Reseña de los Compañeros del Profeta Muhammad(PyB)

 

Biografía de Abdurrahmán Ibn 'Auf

Biografía de Sa'd Ibn Abi Uaqqás

Biografía de Abu Huraira Ad Dausi

Biografía de Asma' bint Abi Bakr

Biografía de Ya'far Ibn Abi Tálib

Biografía de Abdullah Ibn Masúd

Biografía de Bilal Ibn Rabah

Biografía de Hamza Ibn Abdel Muttalib

Biografía de Ramlah bint Abi Sufyan

Biografía de Abdullah Ibn  Rauuaha

 

 

Fuente: Organizacion para América Latina

Abdurrahmán Ibn 'Auf

"Que Allah bendiga cuanto das y bendiga cuanto guardas"

 

Nos referimos a uno de los primeros musulmanes y uno de los diez albriciados con el Paraíso; uno de los seis que formaron el consejo para elegir al Califa después de Omar Ibn Al Jattab y uno de los que podían emitir veredictos legales (Fatwas) en Medina, en vida del propio Profeta (PYB).

Antes del Islam, se llamaba Abd Amr (Siervo de Amr), ya musulmán, el Profeta (PYB) lo llamó: Abdurrahmán, siervo del Misericordioso.

 
Abdurrahmán Ibn Auf abrazó el Islam antes de comenzar el Profeta (PYB) las reuniones en Dar ul Arqam (La casa de Al Arqam); dos días después de convertirse al Islam Abu Bakr As-Siddik. Por la causa de Allah, fue perseguido, como todos los musulmanes al principio; Pero Abdurrahmán perseveró, al igual que los demás, y se mantuvo firme y fiel a su Señor. Después de un tiempo emigró a Abisinia (Etiopía) con otros musulmanes para poder profesar su religión en paz y libremente.

 
Cuando Allah permitió que los musulmanes emigrasen a Medina, Abdurrahmán fue de los primeros en dejar su tierra por Allah y Su Mensajero.

 
Una vez que llegaron los emigrantes a Medina, el Profeta (PYB) comenzó a hermanarlos con los Ansar. De esta manera, hermanó a Abdurrahmán Ibn Auf y Sa'd Ibn Al Rabi' Al Ansarí.(*)
Sa'd dijo a su nuevo hermano: "soy de los más ricos de Medina; tengo dos huertos, dime cuál de los dos te gusta y te daré sus frutos..."

 
Abdurrahmán respondió a su hermano: ¡Que Allah bendiga tu propiedad y tu familia...! Es mejor que me guíes hasta el mercado.

 
Y así lo hizo Sa'd... Abdurrahmán comenzó a comerciar; compraba y vendía, ganaba y ahorraba.
Hasta juntar suficiente dinero para casarse. Así llegó al Profeta (PYB); perfumado y con aires festivos.


Este dijo: "Me he casado..."

 
El Profeta ( PYB) respondió: ¿Qué le diste a tu esposa como dote?

 
Dijo: Le di unos pocos gramos de oro.

 
El Profeta (PYB) añadió: Festejálo... Que Allah bendiga tus bienes.

 
Desde ese momento, comentó Abdurrahmán, se abrieron todas las puertas con tanta facilidad hasta llegué a pensar que si levantaba una piedra ¡Encontraría debajo oro o plata!

En la célebre batalla de Badr, Abdurrahmán combatió con todas sus fuerzas y mató a Umair Ibn Ozmán, uno de los enemigos del Islam.

Luego de la derrota de Uhud. Abdurrahmán se mantuvo firme cuando flaquearon los demás; resistió valientemente mientras la gente huía despavorida. Esta batalla dejó en su cuerpo más de veinte heridas.


No se destacó en los combates, como se destacó en la caridad y en el esfuerzo económico por la causa de Allah. En una ocasión, el Profeta (PYB) se aprestaba a enviar una expedición militar; frente a los sahabas dijo:

 
"Tendréis que donar algo, para esta expedición."

Abdurrahmán fue rápidamente a su casa y volvió con la misma rapidez.

Luego dijo al Profeta (PYB):


¡Oh Mensajero de Allah! De estos bienes, serán la mitad para este ejercito y la otra mitad para mi familia.

 
El Profeta (PYB) le dijo: "Que Allah bendiga cuanto das y bendiga cuanto guardas...". Cuando el Profeta de Allah decidió lanzar un ataque sobre la ciudad de Tabuk(**), su última expedición, necesitó mucho dinero y soldados. Enfrentaría al famoso ejército bizantino, un ejército mucho más numeroso y mejor equipado que el islámico.

Complicó esta situación una terrible sequía ese año en Medina., ese viaje sería duro y largo; contaban con pocas provisiones y el principal problema era la falta de caballos y camellos para transportar a los soldados. Un grupo de creyentes pidió al Profeta ( PYB) que les permita marchar con el ejército, a pesar de su voluntad tuvo que rechazarlos, pues no tenía en que transportarlos.


El ejército fue llamado "El ejército de las dificultades".

Ante esta situación, el Profeta (PYB) pidió a los sahabas que donasen algo de sus bienes por la causa de Allah, recordándoles que la recompensa del Todopoderoso sería magnífica. Los musulmanes se apresuraron a presentar sus donaciones; entre los primeros, encontramos a Abdurrahmán Ibn Auf. Donó 200 piezas de oro.

 
Al ver esto, Omar Ibn Al Jattab dijo al Profeta (PYB): Pienso que Abdurrahmá está cometiendo un pecado, pues no está dejando nada para su familia...

 
El Profeta (PYB) dijo entonces a Abdurrahmán: ¿Habrás dejado algo para sostener a tu familia?


Este respondió: Si, les he dejado algo mucho mayor y más valioso que lo que he donado.
¿Cuánto? Preguntó el Profeta (PYB).

 
Abdurrahmán respondió: Las recompensas y bendiciones que Allah y Su Mensajero nos han prometido.

Y el ejército avanzó hasta Tabuk(**)... Y fue precisamente allí que Allah distinguió a Abdurrahmán con algo que ningún musulmán había gozado.

 
La hora del salat había llegado, el Profeta (PYB) estaba ausente. Abdurrahmán fue elegido imam para dirigir la oración comunitaria. Cuándo estaban por completar la primera rak'a, el Profeta (PYB) se presentó y ¡se unió a la oración dirigida por Abdurrahmán!
¿Habrá una distinción mayor y un honor más grande que el haber sido imam del más noble entre las criaturas?

Después del fallecimiento del Mensajero (PYB), Abdurrahmán Ibn Auf se encargó de asistir a las madres de los creyentes (las viudas del Profeta). Traía cuanto necesitaban, las acompañaba en la peregrinación y se encargaba de preparar el transporte que las llevarían.

 
Esto significaba un honor para Abdurrahmán y era algo muy loable de su parte. Además de la confianza dispensada por las madres de los creyentes era para él, suficiente motivo de orgullo y alegría.

Era tanto el cariño que Abdurrahmán sentía por las madres de los creyentes, que al vender una parcela de tierra por 40.000 dinares, el dinero obtenido lo distribuyó entre la tribu de Bani Zuhra, los pobres, los emigrantes y las viudas del Profeta (PY B). Cuando Aisha, madre de los creyentes, recibió su parte del dinero dijo: ¿Quién lo envía?

 
Le informaron: Abdurrahmán.

 
Contestó ella: El Profeta (PYB) nos dijo: "Sólo los pacientes y perseverantes os tratarán con bondad después de mi muerte"

La plegaria del Profeta (PYB) a favor de Abdurrahmán lo acompañó durante toda su vida y la bendición de Allah lo cobijó siempre. Llegó a convertirse en el más rico de los sahabas con sus bienes y propiedades, sus caravanas entraban y salían constantemente de Medina, portaban : Trigo, granos, vestidos, harina, utensilios, perfumes y muchas otras cosas para los habitantes.

