.
Lo que está junto a Allâh
no
se obtiene sino a través de la obediencia."
La tercera:
El ángel tomando forma humana solía visitar al Mensajero de Allâh
y le hablaba directamente. El Profeta
comprendía
todo lo que el ángel le transmitía. Algunas veces que el ángel aparecía de esta
forma era visto por los Compañeros del Profeta.
La cuarta:
El ángel se manifestaba como redobles de campana y esta era la forma más
difícil, ya que comenzaba a sudar su frente aún en los días más fríos. Si el
Profeta
estaba
sobre su camella esta tenía que arrodillarse porque no soportaba tanto peso. Una
vez el Profeta
recibió
esta forma de Revelación cuando estaba sentado y su muslo estaba sobre el de
Zaid y este sintió la presión causándole daño en su muslo.
La quinta:
el Profeta
vio
al ángel Gabriel
en su verdadera forma en dos ocasiones. Esto está mencionado en el Corán en la
Sûrahh "La estrella".
La sexta:
lo que Allâh
le reveló en el cielo sin intermediario. Cuando ascendió al cielo y Allâh
le
ordenó el cumplimiento del Salât (oración).
La séptima:
Las palabras de Allâh
a
Su Mensajero sin la mediación del ángel. Fue un privilegio otorgado a Musa
y claramente establecido en el Corán, como
se le recuerda a nuestro Profeta
en
la
Sûrah
"El Viaje Nocturno".
Algunos sabios añaden una octava pero controversial forma diciendo que Allâh
le
habló al Profeta
directamente
sin un velo o cortina entre ambos. Pero la verdad es que esto no está
confirmado.[116][1]
Su esfuerzo en la prédica del Islam
Tres años de prédica secreta
Es bien sabido que La Meca era el centro religioso de los árabes y en ella se encontraban los custodios de la Ka'bahh. La protección y custodio de los ídolos e imágenes grabadas en piedra que recibían veneración por parte de los árabes estaba en manos de los Qurashies. Por eso la dificultad de cambiarlos, de reformar y rectificar un lugar considerado la madriguera de la idolatría. Trabajar en ese ámbito, sin dudas, requería de una inquebrantable voluntad y determinación, por eso es que el llamado inicial al Islam asumió una forma clandestina para que los habitantes de La Meca no se enfurecieran con una inesperada sorpresa.
Los primeros en abrazar el Islam
El Profeta
inició
su sagrada misión empezando por su hogar y luego con la gente más allegada a él.
Invitaría al Islam a quienquiera que él pensaba que aceptaría la verdad
proveniente de su Señor. De hecho, varias personas que no albergaba la menor
duda en considerarlo Profeta inmediatamente respondieron, e inmediatamente
abrazaron la fe verdadera. Son conocidos en la literatura islámica como los
primeros islamizados.
Jadîÿa, la esposa del Profeta
,
la madre de los creyentes, fue la primera en ingresar en las filas del Islam, le
siguió su esclavo liberto Zaid Ibn Hârizah Ibn Sharahil
Al-Kalbi,[117][1]
su primo ‘Ali Ibn Abi Tâlib
,
quien vivía con él desde su infancia, y luego su amigo íntimo Abu Bakr As-Siddiq
.
Todos ellos profesaron el Islam desde el primer día de la invitación. Abu Bakr,
desde el primer día que abrazó el Islam, demostró ser un miembro enérgico y un
asiduo activista. Era rico, amable, moderado y honrado. La gente solía visitarlo
en su casa para beneficiarse de su sabiduría, cordialidad, y placentera
compañía. Invitó al Islam a aquellas personas que le tenían confianza y gracias
a sus esfuerzos, un buen número de personas abrazaron el Islam, tales como
‘Uzmân Ibn 'Affân, Az-Zubair Ibn 'Auuâm Al-Asadi, ‘Abdur Rahmân
Ibn 'Auf, Sa‘d Ibn Abi Uaqqâs y Talhah Ibn ‘Ubaidullah
At-Taimí. Estas ocho personas precursoras constituían específicamente la
vanguardia de la nueva creencia en Arabia. Entre los primeros Musulmanes
estaban, también, Bilâl Ibn Rabâh (el abisinio), Abu ‘Ubaidah ‘Amir Ibn
Al-Yarrâh, Abu Salamah Ibn ‘Abd Al-Asad, Al-Arqam Ibn Abi Al-Arqam
perteneciente a la tribu de Majzûm, 'Uzmân Ibn Madh‘ûn y sus dos
hermanos Qudâmah y ‘Abdullah, ‘Ubaidah Ibn Al-Hâriz Ibn Al-Muttalib
Ibn ‘Abd Manâf, Sa‘id Ibn Zaid Al-‘Adaui y su esposa Fâtimah -hija
de Al-Jattâb (la hermana de ‘Umar Ibn Al-Jattâb), Jabbâb Ibn
Al-Aratt, ‘Abdullâh Ibn Mas'ûd Al-Hadhali y otros. Estos eran conocidos
como los primeros Musulmanes. Pertenecían a distintos clanes de Quraish.
Ibn Ishâq dijo: “Luego la gente entró en las filas del Islam en multitudes, hombres y mujeres y la nueva fe no podía mantenerse en secreto por más tiempo.”[118][2]
El Profeta
solía
reunirse con sus nuevos seguidores y les enseñaba la religión en privado, porque
el llamado al Islam estaba todavía divulgándose en forma individual y secreta.
La Revelación se aceleró y continuó después de las primeras aleyas
(¡Oh
tú que te envuelves (en un manto))
Las aleyas reveladas en esta etapa eran cortas acompañadas de un maravilloso
estilo y fascinante ritmo con total armonía. El tema central se enfocaba en la
purificación del alma, advirtiendo a los musulmanes para que no sean víctimas de
los engañosos encantos de esta vida. Las primeras aleyas informaban con
precisión sobre el infierno y el jardín (Paraíso), conduciendo así a los
Creyentes a un nuevo curso totalmente opuesto a las enfermizas conductas que
predominaban entre los habitantes de La Meca.
As-Salât (la oración)
La orden de establecer la oración no estuvo entre las primeras revelaciones. Ibn
Haÿar dijo: “Definitivamente el Profeta
solía
rezar antes del ‘Viaje Nocturno’ pero todavía es un asunto de controversia si el
rezo fue establecido como un ritual obligatorio antes de la prescripción de las
cinco oraciones. Se relata que era obligatorio rezar dos veces por día, por la
mañana antes de la salida del sol y después del ocaso. Fue reportado que cuando
el Profeta
recibió
la primera Revelación, el ángel Gabriel
,
le enseñó a realizar la ablución.” Una narración con similar significado fue
registrada por Ibn Mâÿah. También reportado por Al-Barâ’ Ibn ‘Azib, e Ibn
‘Abbâs, pero en su relato dijo: “Y eso fue el comienzo de su obligatoriedad.”[119][3]
Ibn Hishâm mencionó que cuando llegaba el momento de rezar el Profeta
y
sus Compañeros iban a un valle montañoso para orar secretamente. Abu Tâlib
una vez encontró rezando al Mensajero de Allâh
y
a ‘Ali, y les preguntó que estaban haciendo. Cuando se enteró de que era una
plegaria obligatoria les aconsejó que sean constantes en su práctica.[120][4]
Los Quraishíes se enteran de la prédica
Durante esta etapa del llamado, aunque permanecía clandestino y secreto, su
noticia llegó a los Quraishíes, pero estos le dieron poca importancia
dado que el Mensajero de Allâh
no atacaba su religión ni criticaba sus ídolos.
Durante tres años de clandestinas actividades, un grupo de Creyentes emergió
sumido en un espíritu de fraternidad y cooperación con un definido objetivo en
sus mentes: difundir y establecer la invitación al Islam. Durante estos tres
años Muhammad
se contentaba con enseñar a este círculo íntimo. Sin embargo había llegado el
momento de predicar la creencia del Islam abiertamente. Entonces descendió la
Revelación dándole al Mensajero de Allâh
la orden de hacer pública la invitación a su pueblo, evidenciando la falsedad y
el error de la idolatría y el politeísmo.
LA SEGUNDA ETAPA
Predicando Abiertamente
Primera Revelación que se refería a la prédica pública
(Y advierte a tu tribu, a los que están más próximos a ti.) [26:214].
Esta fue la primer aleya revelada respecto a este tema, la cual se encuentra
incluida en la Sûrah Ash-Shu‘arâ (Sûrah 26 –
“Los Poetas”) la cual relata la historia de Moisés
,
desde sus comienzos como Profeta hasta la emigración de los Judíos, cuando
escaparon del Faraón y su gente, y cuando el Faraón y su ejército se ahogaron.
De hecho esta Sûrah narra las diferentes etapas por las que pasó el
profeta Moisés
,
en su conflicto con el Faraón y su misión de invitar a su gente a la adoración
de Allâh
.
También menciona los relatos del terrible final que acaeció en aquellos que
negaron a los Mensajeros como el caso del pueblo de Noé, 'Ad, Zamûd, Abraham,
Lot, y Ahlul-Aikah (La gente del bosque) los cuales eran un grupo de
gente que solían adorar a un árbol llamado Aikah. Estas historias son
mencionadas junto a la del Faraón y su gente para aleccionar a los que propagan
la falsedad igual que lo hicieron sus antecesores y que vean cual fue su final.
Al igual que permite cerciorarse sobre el inminente castigo de Allâh
a quienes se aferran a la falsedad y para que los Creyentes tengan certeza de la
bienaventuranza que les aguarda en el más allá.
Invitando al Islam a sus parientes más próximos
Obedeciendo la orden de Allâh
,
el Profeta Muhammad
reunió
a sus parientes de Bani Hâshim con un grupo de Bani Al-Muttalib
Ibn ‘Abd Manâf. La reunión alcanzaba las cuarenta y cinco personas.
Abu Lahab inmediatamente tomó la iniciativa y se dirigió al Profeta
con
las siguientes palabras:
“Estos son tus tíos y tus primos, háblales del asunto, pero antes que nada
tienes que saber que tus parientes no están en condiciones de oponerse a todos
los Árabes. Ten presente que tus parientes te bastarán como apoyo. Si sigues sus
tradiciones, será más fácil para ellos de encarar a los demás clanes de Quraish
aliados con los otros Árabes. La verdad es que nunca escuché de alguien que le
cause más daño a sus parientes que tú.” Al escuchar estas palabras el Mensajero
de Allâh
se mantuvo en silencio durante esa reunión.
Más tarde los invitó a otra reunión. Luego se levantó y disertó unas breves palabras diciendo: “Las alabanzas son para Allâh, busco en Él Su ayuda, tengo fé en Él, me encomiendo a Él, y doy testimonio de que nadie debe ser adorado excepto Él, Él carece de asociados. El que guía nunca debe mentirle a su gente. Os juro por Allâh, Aquel que debe ser adorado, que he sido enviado como Mensajero para vosotros en particular y para toda la humanidad en general. Os juro por Allâh que moriréis como cuando dormís, y que resucitaréis como cuando os despertáis. Todos seréis llamados a rendir cuentas de vuestras acciones. Y moraréis eternamente en el Infierno o eternamente en el Jardín (Paraíso)”.
Abu Tâlib respondió: “Amamos ayudarte, acepto tu consejo y creo en tus palabras. Estos son tus parientes que convocaste y yo soy uno de ellos siendo el más apresurado en complacerte. Realiza lo que se te ha ordenado. Te protegeré y defenderé pero no puedo abandonar la religión de ‘Abdul-Muttalib (de mis antepasados).”
Luego Abu Lahab le dijo a Abu Tâlib: “Juro por Allâh que esto es algo malo. Debemos detenerlo antes de que lo hagan los otros.” Abu Tâlib, sin embargo, respondió: “Juro por Allâh que lo voy a proteger hasta mi muerte.”[121][1]
En el monte Safa
Luego de que el Mensajero de Allâh
se
asegurara de la protección de Abu Tâlib mientras llamara a la gente para
que adoren a Allâh
,
se paró en el monte Safa y comenzó a llamar e invitar a la gente al
monoteísmo (Tawhîd), a adorar solamente a Allâh
,
creer en Su Mensaje y en el Día de la Resurrección.
Al Bujâri registró parte de esta historia
narrada por Ibn ‘Abbâs. Dice: “Cuando las siguientes Aleyas fueron
reveladas:
(Y advierte a tu tribu, a los que están más próximos a ti.) [26:214].
El Mensajero de Allâh
ascendió
al monte Safa y comenzó a llamar: “¡Bani Fihr! ¡Bani ‘Adi![122][1]”
Mucha gente se reunió y aquellos que no pudieron enviaron a alguien. Abu Lahab
también estaba presente. El Profeta
dijo:
“Si os digo que hay un ejército en el valle tras esta montaña que planea
atacaros, ¿me creeríais?” Dijeron: “Por supuesto que sí, dado que siempre dices
la verdad.” Dijo: “Os advierto de un severo castigo.” Abu Lahab de repente
replicó: “¡Maldito seas! ¿Para esto nos has convocado?”. Inmediatamente las
siguientes Aleyas fueron reveladas
[123][2]:
(¡Que se pierdan las manos de Abu Lahab, y perdido está. De nada le servirá su riqueza ni todo lo que ha adquirido, Se quemará en un fuego inflamado. Y su mujer acarreará la leña. Llevando al cuello una soga de fibra.) [111:1].
Muslim, en su libro Sahih, registró parte de esta historia narrada por Abu Hurairah, dijo: “Cuando fueron reveladas las siguientes aleyas:
(Y advierte a tu tribu, a los que están más próximos a ti.) [26:214].
El Mensajero de Allâh
congregó a la gente de Quraish; luego de que acudieran a su convocatoria
les exhortó y haciendo referencia a algunas tribus, dijo: “Oh Quraish,
salvaos del fuego del Infierno; Oh gentes de Bani Ka‘b, salvaos del fuego; Oh Fâtimah,
hija de Muhammad, sálvate del fuego, porque no puedo protegeros ante Allâh
en
nada excepto que mantendré los lazos de parentesco con vosotros.”[124][3]
Era evidente en esta llamada que la creencia en el Mensaje constituiría la piedra angular de cualquier relación futura entre él y ellos, y que los vínculos de parentesco de los cuales era basada toda la vida árabe, había dejado de tener relevancia a la luz del ultimátum divino.