A la vez, estas caravanas sacaban la producción excedente de Medina y la vendían en otras regiones. En una ocasión, a la entrada de Medina, una caravana de Abdurrahmán compuesta por setecientos animales cargados de productos, hicieron estremecer la ciudad. Se escuchaba un tremendo bullicio por el ruido producido por los animales y sus cargas. Aisha preguntó: ¿Qué es todo esto?

 
Le respondieron: Es la caravana de Abdurrahmán... setecientos camellos cargando trigo y otros tipos de alimentos para la gente de Medina.

 
Aisha dijo entonces: "Que Allah bendiga todo lo que dió en esta vida y, ciertamente, la recompensa en la otra vida será mayor. Yo oí al Mensajero de Allah decir: "Abdurrahmán entrará en el paraíso ".

 
Rápidamente, quién escuchó las palabras de Aisha, las transmitió a Abdurrahmán y felicitó por las noticias del paraíso.

 
Se presentó con toda prisa a ver a Aisha y le preguntó: ¿En verdad oíste eso del Mensajero de Allah?
Ella respondió: Así es. Sé testigo ¡Oh madre de los Creyentes! Toda esta caravana, con su carga, sus equipos. ¡Todo lo donaré por la causa de Allah!

Desde aquel día feliz, en que Abdurrahmán supo que entraría en el Paraíso, aumentó sus esfuerzos por ganar dinero y donarlo a los necesitados.

 
Empezó a dar en público y en secreto. Donó 40.000 dirhames de plata; luego los acompañó con 40.000 dinares de oro. En otra ocasión donó 200 piezas de oro por la causa de Allah.
Donó también quinientas monturas equipadas para transportar a quinientos muyahidines en la causa de Allah. Luego donó mil quinientas monturas equipadas para la causa de Allah. Y cuando estuvo en su lecho de muerte, mandó liberar a decenas de esclavos.

En su testamento, encomendó que se repartiera de su fortuna, cuatrocientos gramos de oro a cada uno de los que lucharon en la batalla de Badr. Eran cien, y todos recibieron su parte.
Encomendó también cuantiosas sumas de dinero para las madres de los creyentes. Aisha acostumbraba a suplicar mucho por él; decía: Que Allah le haga beber de la fuente de Salsabil(***).


Dejó una cuantiosa fortuna a sus herederos; dejó mil camellos, cien caballos y tres mil ovejas. Tuvo cuatro esposas; a quienes les correspondió a cada una de ellas, según la ley Islámica (¼ de la octava parte de sus bienes) que llegó a los ochenta mil monedas de plata.

Todo esto se debe a la plegaria del Mensajero de Allah (PYB) para que Allah bendiga a Abdurrahmán en su fortuna.

 
Esta fortuna no sedujo a Abdurrahmán ni alteró su forma de ser.

 
En una ocasión, en que estaba ayunando, presentaron ante el un plato con deliciosos manjares y exclamó:


"Por cierto que Mus'ab Ibn Umair fue mejor que yo. Al morir sólo tenía como propiedad una mortaja tan corta que no alcanzaba para cubrir su cabeza y sus piernas a la vez. Después, Allah nos dió de Su gracia con bastante generosidad... Y temo que nuestra recompensa nos haya sido adelantada en esta vida (Y que en la otra, no tengamos nada)..."
Luego, lloró...

¡Bienaventurado seas Abdurrahmán Ibn Auf, por ser uno de los albriciados con el Paraíso.
Su cuerpo inerte fue cargado por el tío del Mensajero (PYB), Sa'd Ibn Abi Uaqqás, dirigiendo la oración fúnebre por él, el propio Califa Ozmán Ibn Affán. Murió a la edad de 75 años Ali Ibn Abi Tálib, Emir de los Creyentes, dijo en su honor: "Alcanzaste lo mejor ". "¡Allah te tenga en Su misericordia!

(*) Al Ansar: Los Socorredores, son los musulmanes habitantes de Medina, que auxiliaron y dieron refugio al Profeta    (PyB) y a sus seguidores de la cruenta persecución que sufrían por parte de los idólatras de Makka o Meca.

 
(**) Tabuk: Ciudad al N.O. de la península arábiga, cerca de Jordania. En esa época, estaba en poder de los bizantinos.

 
(***) Salsabil: Una fuente que emana en el Paraíso.


Sa'd Ibn Abi Uaqqás

 

"¡Lanza Sa'd lanza!... ¡Ofrendaría, mi padre y mi madre por ti!

 

En el Nombre de Dios, Clemente y Misericordioso:

Y recomendamos al hombre benevolencia para con sus padres. Su madre le concibe, pena tras pena, y deja de amamantarlo a los dos años. Y le dijimos: "Agradéceme a mí y a tus padres, porque el retorno será a mí. Pero si te obligaran a que me asocies algo, que tú ignoras, no les obedezcas; compórtate con ellos con benevolencia en este mundo, y sigue el camino de quien se vuelve a mí en todo. Luego vuestro retorno será a mí y entonces os haré saber cuanto hacíais". (31:14,15)

Estas aleyas encierran una historia única y asombrosa; en ella, un joven guarda en su interior, un sin número de sentimientos opuestos. Triunfando finalmente el bien sobre el mal y la fe sobre la incredulidad.


El joven del cual hablamos era uno de los más nobles de Makka, de origen ilustre. Llamado Sa'd Ibn Abi Uaqqás (que Allah se complazca de él).

 
Sa'd Ibn Abi Uaqqás era aún un  joven cuando la luz del Islam iluminó Makka. Era cariñoso con sus padres, y  apegado a ellos, en especial a su madre.

 
A pesar de haber  cumplido los diecisiete años, Sa'd tenía el juicio y la sabiduría de muchos ancianos.


A diferencia de los jóvenes de su edad, Sa'd no se sentía atraído por las diferentes diversiones y placeres que gustaban los de su edad. Su atención se centraba en la fabricación y reparación de  arcos y flechas y la práctica de la arquería.

 
Tampoco se sentía cómodo con las creencias y costumbres que tenía su gente. A veces parecía estar esperando que algo o alguien  extendiera una mano fuerte y firme que los sacase  de esa miserable situación .

Y sucedió que Allah, había decidido honrar a la humanidad con esta mano firme y fuerte. Nos referimos al  Mensajero de Allah, portando esa luz divina : El Sagrado Corán, el Libro de Dios.
Sa'd se apresuró a responder a este llamado hacia la Guía y la Verdad . Fue uno de los primeros  musulmanes.

 
El propio Sa'd solía enorgullecerse de ello diciendo:

 
"Pasaron siete días en los que yo representaba a un tercio de los musulmanes".
El Mensajero de Allah (PyB) se alegró mucho cuando Sa'd abrazó el Islam, pues ya demostraba indicios de tener un futuro brillante y  una hombría sin igual. Esto dejaba pensar que: "este cuarto creciente pronto brillaría con el esplendor de la luna llena".

 
Y es que Sa'd era noble... de origen ilustre... y apreciado... que influiría sobre muchos de los jóvenes de  Makka para seguir su senda y su religión.

 
Además, Sa'd  pertenecía a la tribu de la madre del Profeta  (PyB): Los Bani Zuhra. Esto hacía que el Mensajero (Py B) se enorgulleciera de este parentesco. En cierta ocasión, estaba el Mensajero (PyB) sentado con algunos Sahabas y divisaron a Sa'd venir hacia ellos; el Profeta (PyB)  exclamó : "¡Este es mi tío! ¡Muéstreme alguien así!"

Pero la islamización de Sa'd Ibn Abi Uaqqás no fue algo sencillo y simple. Al contrario; lo expuso a una prueba de las más duras, difíciles y violentas. Fue tal, que Allah reveló en el Sagrado Corán  aleyas al respecto.