Proclamando la Verdad y la reacción de los Paganos
La voz del Profeta
se mantuvo resonante en La Meca hasta que la siguiente aleya fue revelada:
(Declara pues lo que se te ordena, y apártate de los idólatras.) [15:94]
Luego de esto el Mensajero de Allâh
comenzó
a proclamar la invitación al Islam en las reuniones y asambleas de los
idólatras. Les recitaba el Libro de Allâh
diciéndoles lo mismo que los Mensajeros anteriores decían a sus pueblos:
(¡Gente! Adorad a Allâh, fuera de Él no tenéis otro Dios.) [7:59]
Luego comenzó a adorar y alabar a Allâh
abiertamente
ante los ojos de su pueblo, rezando en voz alta en el patio de la Ka'bahh
durante el día. Luego comenzó a desacreditar las supersticiosas prácticas
paganas, revelando sus reales errores, dándoles concretas pruebas de que la
idolatría en todos sus ámbitos aunque se use para acercarse a Allâh
a
través de ella es una absoluta falsedad.
Todo esto daba como resultado que la aceptación al llamado se incremente
ingresando la gente a la religión de Allâh
.
Esto trajo enemistad entre los islamizados y sus parientes paganos, haciendo que
la tribu de Quraish se disguste con lo que estaba pasando.
Una asamblea de consulta para impedir que los peregrinos respondan a la
invitación de Muhammad
![]()
Durante esos días los Quraishíes tuvieron un serio tema de preocupación;
la proclamación del Llamado islámico tenía unos pocos meses de antigüedad cuando
faltaba poco para la temporada de la Peregrinación. Quraish sabía que las
delegaciones árabes vendrían en poco tiempo. Entonces acordaron que era
necesario contemplar un ardid que impida a los peregrinos árabes acercarse a la
nueva creencia que predicaba Muhammad
.
Fueron a ver a Al-Ualîd Ibn Al-Mugîrah para deliberar al respecto. Al-Ualîd los
invitó para que se pusieran de acuerdo en una resolución que gozara con la
aprobación de todos. Sin embargo había discrepancias entre ellos. Algunos
sugirieron decir que Muhammad era un adivino, pero desistieron porque su
prédica no eran palabras que usaran los adivinos. Otros propusieron que se le
acuse de ser un poseído, pero también fue dejado de lado porque no había ninguna
insinuación peculiar de ese estado mental que se manifieste; otros dijeron:
“¿Por qué no lo acusamos de ser un simple poeta?”. Tampoco lograron ponerse de
acuerdo, ya que sus palabras estaban fuera del léxico usado por los poetas. Una
cuarta propuesta fue acusarlo de brujo. Pero aquí Al-Ualîd mostró su desacuerdo
alegando que nunca se le había conocido que practicara la brujería, y admitió
que las palabras que recitaba dejaban un dulce sabor en el espíritu y el
corazón. Él, sin embargo, encontró que lo más apropiado para perjudicar a Muhammad
era
acusarlo de hechicero. La malvada asamblea acordó adoptar esta postura para así
propagar que se trataba de un hechicero tan poderoso y conocedor de su técnica
que era capaz de dividir al hijo de su padre, al hombre de su hermano, a la
esposa de su marido y a la gente de su clan.[125][1]
Es notorio destacar que Allâh
reveló dieciséis aleyas con respecto a Al-Ualîd y el astuto método que emplearía
para manipular a la gente que asistiría a la La Meca para peregrinar. Dijo Allâh
:
(Ha reflexionado y meditado su respuesta; que muera ¿cómo ha podido premeditar así?; ¡que muera por cómo ha premeditado! Y después ha examinado; y luego ha fruncido el ceño y se le ha mudado el semblante; y luego ha dado la espalda y se ha llenado de soberbia; y ha dicho: esto no es más que magia aprendida; es sólo la palabra de un ser humano.) [74:18-25] [126][2]
A pesar del complot, el Mensajero de Allâh
visitaba
a la gente durante la peregrinación, los acompañaba a sus campamentos en ‘Ukâz,
Maÿanah y Dhul-Maÿaz para invitarlos a que adoren
únicamente a Allâh
.
Abu Lahab seguía al Profeta
gritando:
“No le presten atención porque es un mentiroso, y un renegado”. Sin embargo Muhammad
provocó
conmoción con su prédica y algunos pocos aceptaron su invitación al Islam.[127][3]
[128][1] Ibn Hishâm, 1/271.
Los esfuerzos realizados para detener el avance del Islam
Habiendo percibido que Muhammad
jamás abandonaría su misión, Quraish, en un desesperado intento de
extinguir el mensaje del Islam, recurrió a otro método bajo e infame:
1. Burlar, degradar y ridiculizar a los nuevos islamizados en general y a la
persona de Muhammad
en
particular, con el propósito de desmoralizar y disminuir su fervor religioso.
Solían acusar al Profeta
de
ser un hombre poseído por un genio, o de que estaba loco:
(Y
decían: Oh (Muhammad
)
tú que has recibido el recuerdo (el Corán)! Realmente eres un poseso.)
[15:6]
Lo acusaban de ser un mentiroso que practicaba la brujería:
(Se extrañan de que les haya llegado un advertidor que es uno de ellos; y dicen los que se niegan a creer: Este es un mago farsante.) [38:4].
Sus miradas hacia él eran fulminantes como si quisieran destruirlo o perturbarlo para desestabilizarlo e intimidarlo. Usaron toda clases de apelativos para insultarle: “loco”, “poseído por el demonio”, y demás epítetos:
(Casi te derriban con sus miradas, los que se niegan a creer, cuando oyen el recuerdo, y dicen: Es un poseso.) [68:51]
Entre los primeros que abrazaron el Islam había un grupo que desafortunadamente
no contaba con un clan poderoso que los defienda. Estas personas inocentes eran
ridiculizadas e insultadas. Haciendo referencia a esta clase de gente la elite
aristócrata de Quraish solía preguntarle con ironía y sarcasmo al Profeta
:
(¿Son estos a quienes Allâh ha favorecido de entre nosotros?) [6:53]
Allâh
dijo:
(¿Es que acaso Allâh no conoce mejor a los agradecidos?) [6:53]
Son como aquellos que Allâh
nos informó:
(Ciertamente los que cometían maldades se reían de los Creyentes; y cuando pasaban a su lado se hacían guiños entre ellos (burlándose); y cuando regresaban a su familia lo hacían divertidos; y cuando los veían decían: ‘¡Ciertamente! ¡Estos están extraviados!’ Pero ellos (los incrédulos, pecadores) no habían sido enviados como guardianes suyos (de los Creyentes).) [83:29-33]
2. Distorsionar las enseñanzas de Muhammad
,
invocando ambigüedades, circulando falsas acusaciones; restándole importancia a
su doctrina, persona y moral. Respecto al Corán, solían decir:
(Son
leyendas de los antepasados, que él (Muhammad
)
manda a escribir, y que le dictan mañana y tarde.)
[25:5]
Afirmaban que el Corán no era una verdadera Revelación:
(Esto
(el Corán) no es nada excepto una mentira que él (Muhammad
)
inventó, y otros lo ayudaron para hacerlo.)
[25:4]
Clamaron:
(Solo es un ser humano el que le enseña.) [16:103]
También elevaron otra infundada y superficial objeción:
(¿Por
que este Mensajero (Muhammad
)
se alimenta y camina en los mercados (como nosotros mismos)?)
[25:7]
El Noble Corán refutó estas acusaciones, explicando que las palabras del Profeta
eran
Revelación procedente del Señor
más
poderoso y su naturaleza y contenido demostraban un prominente desafío para
aquellos que le atribuían a las expresiones Proféticas un origen inferior, o
pensamientos de un reformador soñador, o un endemoniado poeta, o las
incoherentes tonterías de un hombre loco.
3- Comparar al Corán con la mitología antigua para poder distraer a la gente de
las Palabras de Allâh
.
Se narra que An-Nadr Ibn Hâriz fue a Hirâh donde se
familiarizó con las tradiciones de los reyes de Persia y las anécdotas de
personajes como Rustum y Asphandiar, y luego retornó a La Meca. Aquí siempre
seguía los pasos del Mensajero para cualquier reunión en que este iba a predicar
la nueva creencia y a advertir sobre la ira de Allâh
.
An-Nadr luego de que hablaba el Profeta
le
narraba a la misma audiencia largas historias de los personajes de Persia.
Siempre aprovecharía para hacer una pregunta engañosa a su audiencia: si no
sobrepasaba a Muhammad
.
[129][1].
Ibn ‘Abbâs contó que An-Nadr solía comprar sonetos para que a través de
su encanto y seducción se alejen del Islam aquellos que estaban desarrollando el
menor apego al Profeta
;
al respecto Allâh
reveló:
(Y de entre la gente hay quienes compran palabras frívolas para desviar del camino de Allâh.) [31:6][130][2]
Persecuciones
En el comienzo del cuarto año del Llamado, por un período de algunos meses, los paganos sumarían tácticas violentas a las ya mencionadas arriba.
Cuando se dieron cuenta de que no podían detener al movimiento islámico sin perseguir a sus seguidores y torturarlos, programaron otra reunión. Esta vez después de consultarse entre ellos, acordaron perseguir y torturar a los musulmanes para que abandonen su religión. Cada líder se encargaría de perseguir a cualquier miembro de su tribu que perteneciera a la religión islámica.
Siempre que Abu Ÿahl se enteraba de la islamización de alguien de noble origen que tenía poderosos amigos, degradaría su prudencia e intelecto, cuestionaría su sano juicio y lo intimidaría con crueldad. Si el musulmán era débil en términos sociales, lo golpearía brutalmente y lo sometería a inexplicables torturas. [131][1]
El tío de 'Uzmân Ibn 'Affân solía envolver a 'Uzmân en un manto de hojas de palmeras y prendía fuego debajo de él. [132][2] Cuando Umm Mus‘ab Ibn ‘Umair se enteró de la islamización de su hijo le privó de alimentos y luego lo echó de su casa. Él solía tener una vida muy placentera pero debido a todo lo que le hicieron sufrir su piel se arrugó y podía verse el dolor en su aspecto. [133][3]
Bilâl, el esclavo de Umaiah Ibn Jalaf, fue severamente castigado y golpeado por su dueño cuando este se enteró de su islamización. A veces una cuerda era atada a su cuello y la daba a los niños para que tiren de él y lo arrastren por las calles y los suburbios de La Meca. Se lo privaba por mucho tiempo de alimentos y bebidas. En una ocasión saltaron encima de él durante la hora más calurosa y lo dejaron en el valle de La Meca. Luego Umaiah colocó una enorme piedra sobre su pecho y le dijo: "Por Allâh no me detendré hasta que mueras o abandones y niegues a Muhammad y adores a las divinidades Al-Lat y Al-‘Uzza." A pesar de su sufrimiento y dolor Bilâl decía solamente: "Uno, Uno", Abu Bakr al pasar por el lugar se conmovió y lo compró para liberarlo de su esclavitud.[134][4]
Otra víctima de las atrocidades hechas por Quraish fue ‘Ammâr Ibn Iâsir
un esclavo emancipado de Bani Majzûm. Él, junto a sus padres, había
aceptado tempranamente el Islam. Repetidas veces fueron recostados en el suelo,
sobre la arena caliente, y golpeados brutalmente. El Profeta
pasó una vez mientras estaban siendo torturados y les dijo:
“¡Oh familia de Iâsir! Sed pacientes y perseverantes, ciertamente tendréis vuestra morada en el Paraíso.”
Iâsir, el padre, murió a causa de las constantes torturas. Sumaiah, la
madre de ‘Ammâr fue asesinada por Abu Ÿahl, y de esta forma mereció ser llamada
la primer mujer mártir del Islam. ‘Ammâr mismo fue sometido a innumerables
clases de torturas con el fin de que reniegue de Muhammad
y
adore a Al-Lat y ‘Uzza. En un momento de debilidad, deslizó
palabras que complacían a los incrédulos aunque su corazón sentía lo contrario y
nunca se desvío, más tarde se lo mencionó al Profeta
,
y este lo consoló por su dolor y confirmó su fe. Inmediatamente el siguiente
versículo fue revelado:
(Quien reniegue de Allâh después de haber creído, excepto que haya sido forzado mientras que su corazón permanezca tranquilo en la creencia.) [16:106][135][5]
Abu Fakih Aflah, un esclavo emancipado de Bani ‘Abd Ad-Dâr fue otra de
las desafortunadas víctimas. Los politeístas de La Meca solían tenderlo en la
abrasadora arena y le colocaban una piedra para que no pudiera moverse
dejándolo en esta situación hasta que perdía el conocimiento. También solían
atar sus pies con una cuerda para arrastrarlo hasta que pensaban que estaba
muerto. Abu Bakr pasó cuando lo estaban torturando y compró su libertad por la
causa de Allâh
.[136][6]
Jabbâb Ibn Al-Arat era el esclavo de Umm Anmar bint Saba‘Ÿuza‘yah. También una víctima fácil de similares injusticias que le acaecían en toda posible ocasión. Experimentó dolorosas torturas y maltratos. Era tomado del cabello y arrastrado al fuego y no cesaban hasta quemarle su espalda. [137][7]
Hasta las mujeres islamizadas no se salvaron de las atrocidades, siendo la lista muy larga para incluir a todas. Zanirah, An-Nahdiah y su hija, Umm ‘Ubais y muchas otras fueron víctimas de las persecuciones por parte de los opresores.[138][8]
Abu Bakr, un creyente rico, compró y liberó algunos de estos esclavos, como hizo con Bilâl y ‘Amir Ibn Fuheirah.
Los paganos también tiraban a los musulmanes en corrales de camellos y ganados para luego arrastrarlos cuando calentaba más el sol. Les ponían armaduras de hierro a algunos de ellos con pesadas piedras para que sufran más al sol.[139][9] A todo aquel que se conocía su islamización se lo sometía a rigurosas torturas y persecuciones.
No les fue fácil dañar al Profeta
porque
tenía tanta solemnidad, magnaminidad y excelente carácter que frenaría hasta a
sus enemigos de cometer cualquier atropello hacia él
.
También contaba con la protección de Abu Tâlib, su tío, que pertenecía a
una noble familia y que tenía un respetable clan para asistirlo. Esta situación
les causó gran preocupación a los paganos que ya estaban perdiendo la paciencia
y no toleraban que este movimiento se encamine a anular su culto pagano y su
temporal autoridad sobre la La Meca.
Los Quraishíes se quejan ante Abu Tâlib
Ibn Ishâq dijo: “Algunos hombres notables de Quraish fueron a ver
a Abu Tâlib y le dijeron: “¡Abu Tâlib! Tu sobrino está maldiciendo
nuestros dioses; También denuncia nuestras faltas y nuestro modo de vida, se
burla de nuestra religión y no respeta a nuestros antepasados; o lo detienes tú
o nos dejas a nosotros. Dado que estás en la misma posición que nosotros; y así
te libraremos de él.” Abu Tâlib intentó calmarlos recurriendo a la razón.
El Profeta
,
sin embargo, continuó predicando la religión de Allâh
e invitando al Islam.”
[140][1]
Quraish se impacientaba al verlo invitando a la gente a la adoración de
Allâh
.
Mientras más trabajaba más hablaban ellos del problema.
Los Quraishíes presionan a Abu Tâlib
Los Quraishíes notables se reunieron con Abu Tâlib para insistirle
que frenara las actividades de su sobrino. Si esas actividades continuaban,
dijeron, los llevaría a infligirle severas represalias. Abu Tâlib estaba
profundamente preocupado de esta amenaza, de la actitud de su gente y de su
enemistad, pero tampoco podía abandonar a su sobrino. Mandó llamar a su sobrino
y le informó lo que los Quraishíes le habían dicho y finalmente le dijo:
“Sálvame a mí y sálvate ti mismo y no me pongas una carga superior a la que
pueda soportar.” Al oír estas palabras el Profeta
pensó que su tío dejaría de asistirle y entonces respondió:
“¡Tío mío! Juro por Allâh que si colocaran el sol en mi mano derecha y la luna en mi izquierda para que abandone mi misión, no la abandonaría hasta que Allâh me conceda la victoria o perezca en este asunto.”
El Profeta
se
marchaba y su tío lo llamó y le dijo: “Regresa sobrino mío, ve y predica lo que
te complace porque Juro por Allâh
que nunca te abandonaré.”
Entonces recitó dos poesías que describían su total apoyo al Profeta
y
su absoluta gratificación sobre la causa que honraría a su sobrino en Arabia.[141][1]
[142][1]Ibn Hishâm, 1/265, 266, y Dala’il An-Nubuuah por Al-Baihaqi, 2/188.
Los Quraishíes visitan a Abu Tâlib nuevamente
Quraish, viendo que el Mensajero de Allâh
continuaba predicando su Mensaje, y convenciéndose de que Abu Tâlib jamás
abandonaría a su sobrino a pesar de enemistarse con ellos, fueron nuevamente a
entrevistarse con él, acompañados de un joven llamado ‘Amarah Ibn Al-Ualîd Ibn
Al-Mugîrah, y le dijeron: “Oh Abu Tâlib! Te hemos traído un muchacho
listo y joven para que te beneficies de su inteligencia y de su fuerza tomándolo
a él como tu hijo a cambio de tu sobrino, que ha desertado de tu religión, ha
traído la discordia, ha criticado nuestro modo de vida, y así nosotros podremos
matarlo y librarte de tantos inconvenientes; hombre por hombre.” Abu Tâlib
les respondió: “Que malvado tratado. Me dais vuestro hijo para que yo os los
cambie por el mío, para que así podais matarlo. ¡Por Allâh!,
¡¡Es algo increíble!!” Al-Mut‘im Ibn ‘Adi, un miembro de la delegación,
interrumpió diciendo que Quraish propuso algo correcto debido a que
“...querían sólo librarte de estos inconvenientes indeseables, pero; como veo
estas dispuesto a no aceptar sus favores...”. Abu Tâlib, por supuesto,
rechazó todas sus ofertas y los desafió a que hagan lo que quieran y se atengan
a las consecuencias.[143][1]
Fuentes históricas no precisan la fecha exacta de estas dos reuniones con Abu
Tâlib. Sin embargo lo mas acertado es que ocurrieron en el año sexto de la
Profecía con un pequeño lapso entre ambas.
Las atrocidades cometidas contra el Profeta
![]()
Abu Lahab tomó la iniciativa en la nueva escalada de persecuciones, y comenzó a
realizar toda clase de acciones malignas, aberrantes y dañinas contra Muhammad
.
Empezando por arrojarle piedras, obligando a sus dos hijos a que se divorcien de
sus esposas Ruqaia y Umm Kulzûm, hijas del Profeta
[144][1],
festejando la muerte de su segundo hijo llamándolo ‘el hombre que no tiene
descendencia’[145][2]
y persiguiéndolo durante las temporadas de peregrinación y en reuniones, como
mencionamos anteriormente, para injuriarlo y desmentirlo, poniendo a los
beduinos en contra de su persona y su Llamado. Târiq Ibn ‘Abdullah
Al-Muarabi narró que no se contentaba solamente con insultarlo sino que lo
apedreaba hasta que sus tobillos sangraban.
[146][3]
Su esposa, Umm Yamîl bint Harb, la hermana de Abu Sufián también
participó de esta cruel campaña. Probó no ser menos que su marido en la
enemistad y odio hacia el Profeta
.
Solía atar manojos de espinas con sogas hechas de fibra de palma para
esparcirlas sobre las rutas que el Profeta
se
esperaba pasara, de modo tal que fuera dañado. Era una malvada mujer de muy mal
carácter que insultaba, especialista en ardides para dañar y provocar discordias
y sediciones. Merecidamente el Noble Corán la llama: "la portadora de la leña
para el fuego (del Infierno)". Cuando se enteró de esto fue hacia la Ka'bahh
con un puñado de piedras para arrojárselas al Profeta
pero
Allâh
impidió
de que ella lo vea y solo pudo ver a Abu Bakr que estaba sentado al lado del
Profeta
.
Dirigiéndose a Abu Bakr audazmente tratando de romperle la boca con sus piedras
recitó en forma de verso un desafiante y ofensivo relato: “Hemos desobedecido al
despreciable, negado su Prédica, y nos alejamos de su religión.” Cuando se
marchó; Abu Bakr preguntó al Profeta
sobre
el asunto. El Profeta
dijo:
“Ella no me vio. Allâh le impidió que me viera.”[147][4]
Abu Bakr Al-Bazzâr también registró esta historia, pero en su versión narra que cuando se detuvo ante Abu Bakr dijo: “Oh Abu Bakr! Hemos satirizado a tu compañero.” Abu Bakr le contestó: “¡No, por el Señor de esta construcción (La Ka'bahh)! Él no ha inventado nada ni recita poesías.” Ella respondió: “Has dicho la verdad.”
Abu Lahab y su familia solían infligirle vergonzosos daños y torturas a pesar de
ser parientes del Profeta, él era su tío y vivía muy cerca de él. De un modo
similar muchos vecinos se comportaron mal con el Profeta
a
veces estando él
en
su propia casa.
Ibn Ishâq dijo: “El grupo que solía dañar al Mensajero de Allâh
en
su casa incluía a Abu Lahab, Al-Hâkim Ibn Abi Al-‘As Ibn Umaiah,
‘Uqbah Ibn Abi Mu‘it, ‘Adi Ibn Hamra’ Az-Zaqafi e Ibn Al-Usda’
al-Hadhli. Estos eran sus vecinos y no estaba a salvo de ninguno de ellos
excepto de Al-Hâkim Ibn Abi Al-‘As. Uno de ellos tiró el estómago
de una oveja sobre el Profeta
mientras este rezaba y otro lo hizo sobre su olla. Luego el Mensajero de Allâh
rezó
atrás de una roca para que no pudieran verlo. Cuando tiraban esas cosas las
removía con un pedazo de madera cerca de la puerta y decía:
“¡Bani ‘Abd Manâf! ¿Qué clase de trato es este?”
Luego las tiraba a la calle. [148][5]
Al-Bujâri citó que Ibn Mas'ûd
narró: “Una vez, el Profeta
se
encontraba rezando cerca de la Ka'bahh. Abu Ÿahl estaba sentado junto a
algunos amigos. Uno de ellos dijo: ‘¿Quién de vosotros pondría en la espalda de
Muhammad intestinos de camello, cuando se prosterne?’ el más desgraciado
de ellos (‘Uqbah Ibn Abu Mu‘it) se levantó y procedió. Esperó que el
Profeta
se
prosternara para ubicar los intestinos sobre su espalda en medio de sus hombros.
Estaba yo observando pero no pude hacer nada. Hubiese deseado tener algunas
personas para que me ayuden contra ellos. Empezaron a burlarse y reír. El
Mensajero de Allâh
estaba
prosternado y no se levantó de su posición hasta que vino su hija Fátima
y removió lo que se encontraba sobre su espalda. Entonces levantó su cabeza y
dijo tres veces:
‘¡Oh Allâh! Destruye a (los infieles de) Quraish.’
Esto preocupó a Abu Ÿahl y a sus compañeros debido a que estaban convencidos de
que los ruegos eran aceptados en esta ciudad (La Meca). El Profeta
dijo:
‘¡Oh Allâh! Destruye a Abu Ÿahl, ‘Utbah Ibn Rabi‘a, Shaibah Ibn Rabi‘a, Al-Ualîd Ibn ‘Utbah, Umaiah Ibn Jalaf, y a ‘Uqba Ibn Abi Mu‘it…’
Por Allâh
en cuyas manos está mi vida, vi a todos los que el Profeta
nombró
muertos en Qalib (uno de los valles de) Badr.”
[149][6]
La séptima persona era ‘Amarah Ibn Al-Ualîd. [150][7]
Umaiah Ibn Jalaf calumniaba al Mensajero de Allâh
siempre
que lo veía. Allâh
reveló acerca de él:
(Guay de todo aquel que difama y murmura.) [104:1]
Ibn Hishâm dijo: “Al-Humazah es aquel que ridiculiza públicamente a una persona… y Al-Lumazah es aquel que secretamente manifiesta los defectos de la gente y los calumnia.” [151][8]
‘Uqbah Ibn Al-Mu‘it, el hermano de Umaiah, una vez presenció una disertación
del Profeta
y
lo escuchó predicando el Islam. Un amigo cercano, Ubai Ibn Jalaf, escuchó sobre
esto, entonces reprochó a ‘Uqbah y le ordenó escupir en el rostro del Mensajero
de Allâh
,
cosa que hizo. Ubai no dudó en dañar cuando podía al Profeta
;
hasta recogió unos viejos huesos descompuestos y sopló su polvo sobre él.
[152][9]
Al-Ajnas Ibn Shuraiqi Az Zaqafi solía desacreditar el carácter del
Profeta
durante
las reuniones. El Noble Corán, en referencia directa a la reprobable acción de
este hombre, le adjudicó nueve atributos:
(Y no obedezcas a ningún vil jurador, difamador que extiende la maledicencia, que se niega a dar del bien y es un malvado trasgresor, embrutecido y además bastardo.) [68:10-13][153][10]
En ciertas ocasiones Abu Ÿahl se acercaba a escuchar al Mensajero de Allâh
cuando
recitaba el Corán, luego se iba sin haber creído, y sin tomar con seriedad las
advertencias. Calumniaba al Mensajero de Allâh
en
su discurso, y aprovechaba toda oportunidad para obstruir el Mensaje de Allâh,
y luego se retiraba con arrogancia jactándose de lo que había hecho. Allâh
reveló
acerca de él:
(Entonces
él (el incrédulo) ni creyó (en este Corán, en el mensaje de Muhammad
)
ni rezó!)
[75:31]
También intentó impedir al Profeta
que
rece en el Noble Santuario. Ocurrió una vez que el Profeta
estaba
rezando en el recinto de la Sagrada Casa, y cuando Abu Ÿahl pasó junto a él lo
insultó. El Profeta
lo
censuró severamente y Abu Ÿahl respondió desafiante que era el más poderoso en
La Meca; entonces Allâh
reveló:
(Y que llame a los suyos (socorredores).) [96:17]
A pesar de ser reprochado, Abu Ÿahl no se encaminaría ni abandonaría su necia
actitud. Por el contrario estaba dispuesto a ir más allá y juró que tiraría
tierra en el rostro del Mensajero de Allâh
y de que pisaría su cuello. Tan pronto como salió para cumplir con su juramento
volvió sobre sus pasos espantado y cubriéndose con sus manos. Inmediatamente sus
amigos le preguntaron que le pasaba. Dijo: “Aparecio una trinchera de fuego y
algo con alas.” Más tarde el Mensajero de Allâh
comentaría:
“Si hubiese avanzado más, los ángeles hubieran arrancado los miembros de su cuerpo uno por uno.”[154][11]
Este es el trato que recibió el Profeta
y
los musulmanes de
parte de
los paganos que clamaban ser la gente elegida por Allâh
por el hecho de vivir en el Santuario sagrado.
La casa de Al-Arqam
A la luz de estas inhumanas persecuciones, el Profeta
consideró que era prudente que sus seguidores oculten su islamización, tanto de
palabra como en acciones. Tomó la decisión de reunirse secretamente para que los
Quraishíes no sepan sus planes y no puedan complotar contra ellos.
También quería evitar toda confrontación abierta con los paganos debido a que
hacerlo en esta temprana etapa no sería conveniente para los intereses del
naciente Mensaje, todavía vulnerable y que no estaba completamente establecido.
En cierta ocasión, en el cuarto año de la Profecía, los musulmanes estaban yendo
a encontrarse con el Profeta
en
una reunión clandestina en los suburbios de La Meca. Subitamente, un grupo de
politeístas observó sus movimientos sospechosos y empezaron a agredirles y
atacarles fisicamente.
Sa‘d Ibn Abi Uaqqâs golpeó a un pagano y lo hirió, y esto fue registrado como
el primer derramamiento de sangre en la historia del Islam.[155][1]
El Profeta
solía
proclamar la fe Islámica y predicar abiertamente con gran devoción, pero para la
protección y el resguardo de los nuevos islamizados y considerando los intereses
estratégicos del Islam, eligió Dar Al-Arqam, la casa de Al-Arqam Ibn Abi
Al-Arqam Al-Majzûmi sobre As-Safa, como un centro
temporario de reunión para encontrarse con sus seguidores en secreto y
enseñarles el Corán y la sabiduría Islámica.
La primera Emigración a Abisinia (Etiopía)
Las persecuciones empezaron a finales del cuarto año de la Profecía, lentamente
al comienzo, pero luego acentuándose luego empeorando día a día hasta que la
situación se volvió tan grave que ya no se podía tolerar, entonces los
musulmanes pensaron en una manera de evitar las torturas que les imponían. Fue
en esta ocasión tan desesperada cuando Allâh
les informó de que otras tierras no les eran vedadas, refiriéndose a la
emigración. Dios reveló Sûrah Az-Zumar (“Los Grupos”)
diciendo en ella:
(Los que hayan hecho el bien en esta vida, tendrán una hermosa recompensa, y la tierra de Allâh es espaciosa. Solo a los pacientes y perseverantes se les dará su recompensa sin límites.) [39:10].