 
Dijo Sa'd :

 

 
"Tuve un sueño tres días antes de abrazar el Islam. En él, yo estaba inmerso en una oscuridad total. Mientras me debatía entre las profundidades de esta oscuridad, vi una luna llena y brillante que me iluminaba. La seguí, hasta ver un grupo de personas que estaban delante  siguiendo la luna: Divisé a Zaid Ibn Háriza, a Alí Ibn Abi Tálib y a Abu Bakr As Siddiq. Les dije: ¿Desde cuándo estáis aquí? Me dijeron: ¡Recién llegamos!"

"Poco después, me contaron que el Mensajero de Allah invitaba a la gente hacia el Islam en secreto, supe entonces que Allah quería algo bueno para mí, me extraería de las tinieblas  a la luz, por medio de el."

 
"Me dirigí al Profeta (PyB) rápidamente, lo encontré haciéndo la oración del 'Asr (La tarde), abracé luego el Islam; haciéndolo antes, solo las tres personas que vi en el sueño."

Sa'd  prosigue con su relato diciendo:

 
"Al enterarse mi madre de mi islamización, se enfureció e intentó aprovecharse sabiendo como la quería. Me dijo: ¡Sa'd! ¿Qué religión es esta que te ha alejado de las creencias de tu padre y tu madre? ... ¡Por Dios! ¡Dejarás tu nueva religión o yo dejaré de comer y beber hasta que muera! Entonces se partirá tu corazón de pena por mí y la gente te lo reprochará para siempre."

"Le dije: No lo hagas. No abandonaré mi religión por nada."

 
"Sin embargo  cumplió con su amenaza. Dejó  de comer y de beber por días, hasta que  se debilitó."
"Le pedí continuamente que comiese o bebiese. Siempre me rechazaba y juraba que no comería ni bebería hasta que muera o yo dejara mi religión."

"Al ver  su actitud, le dije: ¡Madre!  Te quiero mucho, pero mucho más a Allah y a Su mensajero... ¡Por Allah! Aunque tuvieses mil almas y  las viera salir  de tu cuerpo una por una ¡no abandonaré esta religión por nada! "

 
"Cuando mi madre observó la firmeza en mi posición, cedió. Comió y bebió.

Fue entonces, que Allah reveló en el Sagrado Corán:

 
"Pero si te obligaran a que me asocies, algo que tú ignoras, no les obedezcas; compórtate con ellos con benevolencia en este mundo".(Sura 31:15)

El día de la islamización de  Sa'd Ibn Abi Uaqqás, se cuentan entre los más bienaventurados para el Islam  y los musulmanes:

 
En la batalla de Badr, se presentó Sa'd con su pequeño hermano Umeir, quién era aún adolescente. Cuando el Mensajero de Allah (PyB) comenzó a pasar revista a los soldados musulmanes antes de la batalla, Umeir se escondió para que  no lo reconociese y lo devolviese, impidiéndole combatir por su corta edad. Pero el Profeta (PyB) al verlo lo rechazó. Umeir comenzó a llorar; hasta que del Profeta (PyB) se enterneció y le permitió estar entre los soldados.


Al ver esto. Sa'd se alegró muchisimo. Se acercó orgulloso a su hermano y le anudó el cinto que cargaba su espada, de forma apropiada por su corta edad y tamaño...., así partieron ambos a entregar su máximo esfiuerzo por la causa de Allah.

 
Cuando terminó la batalla, Sa'd  retornó solo a Medina. Umeir había caído como mártir en los campos de Badr.  Allah sería Quién le recompensase por la pérdida de su hermano.

En la batalla de Uhud, cuando las piernas temblaban de miedo, cuando los soldados musulmanes se vieron separados del Profeta (PyB) y en retirada, un pequeño grupo de guerreros, se mantuvo  alrededor del Profeta (PyB) defendiéndole de los incrédulos.
Apenas sumarían diez, entre ellos Sa'd Ibn Abi Uaqqás. Firme y valiente, defendiéndo la vida del Profeta con su arco y flechas, haciédo caer mortalmente herido a los incrédulos con cada flecha con él lanzada.

Al verlo a Sa'd comenzó a animarlo diciéndole:

 
"! Lanza Sa'd...lanza!...!Ofrendaría mi padre y mi madre por ti! (*)

Sa 'd se enorgullecía siempre por estas palabras del Profeta (PyB) y solia decir:

"El Mensajero nunca llegó a ofrendar a sus padres  por nadie, sino por mí".

Sin embargo, la gloria de Sa'd llegó a la cima, cuando el Califa Omar Ibn Al Jattab decidió enfrentar a los persas, en una guerra para acabar con su poderío,  derrumbar su imperio, y erradicar el politeísmo de esas tierras.

 
El Califa Omar envió misivas a sus representantes en las distintas provincias. Debían enviarse a la capital todos los hombres con armas, monturas y cuánto  pudiesen aportar  a la victoria, ya sea con su participación, con buenas sugerencias o con poesías y discursos que animen a los combatientes.
Los contingentes comenzaron a llegar a la capital (Medina). Llegaban de todos los rincones de la nación islámica con la esperanza de ofrendar su máximo esfuerzo por la causa de Allah. Cuando el ejército se completó, Omar consultó a la gente de experiencia y de buen criterio ¿Quien debería ser el Comandante del ejército principal y líder de la campaña?

Todos los consultados respondieron al unísono:

 
¡Sa'd Ibn Abi Uaqqás! ¡El León Combatiente!

 
Fue así, que Omar llamó a Sa'd y le asignó el comando del ejército, haciéndole entrega del estandarte.
Cuando el grueso del ejército, se disponía a salir de Medina, Omar se acercó para despedirlos, pues, a pesar de sus obligaciones, ardía de deseos de estar marchando con ellos y se consolaba acompañándolos hasta las afueras de la ciudad.

 
Finalmente aconsejó así al Comandante:

 
"¡Sa'd! No hay ningún parentesco que valga ante Allah excepto la obediencia. Los nobles son iguales que los humildes ante Allah. Allah es el Señor de los humanos y todos son Sus siervos. La gente se distingue sólo por el temor a Allah y obtienen Su recompensa a través de la obediencia a Él. Haz, pues, como lo haría el Profeta; y ten por seguro que esto es lo correcto".

Este  ejército de Sa'd se componía de: Noventa y nueve soldados que asistieron a la batalla de Badr, más de trescientos de los que juraron fidelidad al Profeta en "Bai'at ur Riduán" (**), trescientos de los que acompañaron al Profeta (PyB) durante la conquista de  Makka y también marchaban con ellos setecientos hijos de los sahabas.

 
Sa'd avanzó con sus tropas hasta un lugar llamado "Al Qadisía" (***) y allí enfrentó al poderoso ejército persa durante varios días. El último día de batalla, mostró un ejercito musulmán decidido a definirla. Rodearon al enemigo  y luego penetraron  entre sus líneas desde todas las direcciones. Exclamando: "No hay más dios sino Allah", "Allah es el más grande".
 Fue este, un combate violento y desesperado, al matar a Rustum, el general persa, mostraron su cabeza en alto con una lanza. En ese momento los persas se dispersaron; el terror y la confusión se apoderó de sus corazones mientras que los musulmanes iban sometiéndolos con facilidad.


El botín de guerra fue abundante. Los persas caídos fueron más de treinta mil hombres, muchos de ellos ahogados al querer huir por el río.

Sa'd vivió mucho tiempo y Allah le concedió una gran fortuna. Sin embargo, antes de su muerte, pidió un simple abrigo de lana rústica y dijo:

 
"Deseo que se me amortaje con esta ropa. Con ella enfrenté a los incrédulos el día de Badr y con ella deseo encontrarme con  Allah,  el Todopoderoso".