El Profeta
sabía
de que el Negus, rey de Abisinia (Etiopía), era un gobernador justo que no
perjudicaba a sus súbditos, entonces permitió a algunos de sus seguidores buscar
refugio en Abisinia (Etiopía).
En el mes de Raÿab del quinto año de la Profecía, un grupo de doce hombres y
cuatro mujeres viajó hacia Abisinia (Etiopía). Entre los que emigraron estaban
'Uzmân Ibn 'Affân y su esposa Ruqaiah (la hija del Profeta). Respecto a estos
dos emigrantes, el Profeta
dijo:
“Son los primeros en emigrar en la causa de Allâh después de Abraham y Lot.” [156][1]
Emigraron de La Meca bajo una pesada cortina de oscuridad durante la noche y llegaron a la costa del mar donde dos botes partirían hacia Abisinia (Etiopía), su destino. Noticias de esto llegaron a oídos de Quraish, entonces enviaron algunos hombres para perseguirlos, pero los creyentes ya habían dejado el puerto rumbo a su seguro destino donde fueron recibidos afectuosamente y con hospitalidad. [157][2]
En Ramadán del mismo año, el Profeta
fue
al Sagrado Santuario donde se hallaba un gran número de incrédulos de Quraish,
incluidos ancianos y personajes notables. De repente comenzó a recitar Sûrah
An-Naÿm (“La Estrella”). Las palabras de Allâh
impactaron
profundamente sobre los presentes. Era la primera vez que se vieron
influenciados por la Revelación. Era la costumbre de aquellos que querían
deshonrar la Revelación no solo no escucharla sino también hablar en voz alta e
insolente cuando se recitaba para que los que verdaderamente estaban interesados
en escuchar no lo pudieran hacer. Solían pensar que de este modo podían obstruir
la palabras de Allâh
;
decían:
(No presteis atención a este Corán, intentad hacer ruido durante su (recitación) y de este modo puede ser que venzais.) [41:26].
Cuando las fascinantes Palabras de Allâh
tuvieron
contacto directo con sus corazones, se sintieron encantados y olvidaron el
mundo material que los rodeaba para pasar a un estado de total atención a las
palabras divinas al extremo de que cuando el Profeta
llegó
al final del versículo donde invita a la prosternación:
(Prosternaos ante Allâh y adoradlo.) [53:62]
Los idólatras, inconscientemente y con total sumisión, se prosternaron en un
verdadero estado de desamparo. Fue de hecho un maravilloso momento en que la
verdad se introdujo en sus vergonzosas y arrogantes almas.
[158][3]
Quedaron pasmados cuando se dieron cuenta de que las Palabras de Allâh
conquistaron
sus corazones e hicieron las mismas cosas que ellos intentaban impedir. Los
demás paganos que no presenciaron el hecho los reprocharon y acusaron
severamente; debido a esto tuvieron que fabricar mentiras acerca del Profeta
alegando que fue a causa de que les inculcó gran veneración a sus ídolos y a la
intercesión de los mismos. Todo esto fueron desesperados intentos de establecer
una excusa por haberse prosternados junto al Profeta
aquel
día.
Noticias de este incidente fueron malinterpretadas por los musulmanes que emigraron a Abisinia (Etiopía). Fueron informados de que la totalidad de Quraish había abrazado el Islam cosa que los motivó a regresar. Llegaron a La Meca en Shauuâl del mismo año. Cuando se encontraban regresando hacia La Meca, la verdadera situación fue descubierta. Algunos de ellos volvieron a Abisinia (Etiopía), otros ingresaron secretamente en la ciudad o lo hicieron públicamente bajo la tutela de algún notable local. [159][4]
[160][1]Zâd Al-Ma‘ad, 1/24.[161][2]Zâd Al-Ma‘ad, 1/24.
La segunda emigración a Abisinia (Etiopía)
Los habitantes de La Meca se indignaron al enterarse de la buena acogida y
hospitalidad que recibieron los musulmanes en Abisinia (Etiopía), y los motivó a
maltratar y a torturar con más fervor a los musulmanes que habían permanecido en
la ciudad. Entonces el Mensajero de Allâh
rápidamente permitió a los desamparados creyentes buscar asilo en Abisinia
(Etiopía) por segunda vez. Esta emigración no fue tan fácil como la primera
porque los Quraishíes estaban alertas a cualquier movimiento sospechoso
de los musulmanes. Sin embargo los musulmanes se las ingeniaron rápidamente para
poder escapar.
La cantidad de muhâÿirún (emigrantes) en esta ocasión fue de ochenta y tres hombres y dieciocho o diecinueve mujeres. [162][1]
Quraish complotando contra los Muhâÿirún
Los Quraishíes no podían tolerar el hecho de que los musulmanes se sientan seguros en Abisinia (Etiopía), por eso enviaron a dos emisarios para pedir la extradición de los creyentes. Ellos eran ‘Amr Ibn Al-‘Âs y ‘Abdullah Ibn Abi Rabi‘a antes de que ambos abracen el Islam. Llevaron valiosos regalos para el rey y para sus obispos y así ganarse a la corte y ponerlos a su favor. Los emisarios paganos aludían a que los refugiados musulmanes debían ser expulsados de Abisinia (Etiopía) y ser devueltos, porque estos habían abandonado la religión de sus antepasados y su líder predicaba una religión distinta a la del rey.
El rey sometió a los musulmanes a un interrogatorio en su corte pidiéndoles que expliquen la doctrina de su religión. Los creyentes se consultaron mutuamente y resolvieron contarles la verdad. El rey les preguntó: “¿Cuál es esa religión que los motivó a separarse de su gente y les impide seguir mi religión o cualquier otra?”
Ÿa‘far Ibn Abi Tâlib se dirigió al rey con estas palabras:
“¡Oh rey! Éramos gente ignorante. Adorábamos ídolos y comíamos carroña.
Acostumbrábamos a tener comportamiento indecente, a desvincularnos de nuestros
parientes, maltratar a nuestros vecinos, y el fuerte oprimía al débil. Así
estábamos cuando Allâh
nos
envió un Mensajero. Del cual conocemos su linaje, su veracidad, su confiabilidad
y piedad. Comenzó a invitarnos a adorar únicamente a Allâh
.
Entonces; dejamos la religión de nuestros antepasados que antes seguíamos,
abandonamos la adoración de ídolos de piedra y de todo lo que no es Allâh.
También nos ordenó ser veraces en nuestro hablar, cumplir los pactos, ser
bondadosos con nuestros parientes, tratar con cortesía a nuestros vecinos y de
abstenernos en derramar sangre prohibida. Nos prohibió el mal comportamiento, el
insulto, apoderarnos de los bienes del huérfano, y de calumniar a las mujeres
piadosas. Nos ordenó adorar a Allâh
sin
asociarle nada ni nadie, a realizar la oración, hacer caridad y a ayunar.
Entonces confiamos y creímos en él y seguimos la religión de Allâh
que nos enseñó. Comenzamos a adorar a Allâh
únicamente, sin asociarle nada ni nadie. Comenzamos a prohibir lo que nos hizo
ilícito y a ordenar lo bueno. Debido a todo esto nuestro pueblo se enemistó con
nosotros, lastimándonos, torturándonos, para que abandonemos nuestra religión y
volvamos a la adoración de los ídolos en vez de Allâh
,
y esperaban que consideremos todo lo abominable como lícito como lo hacíamos
antes. Entonces cuando nos dominaron, oprimieron y proscribieron interponiéndose
entre nosotros y nuestra religión, emigramos a vuestra tierra, te elegimos a ti
de entre los demás, aspirando a ser tus vecinos, y con la esperanza de que no
seas – Oh rey – injusto con nosotros.”
El Negus dijo: “¿Hay contigo algo de lo que Allâh reveló?”
Ÿa‘far dijo: “¡Si!” El Negus dijo: “Recítame algo.” Entonces recitó las
primeras aleyas de Sûrah Mariam (“María”) donde se narra la historia del
nacimiento de Juan
y
de Jesús
,
hasta que María fue sustentada milagrosamente con alimentos. Debido a esto el
rey junto a los obispos de su realeza lloraron humedeciendo sus mejillas.
Entonces el Negus exclamó: “Estas palabras y las que fueron reveladas a Jesús
son
rayos de luz emanados de la misma fuente.” Dirigiéndose a los frustrados
emisarios de Quraish, dijo: “Temo de que no los puedo devolver. Son
libres de vivir y de practicar su religión donde les plazca.”
Al día siguiente, los dos emisarios volvieron al rey acusando a Muhammad
y sus seguidores de calumniar a Jesús
.
Nuevamente los musulmanes fueron convocados y cuestionados acerca de lo que
pensaban de Jesús
.
Ÿa‘far nuevamente respondió: “Decimos de Jesús lo mismo que nos enseñó nuestro
Profeta
,
esto es, de que es el siervo de Allâh,
Su Mensajero, Su espíritu y Palabra insufladas en la virgen María.” El rey dijo
que ellos creían lo mismo. Luego dirigiéndose a los emisarios y a sus enojados
obispos, les dijo que piensen lo que quieran pero Jesús
es tal cual lo describió Ÿa‘far. Luego aseguró a los musulmanes su protección.
Devolvió a los emisarios de Quraish sus regalos y los expulsó.
Los Musulmanes vivieron tranquilos en Abisinia (Etiopía) por un determinado número de años hasta que viajaron a Medina.[163][1]
La decisión de matar al Profeta
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Ahora que todos los ardides y conspiraciones de Quraish habían fallado,
volvieron a sus antiguas prácticas de persecución y torturas a los musulmanes
pero esta vez con más brutalidad que antes. También comenzaron a especular con
la idea de asesinar al Profeta
.
Respecto a los musulmanes, aquellos que se quedaron en la La Meca fueron muy
pocos. Todavía tenían que ocultar su Islamización, y resguardarla de los ojos de
la gente tanto como les fuera posible. Aún en estas circunstancias no estaban a
salvo de ser dañados por sus conciudadanos.
Con respecto al Mensajero de Allâh
,
rezaba y adoraba a Allâh
abiertamente
ante los ojos de los injustos, e invitaba públicamente a que adoren a Allâh
únicamente. No hubo nada que lo prevenga o distraiga de su misión. Esta era la
esencia de la orden de transmitir el Mensaje que proviene de Allâh
:
(Proclama abiertamente lo que se te ordena y apártate de los idólatras.) [15:94]
Acerca de lo que se menciona en los libros de la Sunnah (dichos y hechos
de Muhammadr)
y Sirah (Biografía de Muhammadr)
con respecto a los acontecimientos en esta etapa podemos mencionar el incidente
con ‘Utaibah Ibn Abi Lahab. Este una vez se acercó al Profeta
y
desafiante e insolentemente le grita, “No creo en:
(Por
la estrella cuando desaparece.)
[53:1]
(Luego
él (Gabrielu)
se aproximó y se acercó aún más.)
[53:8]
En otras palabras: “No creo en nada de lo que dice el Corán.” Entonces comenzó a
tratar déspotamente al Profeta
y
le lanzó un puñetazo, rasgó su camisa y escupió su cara; pero su saliva no cayó
sobre el rostro del Profeta
.
Debido a esto el Profeta
invocó
la ira de Allâh
sobre ‘Utaibah diciendo:
“¡Oh Allâh! Lanza sobre él a uno de tus perros.”
Allâh
respondió a la súplica de Muhammad
,
ya que pasado un corto tiempo ‘Utaibah con algunos de sus compañeros de Quraish
viajó a Siria e hicieron un descanso en Az-Zarqa. En ese lugar
apareció un león y se aproximó al grupo a pesar del miedo de ‘Utaibah, que
recordó las palabras de Muhammad
,
y dijo: “¡Guay de mi hermano! Este león seguramente me devorará tal como lo
pidió Muhammad
.
Me matará en Siria mientras que él está en La Meca.” El león avanzó súbitamente,
eligió a Utaibah e hizo trizas su cabeza.[164][1]
También se narra que un despreciable idólatra de Quraish, llamado ‘Uqbah
Ibn ‘Abi Mu‘it, una vez puso su pie sobre el cuello del Profeta
mientras
estaba prosternado.[165][2]
Más detalles sobre la intención de los malvados tiranos de querer asesinar al
Profeta
encontramos
en lo que registró Ibn Ishâq. Abu Ÿahl, el archienemigo del Islam, una
vez, dirigiéndose a sus secuaces, dijo: “¡Oh gente de Quraish! Tal
parece que Muhammad
seguirá
encontrando faltas a nuestra religión, seguirá insultando a nuestros
antepasados, desacreditando nuestro modo de vida y difamando a nuestros dioses.
Pongo de testigo a nuestro dios que agarraré una pesada roca y la tiraré encima
de la cabeza de Muhammad
mientras
se encuentre prosternado y así los aliviaré de él de una vez por todas. Y no me
preocupa la reacción que pueda tener Banu ‘Abd Manâf.” La maliciosa audiencia
aprobó su idea y lo estimuló para que la lleve a cabo.
Otra demostración de que querían asesinarlo se encuentra registrada por Ibn Ishâq
de ‘Abdullah Ibn ‘Amr Ibn Al-‘As, que algunas personas de Quraish
se encontraban en el Al-Hiÿr (de Ismael
)
complotando y deliberando que habían sido muy tolerantes con el Profeta
,
cuando, repentinamente este apareció y comenzó a realizar la circunvalación
alrededor de la Ka'bahh. Los incrédulos se mofaron de él
y
le hacían sarcásticas bromas pero el Profeta permaneció callado en dos ocasiones
hasta que en la tercera paró y dirigiéndose a los incrédulos les dijo:
“¡Oh pueblo de Quraish! Escuchad, juro por Allâh, Aquel en cuyas manos está mi alma, un día seréis cortados en pedazos.”
Tan pronto como el Profeta
dijo
esas palabras, todos los presentes abandonaron sus bromas y se asustaron;
inmediatamente comenzaron a hablarle con otro lenguaje para complacerlo
diciéndole: “Puedes irte Abu al Qâsim, ya que nunca fuiste tonto.”
En la mañana del día siguiente se reunieron para hablar nuevamente de él
.