 
Sa'd Ibn Abi Uaqqás, murió en su casa, en Al 'Aqiq y fue sepultado en Medina el año 55 de la Hégira. Tenía entonces sesenta y cuatro años. La oración funebre por él fue dirigida por  el gobernador Maruán Ibn Al Hákam.

 
 

¡Que Allah ,se complazca de él!

 

(*) Llegaría a ofrendar a mi padre y a mi madre por ti. Esta expresión árabe indica el sumo aprecio que se tiene por alguna persona.

(**) Bai'at ur Riduan: Esto fue un juramento, tras impedir a los musulmanes visitar Makka y difundirse erróneamente la muerte en ese lugar de Ozman Ibn Affan.

(***) Al Qadisía: Lugar al Su de Irak, cerca de Kufa, donde se desarrolló la batalla homónima.
Esta batalla, marcó la victoria final de los musulmanes sobre el imperio Persa.


Abu Huraira Ad Dausi

"Abu Huraira memorizó y conservó más

de mil seiscientas máximas (Hadices) del Mensajero de Allah"

 
 

En la Yahilía (*) época preislámica, Abu Huraira era llamado "Abd al- Shams" (Siervo del sol). Cuando Allah agració a Abu Huraira con el Islam, el Profeta  (PyB) le dijo: ¿Cuál es tu nombre?
Abu Huraira respondió: Abd  al-Shams.

 
El Profeta (PyB)contestó: Te llamaremos  Abdurrahmán (Siervo del Dios)

Su sobrenombre fue  "Abu Huraira"

Abrazó el Islam a través de At Tufail Ibn Amro Ad Dausi. Permaneció en las tierras de su pueblo hasta pasados seis años de la Hégira (Emigración del Profeta (PyB) desde Makka a Medina). En ese momento, llegó a la capital del Islam (Medina) con una delegación de "Daus", su pueblo; con el objeto de visitar al  Mensajero de Allah.

 
El joven Abu Huraira se dedicó de lleno al servicio y compania del Profeta  (PyB). Mientras vivió el Mensajero, se instaló en la mezquita, pues  no tenía esposa e hijos que atender, tomando al Profeta como maestro y guía.

 
Abu Huraira solo tenía a su madre, muy anciana, la que se había mantenido en la idolatría. Constantemente la invitaba al Islam; pero la anciana se mantenía rechazando y rehuyendo el mensaje de la Verdad.

 
 
Cierto día, Abu Huraira trató, una vez más, de convencer a su madre de aceptar el Islam como forma de vida; sin embargo, la anciana lo rechazó, incluso injurió al Profeta (PyB). Esto causó mucha pena a  Abu Huraira.

 
Fue así que el Profeta (PyB) lo encontró llorando.

 
 ¿Qué te hace llorar  Abu Huraira? .

 
 Respondió: siempre invito a mi madre para que adopte el Islam como religión; pero hoy, además te ha injuriado  ¡Oh Mensajero de Allah! ¡Ruega a Allah que acerque el corazón de mi madre al Islam!

 
El Profeta (PyB) rogó a Allah por la madre de Abu Huraira


 Luego de esto, el mismo Abu Huraira relataba:

 
"Fui a mi casa y encontré la puerta cerrada. A través de ella, escuché el murmullo del agua corriendo, cuando intenté entrar, mi madre dijo: Aguarda Abu Huraira."


 "Al entrar, mi madre me recibió diciéndome: Atestiguo que no hay más dios que Allah y que Muhammad es Su siervo y Mensajero..."

 
 "Volví ante el  Mensajero de Allah, llorando de alegría, le dije: ¡Buenas nuevas Mensajero (PyB)! ¡Allah ha escuchado tu ruego y ha guiado a mi madre hacia el Islam!

Abu Huraira amaba al Profeta (PyB), constantemente lo observaba y decía:

 
"Nunca vi un ser humano más radiante que el Mensajero de Allah (PyB). A veces, parece que el mismo sol brillare en su rostro."

 
Constantemente agradecía y alababa a Allah, el Todopoderoso, por permitirle acompañar a Su Profeta y seguir su religión.

 
Solía decir:


     ¡Alabado sea Allah, Quien guió a Abu Huraira al Islam!
     ¡Alabado sea Allah, Quien enseñó a Abu Huraira el Corán!
     ¡Alabado sea Allah, Quien agració a Abu Huraira con la compañía de Muhammad (PyB)!


 
Así como brillaba el rostro del Profeta (PyB), Abu Huraira también brilló en las ciencias islámicas y se destacó por su sabiduría. El saber era lo que él más deseaba.

 
  Zaid Ibn Zábit dijo:

 
"Estábamos junto a Abu Huraira rogando y alabando a Allah en la Mezquita, con un  amigo, apareció de pronto el Profeta ( PyB) ; se dirigió a nosotros y  nos  dijo:

 
 Volved a lo que hacíais."

 
" Comenzamos con mi compañero a rogar a Allah antes que Abu Huraira lo haga. El Profeta (PyB) exclamaba 'Amén' al final de cada ruego. Cuando le llegó el turno a Abu Huraira, hizo el siguiente ruego:

 
¡Oh Allah! ¡Te pido lo mismo que te pidieron mis dos hermanos! ¡! Y también te pido me concedas un conocimiento que no se olvide... El Profeta (PyB) dijo: Amén. Nosotros dijimos: ¡Nosotros también pedimos a Allah un conocimiento que no se olvide! Sin embargo, el Profeta (PyB) dijo: Se os adelantó el joven de Daus".

Con la misma fuerza que Abu Huraira deseaba tener conocimiento, también lo deseaba para los demás...


Esto lo demuestra  la siguiente anécdota:

 
Abu Huraira pasaba cierto día por el mercado de Medina y se molestó al ver cuánto se preocupaba la gente por las cosas mundanales. ¡Con qué dedicación se entregaban a la compraventa y a tomar o entregar las mercaderías! Se detuvo y les dijo: ¡Qué inútiles sois, gente de Medina!

 
La gente preguntó : ¿Qué te hace pensar eso, Abu Huraira?


Les dijo: ¡La herencia del Profeta (PyB) se está repartiendo y Uds. están aquí en el mercado...! ¿No van a ir a recibir su parte?


Ellos preguntaron: ¿Y dónde está lo que dices, Abu Huraira?

 
Les dijo: En la Mezquita.


Se dirigieron a toda prisa hacia la mezquita del Profeta. Abu Huraira los aguardó en el mercado. Cuando volvieron y lo vieron allí, dijeron: ¡Oh Abu Huraira! ¡Fuimos a la mezquita y no vimos que allí se esté repartiendo nada!

 
Les dijo: ¿Es que no vieron a nadie en la mezquita?

 
Respondieron: Si, claro que sí... vimos algunas personas orando, a otros recitando el Sagrado Corán y vimos a otros estudiando lo que Allah permitió y lo que Allah prohibió...
Les dijo: ¡Guay de ustedes! ¡Ésa es la herencia del Profeta Muhammad ( PyB)!

Abu Huraira padeció como nadie, por su entrega al estudio, a la ciencia y al aprendizaje de las palabras del Profeta (PyB) en todo momento.

 
El mismo  relataba:

 
"A veces tenía tanta hambre que preguntaba a los sahaba por alguna aleya del Corán, aún sabiéndola, sólo para ser  invitado  a sus casas a comer..."

 
"En una ocasión estaba tan hambriento, que tuve que amarrarme una piedra al estómago y me senté en el camino de los sahaba. Abu Bakr pasó por allí y le pregunté por una aleya del Corán, lo hice premeditadamente, para ser invitado, pero no lo hizo.

 
Luego pasó Omar e hice lo mismo; pero él tampoco me invitó."

 
"Finalmente pasó el Mensajero de Allah y me vio. Supo del hambre que  tenía y dijo: ¡Ven Abu Huraira!"


Lo seguí hasta su casa, entré con él,  encontró un vasija con leche, entonces preguntó a su familia: ¿De dónde conseguisteis esto? Su familia respondió: Lo mandó alguien para ti.
El Profeta (PyB) dijo: "Dirígete Abu Huraira, hasta la gente del patio(**) y convídales". Me apené por ello, luego pensé: ¿Cuánto los saciará este pequeño pote de leche? Me tenté  de beber un poco primero, para ganar fuerzas, y luego ir a llamarlos.

 
Sin embargo, fui a la gente del patio (**) y los invité.

 
Cuando llegaron, el Profeta (PyB) dijo: Toma Abu Huraira, dales de beber. Les fui dando de beber hasta que, milagrosamente, bebieron todos. Luego acerqué la vasija hacia el Profeta (PyB). Él levantó su rostro y me dijo sonriente: Quedamos tú y yo. "

 
"Respondí: Es verdad Mensajero de Allah."

 
"Me dijo: ¡Bebe!. Y yo bebí un sorbo. Luego me dijo nuevamente: ¡Bebe! Bebí otro sorbo. Siguió así hasta que no pude más y dije: ¡Por Quién te envió con la verdad! No puedo beber más. luego tomó el recipiente y bebió del resto..."

No pasó mucho tiempo desde aquello hasta que las riquezas de la tierra empezaron a llegar a Medina y los musulmanes empezaron a gozar de los resultados de sus victoria.s Abu Huraira pasó a tener fortuna, casa y bienes. También se casó y tuvo hijos. Sin embargo; todo esto no cambió su alma, buena y generosa, para nada. Tampoco olvidó sus días de necesidad, constantemente solía decir:

 
"Me crié huérfano, emigré pobre y trabajaba como jornalero con Busra bint Ghazuán por comida. Solía servir a la gente cuando acampaban; y solía guiar a sus animales cuando montaban. Y Allah me agració con Busra, a la cual yo servía..."

 
"Alabado sea Allah que hizo del Islam la medida y la base de todo y que hizo de Abu Huraira una autoridad"  .

Abu Huraira fue varias veces Gobernador de Medina (***) en nombre de Mu'auia Ibn Abi Sufián. Este cargo tan alto no cambió en nada la bondad ni la tolerancia de Abu Huraira.

Reunía muchas virtudes, era sabio y  tolerante; temorso de Allah y piadoso. Solía ayunar durante el día y pasar un tercio de la noche orando; despertaba a su esposa para pasar el segundo tercio de la noche en oración y ella, despertaba a su hija para que pasase el último tercio de la noche orando... Así lograban que la adoración y la alabanza a Allah, permaneciera toda la noche en su hogar.

Abu Huraira tenía una esclava negra; una vez ésta, lo trató en forma irrespetuosa, haciéndolo también con su familia. Esto lo irritó, al limite de quere azotarla, pero se detuvo y dijo:
"Si no fuese por el ajuste de cuentas el Día del Juicio te haría retorcer de dolor. Será mejor que te venda a quien me pagará lo que vales, pues lo necesito de verdad... Sí... vete; eres libre por Allah el Todopoderoso".

Cierta vez, Maruán Ibn Al Hakam envió cien dinares de oro a Abu Huraira, al día siguiente de habérselos entregado, le comunicó: "El mensajero se equivocó al entregarte cien dinares; yo no los enviaba para ti, sino para otra persona". Abu Huraira se entristeció y se hizo evidente en su rostro; luego dijo: "los he donado en la causa de Allah y no duraron ni un día conmigo. Cuando me envíen mi salario, puedes tomarlos de él ".

 
En realidad, Maruán había hecho aquello para probar a su subordinado Abu Huraira y comprobó que lo dicho por él era correcto.

Abu Huraira pasó toda su vida dando buen trato y cariño a su madre. Cada vez que salía de la casa, se detenía junto a su puerta y decía:

 
"La paz sea contigo madre, junto con la gracia y las bendiciones de Allah"

Su madre respondía:

 
"Que la paz, la gracia y las bendiciones de Allah, también sean contigo".

 
El respondía:

 
"Que Allah tenga piedad de ti, así como me criaste de pequeño".

 
Su madre le decía luego:

 
"Y que Allah se apiade de ti también, por el buen trato que me diste de grande".

 
Esto lo repetía, al volver a su casa.

Cuando Abu Huraira enfermó gravemente, a punto de ser inevitable su muerte, lloró desconsoladamente; le dijeron:

 
¿Qué es lo que te hace llorar Abu Huraira?

 
Dijo:


No creáis que lloro por este mundo que dejo...""Lloro por lo largo del viaje y lo poco de las provisiones..." "Estoy al final de un camino que me llevará al Infierno o al Paraíso"
Maruán Ibn Al Hakam lo visitó y le oyó decir:


"¡Oh Allah! Ciertamente me complace encontrarme contigo. Espero que a ti también te complazca encontrarme. Señor, apresura el encuentro ".

 
Abu Huraira falleció el año 58 de la Hégira, en la ciudad de Medina

 
 

¡Que Allah bendiga a Abu Huraira!

 

(*) Yahilía: Este término se refiere a la época pre-islámica de los árabes. Significa, época de ignorancia.

(**) La gente del patio: Eran los huéspedes de Allah. Musulmanes pobres sin familias. Solían estar sentados en el patio de la mezquita o Masyid del Profeta (PYB) de allí el nombre.

(***) El Califa Mu'auia nombró a Abu Huraira gobernador de Medina.



 

Asmá bint Abi Bakr

Vivió Asmá, hasta los cien años, con plena lucidez.

 
 

La biografía de esta Compañera del Mensajero de Allah (PyB), es la de una mujer perteneciente a una de las familias más importantes del Islam. Su padre, su abuelo, su hermana, su esposo, y su hijo, eran Sahabas. Esto sería suficiente para conferirle honor a cualquiera.

 
Su padre era Abu Bakr As-Siddiq (RA), amigo del Mensajero de Allah (PyB) y su sucesor (Califa), como líder de la comunidad, tras su muerte. Su abuelo fue Abu ‘Atiq, el padre de Abu Bakr, su hermana fue Aisha (RA), la Madre de los Creyentes, su esposo Az-Zubeir(RA), discípulo del Profeta (PyB), y su hijo  fue Abdullah Ibn Az-Zubeir, que Allah se complazca de   todos ellos.

 
Esta era la familia de Asmá bint Abi Bakr (RA), una de las primeras mujeres en abrazar el Islam. Solo diecisiete hombres y mujeres abrazaron el Islam antes que ella.

La apodaron “La de las dos cintos”, por lo sucedido el día en que el Mensajero de Dios (PyB) y su padre, Abu Bakr (RA), emigraron de Makka a Medina (hégira). Asmá (RA) preparó un saco de comida para el viaje, y un vasija conteniendo agua, pero al no encontrar con que atar las bolsas para que fuesen fáciles de transportar, se quitó su cinto, y lo cortó en dos; con una parte ató el saco de comida y con la otra la vasija con agua. El Profeta (PyB) rogó a Allah que la recompensara con dos cintos en el Paraíso.

 
Desde ese momento se la apodó Dhat al-Nitakayn, “La de los dos cintos”.

Se casó con Az-Zubeir Ibn Al-‘Awam, un joven de escasos recursos, que no tenía empleados que lo ayudasen con la casa, ni plata para llevar una vida más cómoda. Su única posesión era una yegua. Asmá era una esposa virtuosa y confiable, se ocupaba de las tareas de la casa, incluso ella misma sacaba a pastar al animal y recolectaba y preparaba el forraje. Hasta que, Allah cambió la situación de Az-Zubeir, y  se convirtió en uno de los Compañeros  más ricos.