Entonces lo confrontaron y lo rodearon. Vi a uno de ellos ahorcándolo con su
vestimenta. Abu Bakr se acercó llorando y dijo: “¿Queréis matar a un hombre tan
solo por que dice: Mi Señor es Allâh?”
entonces lo abandonaron. Ibn ‘Amr dijo: “Este fue el peor comportamiento que vi
de Quraish.”
[166][3]
‘Urua Ibn Az-Zubair narró: “Pregunté a Abdullah Ibn ‘Amr Ibn Al-‘As
que me cuente la peor cosa que los paganos le hicieron al Profeta
y
dijo: ‘Mientras el Profeta
se
encontraba rezando en el Hiÿr de la Ka'bahh , ‘Uqbah Ibn Al-Mu‘it
vino y con su vestimenta empezó a ahorcar al Profeta
violentamente.
Abu Bakr lo agarró de sus brazos y lo apartó del Profeta
diciéndole: “¿Queréis matar a un hombre tan solo por que dice: Mi Señor es Allâh?”[167][4]
La islamización de Hamza ibn Abdul-Muttalib
![]()
En un ambiente tenebroso infestado de nubes oscuras de iniquidad y tiranía,
brillaba en el horizonte una luz de esperanza para los oprimidos: la
islamización de Hamzah Ibn ‘Abdul-Muttalib en el mes de
Dhul Hiÿÿah, el sexto año de la Profecía. Se registró que el Profeta
estaba
en la colina de Safa cuando Abu Ÿahl pasó e insultó a la religión del
Islam. Muhammad
,
sin embargo, se mantuvo callado sin responderle. Abu Ÿahl tomó una piedra y la
arrojó a la cabeza del Profeta
la
cual empezó a sangrar. El agresor luego de esto fue a juntarse con los Quraishíes
en el lugar de la asamblea. Ocurrió que, al poco tiempo, Hamzah,
mientras retornaba de su caza, pasó por el mismo camino con su arco en la mano.
Una esclava perteneciente a ‘Abdullah Ibn Ÿad‘ân, que notó la impertinencia de
Abu Ÿahl, le contó a Hamzah todo lo ocurrido. Al enterarse Hamzah
se sintió profundamente ofendido y se apresuró hacia la
Ka'bahh
y allí, en la cercanía del Sagrado Santuario, encontró a Abu Ÿahl sentado junto
a algunos Quraishíes. Hamzah le pegó con su arco violentamente en
la cabeza y le dijo: “Estuviste abusando de Muhammad
;
también yo soy un seguidor de su religión y profeso lo que predica.” Los hombres
de Bani Majzûm vinieron en su ayuda, y hombres de Bani Hâshim
quisieron socorrerlo, pero Abu Ÿahl los apartó diciendo: “Dejen a Abu ‘Ammârah
tranquilo, juro por Allâh
que me comporté vergonzosamente con su sobrino.”[168][1]
De hecho, la islamización de Hamzah comenzó por el orgullo de un
hombre que no permitiría que degraden a un pariente. Más tarde sin embargo, Allâh
purificó su naturaleza guiándolo a ser un gran devoto de la fe en el Islam.
[169][2]
La Islamización de 'Umar Ibn Al-Jattâb
:
Otro acontecimiento significativo que contribuyó a aumentar la fortaleza del
Islam fue la islamización de 'Umar Ibn Al-Jattâb en el mes de Dhul-Hiÿÿah,
el sexto año de la Profecía,
[170][1]
tres días después de que abrazara el Islam Hamzah. 'Umar era un
hombre de mucho coraje y firmeza, temido y respetado en La Meca, y un enemigo
acérrimo de esta nueva religión. Encontramos en las tradiciones que el Profeta
una vez elevó sus manos para hacer la siguiente súplica:
“¡Oh Allâh! Fortalece el Islam especialmente a través de alguno de estos dos hombres que ames más: 'Umar Ibn Al-Jattâb o Abu Ÿahl Ibn Hishâm.”
‘Umar fue el merecedor de este privilegio.[171][2]
Cuando vemos las diferentes versiones que narran la islamización de 'Umar, podemos deducir que hubo varias emociones contradictorias que estaban en conflicto unas con otras en su ser. Por un lado, solía sentirse muy orgulloso de las tradiciones de su gente, y solía participar en reuniones donde se juntaban para beber alcohol; pero también admiraba la entereza de los musulmanes y la perseverancia de su fe. Estos dos extremos creaban una especie de escepticismo en su mente y lo hacían a veces pensar que la doctrina del Islam podía conducir a una vida mejor y más digna, por eso siempre experimentaba ataques de furia, seguidos de un inesperado agotamiento. Los motivos de su islamización son muy interesantes y requieren que los especifiquemos con más detalles.
Cierto día 'Umar Ibn Al-Jattâb salió de su casa dirigiéndose al Sagrado
Santuario donde vio al Profeta
rezar
y lo escuchó recitar el comienzo de Sûrah Al-Hâqqah (“La Verdad”)
del Noble Corán. Se dijo a sí mismo: “¡Por Allâh!
esto es poesía como han dicho los de Quraish.” Luego el Profeta
recitó:
(Es verdaderamente la palabra de un honorable mensajero. Y no es la palabra de un poeta, que poco es lo que creéis.) [69:40-41]
Entonces se dijo a sí mismo: “Es un adivino.”
El Profeta
siguió
recitando:
(Ni es la palabra de un adivino, poco es lo que recapacitáis. Es una Revelación procedente del Señor del Universo.) [69:42-43]
‘Umar narró: “Entonces el Islam penetró en mi corazón.” [172][3]
Sin embargo, el manto del paganismo, el profundo prejuicio así como el orgullo
ciego por sus antepasados hicieron sombra en la esencia de la gran Verdad que
comenzaba a experimentar su corazón. Por eso siguió persiguiendo al Islam y sus
seguidores, ignorando al hombre puro y benévolo que lleva todo ser humano por
dentro que se esconde tras la fragilidad de la ignorancia y mentalidad del
paganismo. Su agudo temperamento y el excesivo odio que sentía hacia el Profeta
lo
motivaron un día a salir de su casa empuñando su espada, con la intención de
matar al Profeta
.
Estaba encolerizado y sobresaltado. Nu‘aim Ibn ‘Abdullah lo interceptó en el
camino y le preguntó a donde se dirigía. 'Umar furioso dijo: “A matar a Muhammad
.”
Le dijo: “¿Cómo estarás a salvo de Bani Hâshim y de Bani Zahrah
si matas a Muhammad? ¿Por qué no empiezas corrigiendo a tu familia?
“¿A quién te refieres?” preguntó 'Umar enojado. “Tu cuñado y tu hermana han
apostatado (siguen a Muhammad
)
y abandonado tu religión.”
Entonces 'Umar se dirigió a la casa de su hermana. Cuando se aproximó escuchó
que Jabbâb Ibn Aratt recitaba el Corán, Jabbâb, percibió sus pasos dentro
de la casa. Fâtimah, la hermana de 'Umar, tomó el pliego y lo escondió.
Pero 'Umar había escuchado su voz. “¿Que fue lo que escuché?” dijo, entrando
violentamente. Su hermana y cuñado respondieron, “Nada, asuntos de una pareja.”
Dijo: “Me enteré de que habéis apostatado.” Y golpeó fuertemente a su cuñado,
entonces Fátima intentó ayudar a su marido, pero 'Umar golpeó la cabeza
de su hermana. Ambos sin poder controlarse gritaron: “Si, somos musulmanes,
creemos en Allâh
y en Su Mensajero Muhammad
,
haz lo que quieras.” Cuando 'Umar vio la cara de su hermana ensangrentada se
conmovió y dijo: “Permítanme ver lo que estaban leyendo, para poder conocer lo
que trajo Muhammad
.”
Fátima estuvo de acuerdo con su pedido, pero le dijo: “Hermano, tu eres impuro debido a tu idolatría, y nadie lo toca (al texto del Corán) excepto los puros. Purifícate (lavandote) primero.” Así lo hizo, tomó la hoja y leyó el comienzo de la Sûrah Tâ-Hâ hasta que alcanzó las palabras:
(Ciertamente Yo soy Allâh nada ni nadie tiene el derecho a ser adorado excepto Yo, entonces adoradme y cumplid la oración para recordarme.) [20:14].
‘Umar leyó las aleyas con gran interés y se conmovió con ellas. “¡Que excelente
es esto y que sublime! Por favor llévenme donde esté Muhammad
.”
dijo. Y al oír esto, Jabbâb manifestó: “ 'Umar, espero de que Allâh
haya respondido a la súplica del Profeta
,
porque lo escuché decir: ‘¡Oh Allâh!
Fortalece al Islam con 'Umar Ibn Al-Jattâb o Abu Ÿahl Ibn Hishâm.”
'Umar fue a una casa en Safa donde Muhammad
mantenía
reuniones secretas junto a sus Compañeros. 'Umar llegó a ese lugar sosteniendo
la espada en su mano y golpeó la puerta. Los Compañeros del Profeta
observaron
quien era. Uno de ellos espió por la puerta y dijo: “Es 'Umar con su espada.”
Hamzah, para tranquilizarlos, dijo: “Dejadlo entrar. Como un amigo es
bienvenido. De lo contrario le cortaré la cabeza con su propia espada.” El
Profeta
pidió
a sus Compañeros que abrieran la puerta. El Profeta
recibió
a su visitante, lo tomó por su ropa y preguntándole la razón de su visita. 'Umar
respondió: “Oh Mensajero de Allâh
,
vengo a verte para manifestar mi fe en Allâh
y en Su Mensajero y lo que has traído procedente de tu Señor.” Llenos de
alegría, Muhammad
y
sus Compañeros exclamaron: ‘¡Allâhu
Akbar!’
(Allâh
es el más grande) repitiéndolo en voz tan fuerte que pudo escucharse hasta en la
Ka'bahh .[173][4]
La islamización de 'Umar fue un verdadero triunfo para la causa del Islam. Tan
grandioso y efectivo fueron los efectos de su islamización que los creyentes se
animaron a adorar a Allâh
abiertamente y realizar los ritos en el Sagrado Santuario saliendo de la
clandestinidad. Esto levantó sus ánimos y Quraish comenzó a preocuparse y
horrorizarse.
Dijo 'Umar: “Cuando abracé el Islam, recordé al archienemigo de Muhammad
,
Abu Ÿahl. Fui y golpeé su puerta. Cuando salió a mi encuentro le dije que había
abrazado el Islam. Inmediatamente cerró la puerta repulsivamente.”
[174][5]
De hecho la islamización de ‘Umar creó una gran polémica en La Meca y algunos lo acusaron de apóstata, aunque esto nunca lo hizo retroceder sino que lo mantuvo firme en la fe a pesar de arriesgar su vida.
Los politeístas de Quraish marcharon rumbo a su casa con la intención de matarlo. Según registró Al-Bujâri, ‘Abdullah Ibn 'Umar narró: “Mientras que 'Umar estaba en casa temeroso, vino Al-‘As Ibn Ua’il As-Sahmi Abu ‘Amr, vestido con una capa bordada y una camisa con bordes de seda. Pertenecía a la tribu de Bani Sahm aliados nuestros en la época del paganismo. Al-‘As le dijo a 'Umar: ‘¿Qué es lo que te sucede?’ él dijo: ‘Tu gente ha dicho que me matarían si soy musulmán.’ Al-‘As le dijo: ‘Nadie te dañará debido a que estas bajo mi protección.’ Luego, Al-‘As salió y, encarando a la gente en el valle sagrado, les dijo: ‘¿A dónde os dirigís?’ Contestaron: ‘Queremos (matar) al hijo de Al-Jattâb porque ha abrazado el Islam.’ Al-‘As dijo: "De ninguna manera lo tocarán". Entonces la gente retrocedió. [175][6]
Con respecto a los musulmanes de La Meca, la islamización de 'Umar tuvo un
impacto inesperado. Narró Ibn ‘Abbâs haberle preguntado a 'Umar Ibn Al-Jattâb
por qué había recibido el sobrenombre de Al-Farûq (aquel que distingue la
verdad de lo falso), respondió: “Después de
que abracé el Islam, le pregunté al Profeta
:
‘¿Acaso no estamos nosotros en lo correcto en esta y en la otra vida?’ el
Profeta
respondió:
‘¡Por supuesto que lo estas! Juro por Allâh en cuyas manos está mi alma, que tu estas en lo correcto en esta y en la otra vida.’
Entonces le pregunté al Profeta
por
qué teníamos que mantenernos en la clandestinidad. "¡Juro por Allâh!
Quien te ha enviado con la verdad, que debemos abandonar nuestra clandestinidad
y proclamar nuestra noble causa públicamente.’
Luego salimos en dos grupos, Hamzah liderando uno y yo el otro.
Nos dirigimos a la Mezquita a plena luz del día, cuando los politeístas nos
vieron, sus rostros se pusieron pálidos y se deprimieron con resentimiento. En
esa ocasión, el Profeta
me
puso el título Al-Farûq.”
Ibn Mas'ûd relató que nunca pudieron los musulmanes rezar en la Ka'bahh hasta que 'Umar abrazó el Islam.[176][7] Suhaib Ibn Sinân Ar-Rumi, refiriéndose al mismo tema, mencionó que sólo después de la islamización de 'Umar, empezaron a proclamar el Llamado, a reunirse en las cercanías de la Casa Sagrada y circunvalarla libremente. Hasta quisieron tomar represalias por algunas de las injusticias y daños que habían recibido. [177][8] También Ibn Mas'ûd dijo: “Nos vimos fortalecidos cuando 'Umar abrazó el Islam.” [178][9]
[179][1]Târij ‘Umar bin Al-Jattâb, por Ibn Al- Ÿauzí pág11.
Representantes de Quraish intentan negociar con el Mensajero de
Allâh
![]()
Poco tiempo después de la islamización de estos dos héroes, Hamzah
Ibn ‘Abdul-Muttalib y 'Umar Ibn Al-Jattâb, las nubes de la tiranía
y la opresión empezaron a extinguirse y los politeístas se dieron cuenta que no
ganarían nada torturando a los musulmanes. Consecuentemente empezaron a buscar
otros métodos. Las biografías del Profeta
muestran
como los líderes de La Meca pensaron que Muhammad
era
ambicioso, y en consecuencia intentaron tentarlo. Ibn Ishâq citó una
narración de Muhammad Ibn Ka‘b Al-Qurzi en que un día algunos hombres
importantes de La Meca se reunieron en las proximidades de la Ka'bahh y
‘Utbah Ibn Rabi‘a, uno de sus jefes, se ofreció para visitar al Profeta
y
proponerle bienes y riquezas de este mundo a cambio de que se calle y no
proclame la nueva Fe. La gente de Quraish aprobó su propuesta, entonces
‘Utbah se acercó a Muhammad
y
le dijo: “¡Sobrino! Eres un hombre que pertenece a una importantísima familia de
noble linaje. A pesar de esto haces que tu gente se separe en grupos. Has
irritado a nuestros dioses y a nuestra religión, despreciado a nuestros
ancestros y hombres sabios con impertinencia y creaste divisiones entre
nosotros. Escucha con atención nuestras propuestas y considéralas, tal vez
aceptes alguna de ellas.”