Cuando Asmá tuvo la oportunidad de emigrar de Makka a Medina y de practicar su religión en libertad bajo la guía del Mensajero de Allah (PyB), estaba embarazada y en fecha de parto. Esto no la detuvo de emprender ese penoso y largo camino. Tan pronto llegó a Qubá (una aldea en los alrededores de Medina) dió a luz a un niño, llamado Abdullah Ibn Az-Zubeir. Los musulmanes se alegraron y festejaron, ya que éste era el primer niño nacido de entre los musulmanes emigrados a Medina.

Asmá se apresuró en llevar al pequeño al Mensajero de Allah (PyB). El Profeta (PyB) lo tomó en sus brazos, frotó la boca del niño con un bocado de dátil que él había masticado antes, luego pidió a Allah que bendiga al pequeño. Es de destacar que   lo primero en entrar en la boca de este niño, fue ese jugo de dátil de la boca del Profeta (PyB).

 
Pocas personas tenían la calidad de carácter que distinguía a Asmá (RA), ya que ella era virtuosa y generosa.

 
Su generosidad era proverbial, y se relata que su hijo, Abdullah, dijo de ella:

“Nunca vi mujeres más generosas que mi tía Aisha y su hermana Asmá, mi madre. Sin embargo, la forma en que expresaban su generosidad difería. Mi tía ahorraba,  hasta tener suficiente para repartir entre los pobres. En cambio, mi madre, nunca ahorraba nada, ni siquiera para el día siguiente.

Asmá era una mujer, que aún en las situaciones más difíciles sabía desenvolverse. Cuando su padre, Abu Bakr, dejó  Makka, en compañía del Profeta (PyB) para emprender el trayecto de Makka  a Medina, llevó consigo todo su dinero. Sumaba 6000 dirhames, sin dejar nada en su casa. Su padre, Abu Quhafah, permanecía incrédulo por aquel entonces. Al enterarse que su hijo había abandonado Makka, fue a su casa y dijo a su nieta Asmá:

 
 “Puedo jurar que no solo te ha afligido al abandonarte, sino que también lo ha hecho al llevarse su riqueza.”

 
“No abuelo –respondió Asmá- nos ha dejado mucho.”

 
Y llenó con piedras el recipiente donde Abu Bakr(RA) acostumbraba ocultar su dinero y lo cubrió con una tela. Luego, condujo a su ciego abuelo de la mano y le dijo:

 
“Toca abuelo, cuanta plata nos ha dejado.”

 
Él tocó con su mano y dijo:

 
“Veo que no hay de que preocuparse. Si ha dejado tanto, entonces está bien.”

Asmá hizo esto para darle seguridad al anciano, para que él no sintiese la obligación de darles nada. Ella odiaba deberle favores a un incrédulo, aunque fuese su abuelo.

 
Aún asi, si fuese olvidado todo lo que se conoció de Asmá (RA), por la historia, su último encuentro con su hijo Abdullah, fue inolvidable, debido al coraje, decisión y a la inmutable fe, que demostró en tal situación.

La historia es el siguiente:

 
Luego de la muerte del Califa Iazid Ibn Mu’awiah(RA), todo el Hiyaz,( zona comprendida entre Makka y Medina), Egipto, Khurasan y la mayoría de Siria, habían jurado lealtad a su hijo Abdullah Ibn Az-Zubeir (RA), como nuevo Califa. Pero el clan de los Banu Umayya (Omeyas), había formado un ejercito enorme bajo el mando de Al Hayyay Ibn Yusuf Az-Zaqafi para hacer frente a Abdullah. Sucediéndose entre los dos grupos graves enfrentamientos. Abdullah Ibn Az-Zubeir(RA) había demostrado su valor y dignidad como líder en el campo de batalla, pero sus seguidores lo fueron abandonando gradualmente, a medida que la guerra continuaba. Los que permanecieron con él, se refugiaron en Makka, bajo la protección de la Ka’aba y su mezquita.
Horas antes de su muerte, Abdullah(RA) dejó la batalla, para visitar a su madre, centenaria, ciega y débil.

Al verla le dijo:

 
“La paz, la misericordia y las bendiciones de Allah sean contigo, madre.”


“Y contigo sea la paz, Abdullah. ¿Qué te trae aquí en éste momento, en que las piedras de las catapultas de Al-Hayyay están cayendo sobre tus soldados en la zona de la mezquita sagrada y sacudiendo todas las casas de  Makka?”

 
“Vengo a solicitar tu consejo”, respondió.

 
“¡Mi consejo!, ¿sobre qué asunto?”

 
“Todos me han retirado su apoyo por temor a Al-Hayyay o con la esperanza de compartir con él su poder y su riqueza. Hasta mis propios parientes e hijos me han abandonado. Sólo unos pocos hombres permanecen conmigo, pero no importa que tan decididos estén, sólo podrán mantenerse en la lucha por una o dos horas más. Los mensajeros de Bani Umayya están prometiendo darme lo que les pida, si yo depongo las armas y juro lealtad a ‘Abdul Malik Ibn Marwan como nuevo Califa.

 
 ¿Qué opinas de ello?”

 
Su voz tomó fuerza, y dijo:

 
“Esto es  asunto tuyo, Abdullah (RA), y eres tú quién mejor debe saber qué hacer... Si estás seguro de obrar correctamente, y que invitas hacia la verdad, sé perceverante y valiente, igual que los que te apoyaban y murieron por tu causa. Pero si solo persigues una gloria terrenal, acabarás con tus hombres y contigo mismo”

 
“Pero voy a morir hoy, de cualquier modo”, dijo.

 
“Es mejor morir de ésta forma, que entregarte voluntariamente a Al-Hayyay para ser decapitado. Tu cabeza terminará rodando frente a los esclavos de Bani Umayya.”

 
“No tengo miedo a morir, pero la idea de ser mutilado me horroriza,” dijo Abdullah (RA).
“Una vez muerto –respondió su madre- no tendrá importancia. Una oveja, una vez  sacrificada, no siente el dolor de ser despellejada.”

 
Abdullah (RA) parecía fortalecido por sus palabras,  sonrió diciendo:

 
“Que bendita eres, ¡Oh Madre! Tienes tantas bendiciones, virtudes y cualidades. En realidad solo vine, porque necesitaba escuchar esto de tí. Allah bién sabe, nunca perdí el coraje ni la fuerza, y Él es mi testigo  de que no he hecho esto persiguiendo poder o riquezas materiales. Sino, como un celoso protector de todo lo que Dios hizo sagrado. Me dirijiré a un destino que tú has consentido, así cuando muera, no te aflijirás por mí. Deja que Allah te compense por lo que puedas perder.”

 
“Me afligiría por tí, sólo si murieses por vanidad”, respondió ella.

 
“Debes encontrar tranquilidad en el hecho de que tu hijo nunca cometió a sabiendas, un acto  inmoral  o de libertinaje, nunca ha desobedecido las leyes de Allah, nunca traicionó la confianza, nunca oprimió a un musulmán ni a nadie que no lo fuera, y siempre ha elegido lo que más le complaciese a Allah. No digo esto para alabarme, ya que Allah sabe de mís actos, y que lo digo para consolarte.”


“Alabado sea  Allah, quien te ha hecho complaciente para Él y para mí. Acércate a mí, hijo mío, para que pueda tocarte y olerte por una última vez”, dijo.

 
Abdullah (RA) se inclinó sobre ella, besándo sus manos y los pies, mientras ella,  buscó su cabeza con sus manos, oliendo su pelo, besándolo y acariciándolo, le dijo:

 
“¿Qué es lo que tienes puesto, Abdullah (RA)?”

 
“Mi armadura”, respondió.