El Mensajero de Allâh rdijo:
“Habla Abu Al-Ualîd, te escucho.”
Le dijo: “¡Sobrino! Si haces todo esto para obtener riquezas, te las daremos hasta que seas el más rico de Quraish. Si ambicionas el poder, te haremos nuestro jefe. Si quieres ser nuestro rey lo aceptaríamos. Si estas bajo la influencia de un demonio que te domina llamaremos a un brujo para que te cure.”
“¿Has terminado con tus propuestas?” preguntó Muhammad
;
y después de escuchar la respuesta afirmativa, recitó:
(En el nombre de Allâh, el más Benefactor, el más Misericordioso. Hâ-Mîm. Revelación procedente de Allâh, el más Benefactor, el más Misericordioso. Un libro donde las aleyas son explicadas con detalles; un Corán en árabe para gente que sabe. Albriciador de buenas noticias y advertidor (del castigo de Allâh), pero la mayoría de ellos se han apartado y no escuchan. Y dicen: nuestros corazones están cerrados a lo que nos invitas.) [41: 1-5]
El Mensajero de Allâh
continuó
recitando ese Capítulo mientras ‘Utbah escuchaba atentamente. Cuando el
Mensajero
llegó
al versículo que requiere prosternación, inmediatamente se prosterno. Después de
eso, se vuelvio a ‘Utbah y le dijo:
“¡Abu Al-Ualîd! Has escuchado mi respuesta, ahora eres libre de hacer lo que te plazca.”
‘Utbah se apresuró en reunirse con sus compañeros para comentarles la actitud
del Profeta
.
Cuando sus compañeros lo vieron, juraron que tenía una expresión diferente en su
rostro. Inmediatamente les comunicó los detalles de la respuesta que recibió y
de la charla que mantuvieron, y les dijo: “Nunca escuché palabras similares a
las que me recitó. Definitivamente no es poesía, tampoco es brujería ni
provienen de un adivino. ¡Gente de Quraish! Tomen en cuenta mi consejo y
déjenlo libre para que pueda cumplir con su objetivo, en este caso podrán
salvarse separándose de él. Juro que sus palabras corresponden a un Mensaje
supremo. Si otros árabes lo vencen nos evitarían grandes problemas, de lo
contrario, si él es el vencedor y tiene poder sobre los árabes podrán compartir
su poder con él.” Pero no le hicieron caso y pensaron que ‘Utbah había sido
embrujado e influenciado por el Profeta
.[180][1]
En otra versión del mismo acontecimiento, se relata que ‘Utbah siguió escuchando
atentamente al Profeta
hasta
que llegó a las palabras de Allâh
:
(Pero
si se apartan (Oh Muhammad
),
di: “Os he advertido sobre un tormento destructivo como el que cayó sobre (la
gente de) ‘Ad y Zamûd.)
[41:13]
Entonces ‘Utbah se puso de pie y le tapó la boca al Profeta
con
sus manos diciéndole:
“Te pido en el nombre de Allâh y de nuestro parentesco que te detengas y no caiga la calamidad sobre la gente de Quraish.” Apresuradamente retornó hacia sus compañeros para contarles lo que había escuchado.[181][2]
Los cabecillas de Quraish desafían al Mensajero de Allâh
Los Quraishíes albergaban cierta esperanza, ya que el Profeta
no
había rechazado claramente sus propuestas de un modo que descarte un acuerdo. Un
día se consultaron mutuamente reuniéndose detrás de la Ka'bahh después
de la puesta del sol, y enviaron un mensaje al Profeta
invitándolo
a un encuentro. Cuando vino le volvieron a proponer lo mismo que ‘Utbah había
mencionado anteriormente. Les aclaró que nada de eso perseguía, que era un
Mensajero transmitiendo el Mensaje de su Señor. Si lo aceptaban se beneficiarían
en esta vida y en la otra pero si no lo aceptaban sería paciente hasta que Allâh
juzgue entre él y ellos.
Entonces le solicitaron que presente un milagro, que le pida a su Señor que mueva una montaña, nivele la ciudad, que se haga de día, o que resucite a algún muerto para que así puedan creer. Pero les respondió de una manera similar a la anterior.
También le pidieron que le solicite a su Señor que envíe un ángel como prueba de su veracidad, haga surgir jardines, tesoros, castillos de oro y plata, pero también les respondió de la misma manera.
Luego le pidieron que traiga el castigo; que se les caiga encima un pedazo del cielo, pero les respondió:
“Eso le concierne a Allâh, Él hace lo que quiere.”
Entonces se burlaron y enojaron, retirándose el Profeta
triste
y decepcionado.
Después de que se marchó, Abu Ÿahl les dijo: “¡Gente de Quraish! Parece
que Muhammad
continuará
encontrando faltas en nuestra religión, degradando a nuestros ancestros,
desacreditando nuestra forma de vida e insultando a nuestros dioses. Los hago
testigos de que agarraré una roca pesada y la tiraré encima de la cabeza de Muhammad
mientras
este prosternado y acabaremos con nuestros problemas de una vez por todas. Sin
temer lo que las tribus de Banu ‘Abd Manâf puedan hacerme.
La malvada y desdichada audiencia aprobó su plan y lo estimuló para que lo concrete.
A la mañana del día siguiente, Abu Ÿahl esperó a que llegue el Mensajero de Allâh
para
rezar. La gente de Quraish permaneció en el lugar de la asamblea
esperando noticias. Cuando el Profeta
se
prosternó, Abu Ÿahl procedió a realizar su malvado propósito.
Ni bien se aproximó al Profeta
dio
media vuelta volviendo con la cara pálida, cayéndosele la piedra. La gente que
observó ese acontecimiento se acercó para averiguar que le había sucedido.
Contestó: “Cuando me acerqué, un temible camello de una forma inusual mostrando
sus terribles dientes me interceptó y casi me devora.” Ibn Ishâq reportó
que el Profeta
,
comentando este incidente, dijo:
“Era Gabriel
,
si Abu Ÿahl se hubiera aproximado más lo hubiese matado.[182][1]”
Los Quraishíes se esfuerzan por negociar
Aunque los Quraishíes intentaron desafiar al Profeta
y
Abu Ÿahl intentó matarlo, aún tenían esperanzas de llegar a un acuerdo con el
Profeta
?ya
que no estaban completamente convencidos de que su Mensaje era falso. Es más,
pensaban del Mensaje, tal como Allâh
dijo:
(Realmente estaban en una duda profunda sobre él.) [11:110]
Vieron que el Profeta
se
encontraba muy firme respecto a los asuntos de la religión, y querían llegar a
un acuerdo intermedio entre ambas posiciones. Aceptaban abandonar algo de su Fe,
a cambio de que él
abandonase
algo de la suya. Pensaron que esta forma era correcta para llegar a la verdad,
pero ciertamente la verdad era lo que el Profeta
predicaba.
Ibn Ishâq reportó que algunas personas se burlaban del Mensajero de Allâh
mientras circunvalaba la Ka'bah. Entre ellos estaban Al-Asuad Ibn Al-Muttalib
Ibn Asad Ibn ‘Abdul-‘Uzza, Al-Ualîd Ibn Al-Mugîrah,
Umaiah Ibn Jalaf, y Al-‘As Ibn Ua’il As-Sahmi, y todos estos eran
ancianos del pueblo.
Decían: “¡Oh Muhammad! Ven y permítenos adorar lo que tú adoras, y tú
adorarás lo que nosotros adoramos. Podemos ser tus socios en este asunto. Si
Aquel que tú adoras es mejor que lo que nosotros adoramos entonces obtendremos
algún beneficio. De lo contrario, si lo que adoramos nosotros es mejor de lo que
tu adoras entonces obtendrás un beneficio. Debido a esto Allâh
reveló:
(Di: ¡Incrédulos! Yo no adoro lo que adoráis. Ni vosotros adoráis lo que yo adoro. Yo no adoraré lo que vosotros adoráis, ni vosotros adoraréis lo que yo adoro. Para vosotros vuestra adoración y para mí la mía.) [109] [183][1]
Ibn ‘Abbâs narró que los Quraishíes dijeron: “Si te sometes a nuestros
dioses adoraremos al tuyo.” Entonces Allâh
reveló;
(Di: ¡Incrédulos! Yo no adoro lo que adoráis…) [109] [184][2]
At-Tabari reportó que Ibn ‘Abbâs dijo que los Quraishíes
sugirieron: “Adora nuestros ídolos por un año, y adoraremos el tuyo por un año.”
Entonces Allâh
reveló:
(Di: ¿Me ordenáis que adore a otro en vez de Allâh, oh ignorantes?) [39:64] [185][3]
La perplejidad de Quraish y sus consultas a los judíos
El rumbo de los acontecimientos parecía cada vez más oscuro y los paganos
estaban desorientados respecto a lo que les convenía hacer. Finalmente uno de
sus demonios, An-Nadr Ibn Hâriz aconsejó lo siguiente: “¡Quraish!
¡Por Allâh!
Han experimentado un hecho sin precedentes que los desespera y desanima. Muhammad
creció aquí entre vosotros, siempre demostró ser muy considerado, el más
confiable y el más verídico. Sin embargo cuando sus patillas comenzaron a tener
canas, nos trae este problema. Habéis dicho: ‘Es un hechicero. ¡No por Allâh!
No es un hechicero dado que hemos visto la brujería y sus métodos. Habéis dicho:
Es un adivino. ¡No por Allâh!
No es un adivino, debido a que hemos visto a los adivinos y conocemos sus formas
de expresarse.’ Habéis dicho: Es un poeta. ¡No por Allâh!
No es un poeta, porque conocemos la poesía, sus rimas y características. Habéis
dicho: ‘Está poseído. ¡No por Allâh!
No está poseído, dado que hemos visto a los poseídos y no demostró jamás
síntomas de alguien poseído o que alucine. ¡Pueblo de Quraish, este es un
asunto muy delicado y os recomiendo que mediten con seriedad lo que vais a
hacer.”
Los Quraishíes decidieron acudir a los judíos para pedirles ayuda sobre el asunto. Autorizaron a An-Nadr Ibn Hâriz para que junto a otras personas se entrevistasen con los judíos de Medina. Allí los rabinos judíos les dijeron: “Hacedle tres preguntas. Si se las contesta, es un verdadero Mensajero. Preguntadle acerca de los tres jóvenes de la cueva. Preguntadle acerca de un hombre cuyos viajes alcanzaron el este y el oeste; cuál fue su asunto. Y preguntadle acerca del alma.”
Cuando volvieron a La Meca pensaron poseer un arma para deshacerse de Muhammad
.
Entonces los Quraishíes le formularon al Mensajero de Allâh
las
tres preguntas. Tras unos pocos días Sûrah Al-Kahf fue revelada; esta
cuenta la historia de los jóvenes, conocida como la gente de la cueva. También
relata los viajes de un hombre llamado Dhul-Qarnain, y la respuesta
acerca del alma fue revelada en la Sûrah Al-Isra’. Esto clarificó a los
Quraishíes que el Profeta
recibía
revelación divina, pero a pesar de ello permanecieron inmersos en la
incredulidad.
[186][1]
Abu Tâlib reúne a su familia
Debido a estas actitudes de los paganos, Abu Tâlib comenzó a temer por su
sobrino. Deliberó acerca de los incidentes pasados incluyendo el caso de ‘Uqbah
Ibn Al-Mu‘it intentando estrangular al Profeta
,
Abu Ÿahl con su roca, y finalmente la
intención de 'Umar (antes de su islamización) de asesinar a Muhammad
.
Dado que todos los que se reunieron pertenecían a Banu Hâshim y Banu
Al-Muttalib, el hombre sabio comprendió de que todo lo expuesto servía de
prueba para demostrar que estaban planeando asesinar al Profeta
.
Abu Tâlib los exhortó para que defiendan al Profeta
.
Todos ellos respondieron positivamente sean Creyentes o incrédulos excepto su
hermano Abu Lahab, que estaba a favor de los politeístas.[187][1]
Un pacto de injusticia y agresión
Después de examinar sus planes, y con el compromiso de Banu Hâshim y Banu
Al-Muttalib de proteger al Mensajero de Allâh
,
los paganos desesperaron aun más al ver como las tribus lo protegerían al margen
del peligro que implicaría hacer esto. Entonces se reunieron en Jaif Banu
Kinânah en un lugar llamado Uadi Al-Muhassab, y formaron una alianza
hostil contra Bani Hâshim y Bani Al-Muttalib. Todos se
comprometieron a no comerciar o negociar ni a casarse con ninguno de sus
miembros, a cortar todo vínculo social y a no hablarles a no ser que le
entreguen al Profeta
para
que puedan matarlo. Todo este compromiso fue escrito y se ratificó como un pacto
y convenio que todos cumplirían. Ibn Al-Qaiim dijo: “Se dijo que fue escrito por
Bâgid Ibn ‘Amir Ibn Hâshim y luego colgaron el tratado en la pared
de la Ka'bah. El Profeta
invocó
la maldición de Allâh
sobre Bâgid, cuyas manos se paralizaron más tarde.[188][1]
Este convenio fue colgado en la pared de la Ka'bah , todos los miembros pertenecientes a Banu Hâshim y Banu Al-Muttalib fueron víctimas del Boicot, sean incrédulos o no, excepto Abu Lahab.
Abu Tâlib pensó que era prudente irse a un valle cercano en las afueras de La
Meca. Banu Hâshim y Banu Al-Muttalib lo siguieron, permaneciendo
en un estrecho paso (Shi‘b Abu Tâlib), desde el comienzo de Muharram,
o el final como algunos dicen, del séptimo año de la misión de Muhammad
hasta
el décimo, por un período de tres años. Fue una terrible injusticia. La
provisión de alimentos fue interrumpida y la gente se enfrentó a grandes
dificultades. Los idólatras solían comprar los alimentos que entraban a La Meca
para que no alcancen a los boicoteados, que se encontraban en una situación tan
desesperada que comían hojas de árboles y la piel de animales. El llanto de los
niños podía oírse desde lejos.
Ningún comestible llegaba, excepto en pocas ocasiones, cuando algunas insignificantes cantidades de comida les eran alcanzadas por algunos habitantes de La Meca que sentían pena por ellos. Durante los meses sagrados — cuando las hostilidades tradicionalmente cesaban, podían comprar alimentos procedentes de las afueras de La Meca. Aún así los precios de las mercaderías eran injustamente elevados para empeorarles la situación económica.
Hakîm
Ibn Hizâm en una oportunidad llevaba trigo a su tía Jadîÿah pero
Abu Ÿahl lo interceptó y trató de impedirle que lo haga. Solo cuando Al-Bujtari
intervino, pudo Hakîm cumplir con su intención. Abu Tâlib estaba
tan preocupado por la seguridad de su sobrino que cuando todos se retiraban para
dormir le pedía al Profeta
que
repose en su lugar, pero cuando todos se dormían le pedía que cambie de lugar
nuevamente, todo esto para protegerlo de cualquier eventual complot para
asesinarlo.
A pesar de todas las dificultades, Muhammad
se
mantuvo firme y su coraje nunca disminuyó. Continuó yendo a rezar públicamente a
la Ka'bah. Aprovechaba toda oportunidad para predicar a los forasteros
que visitaban la La Meca por negocios o para peregrinar durante los meses
sagrados.
Disolución del pacto
Esta situación creó discrepancias entre varios sectores de Quraish que
tenían algún vínculo de parentesco con la desafortunada gente. Después de tres
años del boicot, en Muharram,[189][1]
el décimo año de la misión de Muhammad
,
el pacto fue disuelto. Hishâm Ibn ‘Amr, quien solía alcanzar alimentos
durante la noche secretamente a Bani Hâshim, fue a ver a Zuhair
Ibn Abi Umaiah Al-Majzûmi y lo reprochó por haberse resignado al
intolerable trato que estaban sufriendo sus tíos en el exilio. Este último
invocó impotencia, pero se puso de acuerdo con Hishâm para trabajar en
conjunto y formar un grupo de presión que intente rescatar y liberar a los
exiliados. Haciendo referencia a los vínculos de parentesco surgió un grupo de
cinco personas que se decidieron a poner fin al pacto y declararlo nulo en todas
sus cláusulas.
Ellos eran Hishâm Ibn ‘Amr, Zuhair Ibn Abi Umaiah, Al-Mut‘im Ibn ‘Adi, Abu Al-Bujtari y Zam‘a Ibn Al-Asuad. Decidieron reunirse en su lugar de asamblea y comenzar la misión en el recinto de la Casa Sagrada. Zuhair, después de circunvalar siete veces, junto a sus colegas se aproximó a la gente para reprocharles el maltrato injustificado dado a sus parientes de Bani Hâshim que estaban sufriendo por el boicot y su debilitada economía. Juraron que no descansarían hasta que el papel donde estaba escrito el boicot sea destruido y el pacto anulado. Abu Ÿahl, que estaba cerca, respondió que nunca lo anularían. Zam‘a estaba furioso y acusó a Abu Ÿahl de mentir, agregando que el pacto fue establecido y escrito sin buscar la aprobación de ellos. Al-Bujtari intervino y apoyó a Zam‘a. Al-Mut‘im Ibn ‘Adi y Hishâm Ibn ‘Amr aseguraron la veracidad de sus dos compañeros. Abu Ÿahl, intentando terminar con el argumento expuesto dijo que el boicot fue algo decidido en el pasado.
Abu Tâlib mientras tanto se encontraba sentado en un rincón de la
Mezquita y se acercó para informarles de que una Revelación había descendido a
su sobrino, el Profeta
,?
?diciéndole que insectos habían devorado el documento donde figuraba las
hostilidades e injusticias excepto el nombre de Allâh
.
Les dijo que estaba dispuesto a entregarles a Muhammad
si
sus palabras habían sido falsas, de lo contrario, tendrían que abandonar y
anular el boicot. Los habitantes de La Meca estuvieron de acuerdo con su
propuesta. Al-Mut‘im fue a ver el documento y descubrió que había sido
comido por las hormigas excepto el lugar donde se encontraba escrito el nombre
de Allâh
.
El boicot fue anulado, y Muhammad
junto a los demás regresaron a sus hogares. En esta oportunidad cuando los
musulmanes fueron expuestos a semejantes atrocidades, los incrédulos tuvieron
una excelente oportunidad para ver la veracidad de la Profecía de Muhammad
pero
a pesar de esto no abandonaron su incredulidad:
(Pero si ven un signo se desentienden y dicen: Es magia persistente.) [54:2][190][2]
[191][1] La prueba de esto es que Abu Tâlib murió seis meses después de que el pacto fuera cancelado, y lo correcto es que murió durante el mes de Raÿab.
La etapa final en la negociación diplomática
El Mensajero de Allâh
se alejó de su confinamiento y siguió predicando su Fe como de costumbre. Quraish,
además, suspendió el boicot pero siguió con sus atrocidades oprimiendo a los
musulmanes. Abu Tâlib, había alcanzado los ochenta años, estaba todavía
deseoso de proteger a su sobrino pero en estos momentos debido a las continuas
dificultades del boicot empezó a mostrar síntomas de debilidad. A pesar de haber
salido victorioso del inhumano boicot enseguida se enfermó y su cuerpo se
debilitó. Los politeístas de La Meca, viendo esta seria situación, y temiendo la
deshonra que puedan llegar a atribuirle los demás árabes en caso de cualquier
agresión hacia el Profeta
después
de haber perdido su principal soporte, Abu Tâlib, decidieron negociar con
el Profeta
una
vez más y proponerle algunas concesiones. Luego eligieron a algunos
representantes para reunirse con Abu Tâlib y discutir el asunto con él.
Ibn Ishâq y otros historiadores reportaron que cuando Abu Tâlib
tuvo una grave enfermedad, la gente de Quraish empezó a evaluar la
situación y a analizar los principales acontecimientos que caracterizaron ese
período que incluía la islamización de 'Umar
y Hamzah, acompañada de la tremenda exaltación que creó Muhammad
entre
todas las tribus de Quraish. Consideraron importante mantener una reunión
con Abu Tâlib antes de que muera para que este presione a su sobrino a
negociar un compromiso que abarque los temas en disputa. Pero temían que los
otros árabes piensen en que eran oportunistas.
La delegación de Quraish estaba compuesta de 25 hombres, incluidos
notables como ‘Utbah Ibn Rabi‘a, Shaibah Ibn Rabi‘a, Abu Ÿahl Ibn Hishâm,
Umaiah Ibn Jalaf, y Abu Sufián Ibn Harb. Lo primero que hicieron fue
demostrarle que lo consideraban un hombre muy respetable y de una gran posición
entre ellos. Luego le comentaron la nueva política que deseaban seguir. Para
justificar sus argumentos alegaron que terminarían de intervenir en los asuntos
de la religión de Muhammad
si él hacía lo mismo con la de los incrédulos.
Abu Tâlib mando a llamar a su sobrino y le informó de lo conversado en la reunión, y dijo: “Bueno, sobrino mío, aquí están los nobles de tu pueblo. Han propuesto esta reunión para llegar a un acuerdo de mutuo consentimiento y para que podamos convivir pacíficamente.” El Mensajero de Allâhr se dirigió a ellos diciendo:
“Los guiaré dándoles los medios para que obtengan la soberanía sobre los Árabes y no Árabes.”
En otra versión, el Profeta
le
habló a Abu Tâlib con las siguientes palabras:
“Oh tío! ¿Por qué no los invitas a algo mejor?”
Abu Tâlib le preguntó, “¿A qué los invitas?” El Profeta
respondió:
“Los invito a aferrarse al Mensaje que les hará gobernar sobre los Árabes y no Árabes.”
Según la versión de Ibn Ishâq:
“Es tan solo una palabra que les dará supremacía sobre los Árabes y no Árabes.”
Los representantes de La Meca se sorprendieron y comenzaron a preguntarse cuál era esa palabra que tanto los beneficiaría. Abu Ÿahl preguntó: “¿Cuál es esa palabra? Juro por tu padre que te complaceríamos.”
El Profeta
dijo:
“Les pido que atestigüen que nada ni nadie tienen el derecho de ser adorado excepto Allâh, y que abandonen a toda divinidad fuera de Él.”
Inmediatamente empezaron a aplaudir burlándose de la situación, y dijo “Como
piensas que podemos combinar a todos nuestros dioses en un solo Dios. Realmente
es algo increíble.” Cuando se marchaban, decían entre ellos: “¡Por Allâh!
este hombre nunca cederá, ni acordará nada con nosotros. Mantengámonos aferrados
a la religión de nuestros antepasados, y Allâh
juzgará nuestra disputa con él.” Acerca de este incidente Allâh
reveló los siguientes Aleyas:
(Sâd. Por el Corán que contiene el recuerdo. Sin embargo los que se niegan a creer muestran arrogancia y oposición. ¿Cuántas generaciones anteriores a ellos destruimos? imploraron cuando ya había pasado el tiempo de salvarse. Y se extrañan de que les haya llegado un advertidor que es uno de ellos; y dicen los incrédulos: Este es un hechicero mentiroso. ¿Acaso pretende que los dioses sean un único dios? Realmente es algo asombroso. Sus líderes han salido diciendo: Id y seguid siendo fieles a vuestros dioses pues en todo esto se persigue algo contra vosotros. No lo habíamos oído en la última forma de adoración de los antepasados. Esto no es más que un invento.) [38:1-7][192][1]
El año de la tristeza
La muerte de Abu Tâlib
En Raÿab[193][1],
el décimo año de la Profecía, Abu Tâlib enfermó y luego murió, seis
meses después de terminado el boicot. Narró Al-Musaiiab que cuando Abu Tâlib
se encontraba en su lecho de muerte, el Profeta
entró a la habitación y vio a Abu Ÿahl y ‘Abdullah Ibn Abi Omaiah. Le pidió a
su tío:
“Tío mío, tan sólo atestigua de que nada ni nadie tiene derecho a ser adorado salvo Allâh, y podré interceder ante Allâh por ti”.
Abu Ÿahl y ‘Abdullah Ibn Abi Umaiah le dijeron: “Abu Tâlib, ¿Abandonarás
la religión de tu padre ‘Abdul-Muttalib?” El Mensajero de Allâh
repitió
su invitación, y lo mismo hicieron Abu Ÿahl y ‘Abdullah Ibn Abi Umaiah, hasta
que Abu Tâlib dio su respuesta final diciendo de que permanecía en la
religión de su padre ‘Abdul-Muttalib y se negó a profesar de que no hay
divinidad salvo Allâh
.
A pesar de esto el Mensajero de Allâh
dijo:
“Por Allâh, seguiré pidiendo perdón por ti a no ser que se me prohíba”.
Entonces Allâh
reveló
las siguientes aleyas:
(No es propio del Profeta y de los Creyentes pedir perdón por los idólatras aunque sean parientes próximos, después de haberles aclarado que éstos son moradores del fuego.) [9:113]
Se reveló también:
(Ciertamente!
Tú
(Oh Muhammad
)
no guías a quien quieres.)
[28:56][194][2]
Abu Tâlib protegió el Llamado islámico contra las ofensas y agresiones de los paganos, pero a pesar de ello permaneció en la religión de sus antepasados.
Al-‘Abbâs Ibn ‘Abdul-Muttalib narró que le dijo al Profeta
:
“¿No has sido de ninguna ayuda para tu tío (Abu Tâlib) a pesar
de que solía protegerte y se enojaba por tu
causa.” El Profeta
le
dijo:
“Él se encuentra en el lugar mínimo del infierno, y si no fuera por mi, permanecería en el fondo del infierno.”[195][3]
Abu Sa‘id Al-Judri narró de que escuchó al Profeta
decir
cuando se mencionó a su tío:
“Espero que mi intercesión le sea de ayuda, y que sea ubicado en un lugar del infierno donde el fuego solo le llegue hasta los talones.”[196][4]
La muerte de Jadîÿah
Tan sólo dos o tres meses después de la muerte de su tío, el Mensajero de Allâh
sufrió
otra pérdida: Su esposa Jadîÿah murió en Ramadán durante el décimo año de la
Profecía, cuando contaba con sesenta y cinco años de edad, y el Profeta
cincuenta.[197][1]
Jadîÿah fue una bendición de AllâhI
para el Profeta
.
Ella, a través de veinticinco años, compartió junto a él
las
dificultades y pruebas de la vida, especialmente durante los diez años de la
Profecía. Se vio profundamente apenado debido a su muerte, y una vez comentó con
conmovedora emoción:
“Ella creyó en mi mientras la gente no creía. Confió en mí cuando la gente me desmintió. Y me ayudó y socorrió, tanto con su persona como con sus bienes, mientras la gente no lo hacía. Allâh me brindó hijos con ella, y no me los dio con las demás.”[198][2]
Abu Hurairah narró que el ángel Gabriel
vino al Mensajero de
Allâh
y le dijo: “Mensajero de Allâh,
Jadîÿah viene hacia ti con un recipiente de comida o bebida. Cuando llegue,
salúdala de parte de tu Señor, y albríciale con un palacio de joyas en el
Paraíso donde no hay ruidos ni dificultades.”[199][3]
La acumulación del dolor
Estos dos acontecimientos penosos ocurrieron en un breve período de tiempo y
causaron mucha pena y sufrimiento al Profeta
.
Los habitantes de La Meca ahora declaraban abiertamente su intención de llevar a
cabo torturas y opresiones. El Profeta
perdía
toda esperanza de que se encaminen por el sendero recto. Entonces viajó a Ta’if
buscando asistencia. Pero ahí también, fue víctima del maltrato y la
intolerancia.
Sus Compañeros recibían inexplicables torturas y opresiones a tal punto de que su mejor amigo, Abu Bakr, para alejarse de estos maltratos, inició su emigración de La Meca a Abisinia (Etiopía) pero Ibn Ad-Dagânah lo encontró en Bark Al-Gamad y lo convenció de que regrese bajo su protección.[200][1]
La muerte de Abu Tâlib había dejado al Profeta
vulnerable, y los paganos aprovechando esta oportunidad intentaban dar rienda
suelta a sus malvadas intenciones de agredirlo oprimirlo y torturarlo. Una vez
un Quraishita lo interceptó y le arrojó arena en su cabeza. Cuando llegó
a su casa una de sus hijas limpió su cabeza y comenzó a llorar. El Profeta
le
dijo:
“No llores, hija mía. Ciertamente Allâh protegerá a tu padre.”