 
“Esta  no es la vestimenta adecuada, para quién desea caer por la causa de Allah”, objetó.
“Solo me la puse para darte seguridad, para que no te preocupes por mi”, explicó.
“Quitatela –dijo Asmá (RA)- eso te hará más valiente y más digno. Mejor, viste pantalones largos,  pues si caes abatido, no permanecerás  en el suelo,  mostrando tu partes pudendas.”
Abdullah satisfizo el pedio de su madre, quitándose la armadura y ajustándose los pantalones con firmeza. Luego se dirigió a la zona de la Ka’aba para finalizar la batalla, diciendo:
“No dejes de orar por mí, madre.”

Ella elevó sus manos al cielo diciendo:

 
¡Oh Allah!  Ten misericordia por quien pasaba las noche alanbándote, con sus ojos colmados de lágrimas, cuando todos los demás dormían. Ten misericordia de quien, soportó hambre y sed, bajo el calor de Makka y Medina, cuando ayunaba. Y ten misericordia de él por su consideración para con su padre y su madre. ¡Oh Allah! Te lo entrego a ti, y estoy complacida con lo que decretes. Concédeme la recompensa de los que son pacientes.”

Para el anochecer, Abdullah Ibn Az-Zubeir (RA)  había encontrado su muerte. Antes de los veinte días, su madre Asmá bint Abi Bakr (RA) se reuniría con él.  Ella tenía cien años, tenía total lucidez cuando murió.

 

¡ Dios bendiga a Asmá bint Abi Bakr !

 



 

Ya'far Ibn Abi Tálib

Muhammad (PyB) le dijo" Eres como yo en conducta e imagen."

 

 

 

Apodado por el Mensajero de Allah (PyB) "Padre de los menesterosos" y  "El de las dos alas" . Estamos ante el ave del Paraíso... Ya'far Ibn Abi Tálib (RA) Era uno de los excelsos hombres de la primera generación islámica, los que lucharon firmemente para la transformación de los conceptos de la vida.

Llegó ante el Mensajero de Allah (PyB) ya islamizado, y de este modo, tomó su elevada posición entre los primeros Creyentes. Su esposa, Asmá hija de Umáis, abrazó el Islam el mismo día que él. Ambos soportaron con coraje y valentía la opresión y la tortura. Cuando el Mensajero eligió Abisinia para que sus Compañeros emigraran y estuvieran  a salvo, Ya'far (RA) partió con su esposa hacia allí.

En Abisinia, Ya'far Ibn Abi Tálib (RA) fue el portavoz de los musulmanes. Allah le había dado entre muchas otras cosas, inteligencia, lucidez y elocuencia. El día de Mu-ta (*)  fue el más glorioso, magno e inolvidable de su vida. Pero el día de su diálogo frente al Negus de Abisinia no fue menos glorioso. Fue, sin lugar a dudas, un día especial y una escena sin igual.
La furia de Qureish contra los musulmanes no se calmó, ni se apagó su rencor, con la emigración de los fieles hacia Abisinia. Al contrario, los qureishíes temieron que, allí, la fuerza de los musulmanes aumentara y su número creciera, o que, por lo menos, el prestigio de Qureish se viese disminuido porque los musulmanes habían escapado. Es así que decidieron mandar dos mensajeros a la corte del Negus de Abisinia para convencerlo, por medio de costosos regalos, de expulsar a los musulmanes refugiados en sus tierras. Estos dos embajadores eran: Abdallah Ibn Abi Rabi'a y Amru Ibn Al 'As, quienes aún no eran musulmanes.

El Negus, soberano de Abisinia, era un hombre de fe clara, profesaba un cristianismo puro y original, alejado de todo extremismo y fanatismo. Tenía fama de justo y esa fama se divulgó por todas partes. Por esta razón el Profeta (PyB) eligió su tierra para que los musulmanes se refugien en ella. Y por este motivo, los qureishíes temian de ello.


Los embajadores enviaron muchos regalos a los obispos y los sacerdotes de Abisinia, a fin de persuadirlos de apoyar  la petición qureishí ante el Negus. Comezaron a impregnar el corazón de los religiosos de rencor y odio contra los musulmanes emigrados; luego, les pidieron su apoyo para que el Negus los expulsara. Fijaron una reunión con él y con la presencia de los musulmanes perseguidos.

Este en su trono, fue  escoltado por los obispos y su corte, los musulmanes se ubicaron frente a él, en una sala amplia. Se les notaba tranquilos pues los cobijaba la clemencia divina. Los qureishíes plantearon al Negus las mismas acusaciones que le habían presentado en una reunión anterior que tuvieron a solas con él. "¡Oh rey!", le dijeron, "han llegado a tu país jóvenes insolentes; dejaron la religión de su gente, y no abrazaron la tuya. Han inventado una religión que ni tú ni nosotros conocemos. Por eso los notables de su pueblo, incluyendo sus familias, nos han enviado para que tú  los devuelvas."


El Negus volvió la cara hacia los musulmanes y les preguntó: "¿Qué religión os ha hecho abandonar las creencias de vuestra gente y os satisfizo en lugar de nuestra religión?"

Ya'far (RA), se adelantó para cumplir con la misión que los emigrantes acordaron encargarle antes de llegar a la reunión. Se puso de pie con respeto y calma y con  una mirada amable hacia el rey que los había protegido de buena manera, dijo:

 
 "¡Oh rey!  Eramos ignorantes, adorábamos ídolos, practicábamos obscenidades, cortábamos los lazos familiares, éramos malos vecinos, el poderoso de entre nosotros devoraba al débil... así estabamos  hasta que Dios nos mandó un Mensajero de entre nosotros mismos.

Conocíamos a su familia, su sinceridad, su fidelidad y su virtud.


Nos invitó a adorar al Dios Único, y a dejar lo que adoraban nuestros padres de piedras e imágenes, nos ordenó ser sinceros al hablar, nos ordenó la lealtad, no cortar los lazos sanguíneos, la bondad  con los vecinos, abstenernos de lo ilícito y de la venganza, nos prohibió la obscenidad, el perjurio, la malversación del patrimonio de los huérfanos, confiamos en él, le creímos y le seguimos para que nos enseñe lo que Dios le reveló.

 Entonces hemos adorado al Dios Único, y no hemos asociado con Él otra divinidad; obedeciendo Sus órdenes, hemos declarado prohibido lo que el Mensajero (PyB) nos ha comunicado que es ilícito y viceversa. Nuestro pueblo, por su parte, nos ha atacado, nos ha torturado queriendo alejarnos de nuestra religión y hacernos regresar a la idolatría... cuando nos hicieron sufrir injustamente, cuando nos hicieron la vida imposible, deseando separarnos de nuestro nuevo credo, emigramos hacia vuestro país, esperando vuestra protección, deseando que la injusticia no nos alcance a vuestro lado..."

 
Las claras palabras de Ya'far llegaron al corazón del Negus, dejándole maravillado y llenándole de emoción. Se dirigió a Ya'far (RA) diciéndole: "¿Tienes algo de lo que ha sido revelado a tu Mensajero?"
"Sí" dijo Ya'far(RA).

 
"Recítamelo" dijo el Negus.

 
Ya'far comenzó a recitar aleyas de la sura de María, de un modo dulce y con mucho respeto. Conmovieron al Negus y a sus obispos, lo escuchado. Al mirar a los enviados de Qureish les dijo: "Por cierto que esto y lo revelado a Jesús (AS) procede del mismo origen. ¡Retírense! ¡Por Dios que no se los entregaré!"

 
Ese fue un día victorioso para los musulmanes, pero Amru Ibn Al 'As era un hombre astuto, no aceptaba la derrota ni se resignaba ante la misma. Apenas llegó a su residencia, meditó un tiempo y luego dijo a sus amigos: "Por Dios, mañana regresaré junto al Negus y le contaré de ellos, algo que le hará expulsarlos inmediatamente. Le diré que ellos creen que Jesús (AS) es uno de los siervos de Dios como cualquier otro..."