Y dijo también
:
“Los Quraishíes nunca me maltrataron tanto como lo hicieron después de la muerte de Abu Tâlib.”[201][2]
Debido a tantas desgracias, el Profeta
llamó
a este período, ‘el año de la tristeza y la angustia’.
Su casamiento con Saûdah en el mes de Shauual, el décimo año de la Profecía
En el mes de Shauual del mismo año, el décimo año de su Misión, el
Mensajero de Allâh
contrajo matrimonio con la hija de Zama’ah. Ella fue una de las primeras
en abrazar el Islam y había emigrado con el segundo grupo de musulmanes hacia
Abisinia. Se encontraba previamente casada con As-Sakrân Ibn ‘Amr quien también
se islamizó y emigró con ella pero murió en Abisinia, o después cuando
retornaron a La Meca.
Fue la primera mujer en casarse con el Profeta
después de la muerte de Jadîÿah. Algunos años más tarde cedería su turno a su
co-esposa, ‘Aishah.[202][1]
Factores inspiradores de Paciencia y Perseverancia
Es natural que la gente sensible y compasiva medite profundamente en los factores que motivaron a estos primeros musulmanes a tener constancia y perseverancia. Es normal preguntarnos cómo esta gente pudo tolerar tantas persecuciones y mantenerse firmes a pesar de las terribles torturas. Con respecto a este interrogante, creemos apropiado enumerar las siguientes razones:
1. La inquebrantable fe en
Allâh
.
El primer y predominante factor es sin dudas la fe inquebrantable en Allâh
,
acompañada de un correcto conocimiento. Un hombre con la Fe profundamente
arraigada en su corazón observará las adversidades como insignificantes y no las
comparará bajo ninguna circunstancia con la dulzura de su Fe:
(La espuma se va, siendo un deshecho y lo que aprovecha a los hombres permanece en la tierra.) [13:17]
2. El incondicional amor al líder
.
Muhammad
,
el gran líder de la comunidad musulmana, y de toda la humanidad, fue un
excelente ejemplo de nobles atributos y sublimes modales; nadie se le equipara
en nobleza, honestidad, confiabilidad y comportamiento; unánimemente eran
reconocidas estas cualidades por todos, hasta por sus enemigos. Abu Ÿahl mismo,
el gran enemigo del Islam, solía decir con frecuencia: “Oh Muhammad
,
no tenemos excusas para desmentirte, tan solo no creemos en lo que nos has
traído (Islam).” Entonces Allâh
dijo:
(No es a ti a quien niegan, son las Aleyas de Allâh (Corán) lo que los Dhâlimûn (Politeístas e injustos) niegan.) [6:33][1]
Un día, los incrédulos de Quraish le hicieron tres veces una cínica observación, el Profeta permaneció callado pero a la tercera les dijo:
“¡Quraish! El castigo está reservado para vosotros.”
Entonces los idólatras se echaron para atrás y sus corazones comenzaron a sentir miedo a tal extremo de que empezaron a cambiar las palabras hostiles por otras más amigables.
Cuando colocaron en su espalda el intestino de un camello mientras estaba
prosternado durante la oración, invocó la ira de Allâh
sobre
ellos, e inmediatamente pasaron a un estado de inexplicable preocupación,
convencidos de que serían destruidos. La súplica fue en contra de ‘Utaibah Ibn
Abu Lahab, después de la cual ‘Utaibah pensó que sus súplicas jamás serían
respondidas. Luego cuando vio el león que le dio muerte dijo: “¡Por Allâh!
Muhammad me ha matado estando en La Meca.” Ubai Ibn Jalaf solía
manifestar que mataría a Muhammad
.
Un día el Profeta
le
dijo:
“Por el contrario, seré yo quien te mate a ti, si Allâh quiere.”
Cuando Ubai recibió un rasguño en su nuca, en el día de Uhud, aterrado, recordó
las palabras del Profeta
y
dijo: “Estoy convencido de que es capaz de matarme con tan sólo escupirme.[2]
” Sa‘d Ibn Mu‘âdh le dijo a Umaiah Ibn Jalaf en La Meca: “Escuché al
Mensajero de Allâh
un
día, decir que los musulmanes te matarían.” Umaiah se horrorizó y juró que nunca
saldría de La Meca. Aún cuando Abu Ÿahl lo obligó a ir a pelear contra el
Profeta
en
el día de Badr, compró el mejor y más veloz de los camellos en La Meca para
poder escapar. Hasta cuando su esposa le advirtió de las palabras de Sa‘d, su
respuesta fue: “Por Allâh,
no tengo la intención de salir con Quraish, me mantendré a una corta
distancia.”[3]
Este era el sentimiento de pánico y terror que sus enemigos tenían en cualquier
lugar en donde se encontraban. Sus amigos y Compañeros, por el contrario, lo
amaban muchísimo ocupabando un lugar muy importante en sus corazones. Siempre
estaban listos para defenderlo y protegerlo a costa de sus propias vidas. Cierto
día, Abu Bakr fue brutalmente golpeado por ‘Utbah Ibn Rabi‘a, un repugnante
pagano. Todo su cuerpo estaba sangrando y su vida corría peligro de muerte,
mientras su gente lo llevaba de regreso a su casa indignado por su desgracia,
juró que no comería ni bebería hasta que le informen el estado de su noble
Compañero, Muhammad
.
Este era el espíritu de desinterés y sacrificio que caracterizaba el
comportamiento de sus primeros Compañeros.[4]
3. El sentido de responsabilidad. Los primeros Compañeros estaban convencidos de la responsabilidad que tendrían que cargar sobre sus hombros. También estaban convencidos de que esta responsabilidad era ineludible aunque fueran perseguidos, dado que eran concientes de lo que sufriría la humanidad si ellos abandonaban sus obligaciones.
4. La convicción respecto a la otra vida. Esto era lo que fortalecía
el sentido de la responsabilidad. Había una profunda certeza establecida a
través de la luz de la religión que se levantarían el Día de la Resurrección y
rendirían cuentas de sus actos de esta vida, ya sean estos grandes o pequeños.
Estaban seguros de que en la otra vida su situación dependería de sus actos en
la tierra, ya sea para morar eternamente en el Jardín del Paraíso o para
permanecer eternamente en el fuego del Infierno. Sus vidas estaban divididas
entre la esperanza en alcanzar la misericordia de Allâh
y
el temor de recibir Su castigo.
(Los que dan (caridad) de lo que se les da (y también realizan otras buenas acciones) sienten temor en sus corazones (dado que no saben si sus buenas acciones han sido aceptadas o no), y están seguros de que han de retornar a su Señor.) [23:60]
Sabían de que esta vida con todas sus dificultades y penas era insignificante comparada con la otra vida. Esta profunda convicción les hizo ser indiferentes a las adversidades y dificultades de esta vida.
5. El Corán. Las Aleyas (versículos) del Noble Corán eran atrayentes,
convincentes y reveladas con mucha frecuencia durante esta crítica etapa,
colaborando con argumentos sobre la verdad y conveniencia de seguir los
principios del Islam, en cuyas fuentes estaba basado todo el Mensaje transmitido
por Muhammad
.
El Corán constituía la base sobre la cual la mejor y más maravillosa sociedad
estaba establecida. Las Aleyas del Corán sirvieron también para estimular los
sentimientos de los Creyentes, fortalecerlos a través de la paciencia y la
perseverancia instruyéndolos con ejemplos prácticos y sugestivas instrucciones:
(¿O acaso contáis con entrar al Paraíso sin que os suceda algo similar a lo que les sucedió a vuestros antepasados? La desgracia y el daño les golpearon y se estremecieron hasta el punto de que el Mensajero y quienes con él creían llegaron a decir: ¿Cuándo vendrá el auxilio de Allâh? ¿Pero acaso el auxilio de Allâh no está cerca?) [2:214]
(Alif-Lam-Mim.
¿Es que piensan los hombres con que se les va a dejar decir creemos, y no van a
ser probados? Es verdad que ya probamos a los que les precedieron. Para que Allâh
sepa quienes son sinceros y quienes son los falsos. (Aunque Allâh
sabe
todo antes de poneros a prueba).)
[29: 1-3]
Estas Aleyas constituían una irrefutable respuesta a las falsas acusaciones de
los incrédulos, y a un claro ultimátum que les advertía de las horribles
consecuencias que enfrentarían en caso de persistir en la incredulidad. Por otro
lado, el Noble Corán guiaba a los musulmanes a un nuevo mundo y les anunciaba
sus deleites, la perfección de Allâh
,
los beneficios de ser amable y bondadoso y anhelar la complacencia de Allâh
.
Esto implicaba un importante Mensaje portador de buenas nuevas de la
Misericordia Divina acompañada de la bendición eterna en un Jardín del Paraíso.
Y al mismo tiempo describía el final de los tiranos e incrédulos que serían
juzgados y arrojados al Infierno.
6. Las albricias. Aún desde los momentos en que experimentaron
adversidades, los musulmanes tenían la certeza de que pertenecer a las filas del
Islam no implicaría dificultades o cavarse la propia tumba. Estaban seguros de
que el Llamado Islámico tenía un objetivo, la exterminación de las tradiciones
del paganismo pre-islámico y la destrucción de sus sistemas opresivos, para
liderar a la humanidad en la búsqueda de la complacencia de Allâh
.
Estas albricias eran reveladas en ocasiones explícitamente y en otras
implícitamente, acorde a las circunstancias. Cuando los musulmanes fueron
perseguidos o sus vidas sufrían constantes adversidades, eran reveladas Aleyas
que narraban historias de los anteriores Profetas con sus pueblos y de los
sufrimientos y adversidades que experimentaron. Las Aleyas también incluirían
sugestivas informaciones del trágico final de los incrédulos de La Meca
visualizando su perdición, y también al mismo tiempo, albriciando a los
creyentes.
Expondremos aquí algunas de estas Aleyas:
(Ya sucedió antes que dimos Nuestra palabra a Nuestros siervos enviados. Y fueron auxiliados. Y es verdad que Nuestros ejércitos fueron vencedores. Apártate de ellos hasta que llegue el momento. Y obsérvalos que ya verán (el castigo). ¿Acaso están pidiendo que se acelere el castigo? Cuando descienda a sus patios (cerca de ellos), que mal amanecer el de los que fueron advertidos.) [37:171-177]
En el mismo contexto, Allâh
le
dijo a Su Profeta
:
(Tal grupo será derrotado y darán la espalda.) [54:45]
También dijo
:
(Sólo son una tropa más, entre los confederados, que será derrotada.) [38:11]
Los musulmanes que emigraron a Abisinia (Etiopía) recibieron la siguiente revelación:
(Y a los que emigraron por Allâh después de haber sido tratados injustamente les prepararemos en esta vida una hermosa recompensa, y la recompensa de la última (vida) es mejor, si supieran.) [16:41]
En otra instancia, Allâh
habla
acerca de los Mensajeros:
(Dijeron los incrédulos a sus Mensajeros: Os echaremos de nuestra tierra a no ser que volváis a nuestra forma de adoración. Pero su Señor les inspiró: Vamos a destruir a los Dhâlimun (politeístas, incrédulos y malvados). Y os haremos habitar la tierra después de ellos. Eso es para quien tema que tendrá que comparecer ante Mí (en el Día de la Resurrección o tema Mi castigo) y tema mi promesa.) [14:13,14]
Durante la guerra entre los Persas y los Romanos bizantinos, los incrédulos
deseaban que ganen los Persas debido a que eran politeístas como ellos y los
Musulmanes rogaron por la victoria de los Romanos dado que ambos creían en Allâh
,
Sus Mensajeros, Sus Libros, la Revelación y la otra vida.
El resultado fue la victoria de los romanos. Los incrédulos apoyaban a Persia, como hemos dicho, y en sus corazones anhelaban que el naciente movimiento islámico, como lo era en aquel entonces, desde un punto de vista mundanal, muy débil y necesitado, pueda colapsar gracias a las persecuciones. Pero malinterpretaron los verdaderos signos. Habían sido informados que serían decepcionados con sus cálculos como pasó cuando Heraclio llevó su ejército al corazón de Persia y los Quraishíes fueron derrotados en Badr:
(Ese día se alegrarán los Creyentes (por la victoria de los romanos contra los persas) con la ayuda de Allâh.) [30:4,5]
El Mensajero Allâh
también
advirtió e informó sobre la otra vida. Durante la temporada de peregrinación en
el mercado de ‘Ukaz, Muÿanah y Dhul-Maÿaz, aprovecharía
para transmitir el Mensaje. No sólo relataba las gracias y placeres del Paraíso
sino que también advertiría con toda claridad diciéndoles:
“¡Oh gente! Atestiguad que no existe mas divinidad que Allâh, para que podáis ser los victoriosos, y gobernar a los Árabes, ser seguidos por los no Árabes, y ser los reyes en el Paraíso.” [5]
Esto mismo les dijo, el Profeta
,
a los paganos cuando estaban junto a Abu Tâlib consolándolo en su lecho de
muerte. Les aclaró que solamente tenían que pronunciar dicho testimonio para que
los Árabes los sigan en la religión y tener la autoridad sobre los no Árabes.
Jabbab Ibn Al-Aratt dijo: “Fui a ver al Profeta
mientras
estaba descansando sobre su manto bajo la sombra de la Ka'bah . Estábamos
atravesando dificultades debido a las persecuciones de los idólatras, entonces
le dije: ‘¿Por qué no suplicas a Allâh
(que nos de la victoria)?’ Entonces se sentó, su rostro se puso rojo y dijo:
“Hubo entre aquellos que os precedieron quienes eran peinados con peines de acero que les arrancaban su piel, huesos y nervios, pero a pesar de esto no abandonaban su religión. Allâh hará prevalecer esta religión dando seguridad a un viajante que atravesará Sana’ para ir a Hadramaut no temiendo a nadie excepto Allâh, pero sucede que vosotros sois gente apresurada.” [6]
Las albricias sobre una mejor perspectiva para el Islam y los musulmanes no
estaban restringidas a los seguidores de Muhammad, de hecho eran
informadas una y otra vez tanto a los incrédulos como a los creyentes. Siempre
que los dos bandos se encontraban, los incrédulos se burlaban diciendo: “Aquí
están los herederos de la tierra que vencerán a Kisra y a Cesar.” Pero los
creyentes, anticipándose al brillante futuro que Allâh
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