De este modo, Amru pondría a los musulmanes entre la espada y la pared, ya que si ellos decían que Jesús (AS) es uno de los siervos de Dios, el rey y sus obispos se enfadarían con ellos, y si negaban el carácter humano de Jesús (AS), iría en contra de sus creencias.

Amru fue a entrevistarse con el rey al día siguiente, le dijo: "¡Oh rey! Ellos dicen cosas terrible sobre Jesús (AS)". Los obispos se agitaron y se conmovieron bastante por lo dicho. Nuevamente llamaron a los musulmanes para que respondan. Los musulmanes, al saber de la nueva trampa, acordaron decir la verdad oída de su Profeta (PyB), y se encomendaron a Dios.


El Negus empezó preguntando a Ya'far (RA): "¿Qué dicen de Jesús?"

 
Ya'far (RA) se incorporó confiado y dijo:

 
 " Decimos lo que nuestro Profeta nos ha enseñado:

 
 
...es Siervo y Mensajero de Dios, y su verbo, con el cual agració a María, y un espíritu que emana de Él..."

El Negus, con agrado, creyó y declaró ciertas las palabras de Ya'far (RA), expresándo que esto era lo que el Mesías decía de sí mismo. Sin embargo, los obispos no aprobaron lo que oían. El Negus, un creyente iluminado, se dirigió a los musulmanes diciendo: "Podéis iros. Estáis protegidos en esta tierra. Quienquiera que os insulte u os haga daño, deberá pagar por ello...". Luego dijo a sus guardias, indicando a los qureishíes: "Devolvedles sus regalos, pues no los necesito... ¡Por Dios que me ha agraciado bastante! No soy de los que aceptan sobornos..." Los embajadores qureishíes salieron derrotados y retornaron a  Makka.

Los musulmanes, liderados por Ya'far (RA), aseguraron su  vida en Abisinia, hasta que Dios les permitió volver con su Mensajero (PyB), sus familias y sus hogares.

El Mensajero de Allah (PyB) estaba celebrando la victoria de Jaibar  cuando vio a Ya'far Ibn Abi Tálib (RA) llegar de Abisinia junto con los demás emigrantes. El corazón del Mensajero (PyB) se llenó de júbilo, le abrazó y le dijo: "No sé porque causa alegrarme más: Por la llegada de Ya'far o  por la victoria de Jaibar...(*)"

El Mensajero (PyB) fue luego a  Makka, a realizar la Umra (Visita ritual), para retornar todos a Medina.  Ya'far (RA) quedó maravillado al escuchar las noticias de sus hermanos Creyentes quienes, junto al Profeta (PyB), lucharon en las batallas de Badr, Uhud y muchas más. Sus ojos lloraron por aquellos que fueron sinceros en su promesa a Dios y perdieron la vida como mártires  honorables. Su corazón se llenó de una dulce nostalgia por entrar al Paraíso y esperó el momento y la oportunidad para dar su vida por la causa de Dios.

La batalla de Mu-ta, estaba a punto de empezar. Las banderas ondeaban en el horizonte, los ánimos estaban tensos por empezar la batalla. Ya'far (RA) vio en esta batalla la oportunidad de su vida; ya sea por lograr una gran victoria para la religión de Dios o por ganar una gloriosa muerte en la causa de Dios. Se había presentado al Profeta (PyB) pidiéndole fervientemente un lugar en la batalla. Ya'far (RA) sabía que no sería un paseo ni una pequeña escaramuza, sino que era un combate en gran escala de los que el Islam no había enfrentado jamás.
Se encontrarían con el ejército de un imperio próspero y grande que poseía armas, soldados, experiencia  y el dinero que ni los musulmanes ni los árabes podían tener. Pese a la gravedad de la situación, Ya'far (RA) tenía todas las ganas de participar, por ello fue nombrado uno de los Emires del ejército. Las desiguales fuerzas se encontraron en un día terrible, Ya'far (RA) al ver al ejército bizantino, se sorprendío y no sin razón.

Era la primera vez que los musulmanes estaban frente a un ejército tan numeroso ( algunas fuentes expresaban que llegaban a doscientos mil guerreros), tan bien equipados,  profesionales  y ordenados.

 
Ya'far (RA) estaba feliz de todos modos; sintió placer; porque percibió que, con la dignidad del creyente sincero y la confianza en Allah, los combatiría de igual a igual.

Antes de caer la bandera de la mano inerte del primer Emir, Zaid Ibn Hariza (RA), Ya'far (RA) la tomó en su diestra y comenzó a luchar con increíble valentía. Tenía la audacia de los que  no sólo buscan la victoria sino que también desean la muerte como mártires. Pronto se vio rodeado por los guerreros bizantinos. Al sentir que los movimientos de  su caballo se obstruían, bajó de él y empezó a golpear a los enemigos con una furia sinigual.

Después de matar a su propio caballo, pues un bizantino lo estaba montando, se lanzó en medio de las compactas filas bizantinas, para combatir contra ellas. Sabía que era la victoria o la muerte. Los enemigos lo rodearon nuevamente, en la ferrea lucha, cortaron su brazo derecho, donde llevaba la bandera. Antes que el estandarte cayese, lo sujetó con el izquierdo, el cual no tardó en ser cortado. Entonces abrazó la bandera con sus muñones. En ese instante, su preocupación se centró en no dejar caer este precioso estandarte del Mensajero de Allah (PyB) mientras tuviese vida. Cuando cayó inerte, sus brazos aún sujetaban fuertemente la bandera. Abdullah Ibn Rauuaha (RA) la vió ondear y, con rapidez, se dirigió hasta ella para elevarla y llevarla con firmeza hacia su glorioso destino.

 
De esta manera, Ya'far (RA) escogió para sí una de las más gloriosas muertes que un hombre pudiera elegir, al encontrarse con su Señor, por su propia audacia y valentía. Allah el Sapientísimo comunicó el destino de la batalla y de Ya'far (RA) a Su Mensajero (PyB), quien, a su vez, se resignó a la voluntad de Allah y lloró la partida de su primo y Compañero.
 Muhammad (PyB) se dirigió a la casa de Ya'far (RA), llamó a sus hijos, los miró tiernamente y los besó mientras lloraba.

Los humildes lloraron la muerte de  Ya’far (RA), ya que era conocido como el "Padre de los pobres". Abu Huraira (RA) dijo: "Ya'far Ibn Abi Tálib era lo mejor para los pobres" Sí, fue el más generoso con sus posesiones en vida, y cuando le llegó la hora, fue el más generoso con su sacrificio.
Abdullah Ibn Omar (RA) dijo penosamente: "Estaba junto a Ya'far en la batalla de Mu-ta, encontramos en su cuerpo más de noventa heridas de estocadas y flechas."
¡Más de noventa golpes de espada y lanza! Pero ¿Acaso los que le mataron pudieron saciar su sed? ¿Pudieron, acaso, ganar algo de su espíritu y su glorioso destino? No. Sus espadas y lanzas fueron un puente por el cual el gran mártir cruzó para estar junto a Dios, El Clemente, El Supremo, en un lugar elevado.

 
Allí estaba... en los eternos jardines del Paraíso, llevando orgulloso las marcas y heridas de batalla.
 El Profeta (PyB) dijo:

 
 "Yo le he visto en el Paraíso... tenía dos alas, impregnadas de sangre y la parte delantera de su cuerpo, teñida también”. 

¡  Dios bendiga a Ya'far Ibn Abi Talib!

 

(*)  Mu-ta, fue la batalla contra los bizantinos donde Ya'far cayó como mártir.
(*)  Jaibar, victoria contra los judíos que habitaban en la ciudad del mismo nombre. Fue después del año seis de la Hégira.